Los ángeles de la guarda de Mónica llegaron en la cesta de una escala de Bomberos

Luis y Daniel, ayer en el parque de bomberos. /MIGUE FERNÁNDEZ
Luis y Daniel, ayer en el parque de bomberos. / MIGUE FERNÁNDEZ

Los héroes que rescataron a la niña de cinco años colgada del balcón de una octava planta en Carretera de Cádiz relatan a SUR cómo lo vivieron

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

Al encontrarse ayer en el parque de Bomberos de Las Pirámides, Daniel y Luis se fundieron en un gran abrazo. Se repetía una escena que tuvo lugar unas horas antes, después de que salvaran a Mónica, la pequeña de cinco años a la que rescataron encaramada al balcón de una vivienda situada en una octava planta. Los dos habían compartido momentos de gran angustia a 30 metros de altura.

En la mañana del miércoles, como sucede a diario, el responsable del turno repartió el trabajo. Los puestos van rotando y a estos dos compañeros del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga se les asignó la cesta de la escala si había que utilizarla en alguna intervención. El día transcurría tranquilo y solo habían tenido un par de salidas por avisos menores. «Sobre las ocho de la tarde, estábamos entrenando en el gimnasio cuando sonó la campana», indica Daniel Arreza, bombero desde hace 10 años.

Fue entonces cuando se enteraron de que no iba a ser una intervención más. «Nos dijeron que había una niña encaramada a un balcón, aunque en la llamada afirmaban que era una cuarta planta», cuenta Luis Palma, que lleva ya casi 15 años en el cuerpo.

Todo fue muy rápido y los bomberos llegaron a la calle Virgen de Belén, donde estaba situada la vivienda, en pocos minutos. Sin embargo, para ellos, el tiempo pasó «lentísimo», solo querían llegar.

«Las pulsaciones suben al máximo y más en este tipo de actuaciones, en las que está en juego a vida de una niña», señala Daniel, quien explica que, nada más llegar a la zona y parar el vehículo, se subieron inmediatamente a la cesta, que él mismo empezó a dirigir hacia el lugar en el que estaba la menor.

Además

Luis asegura que, al alzar la vista, vio rápidamente que el aviso estaba mal. No era una cuarta planta, sino una octava. Conforme la escala iba avanzando y la cesta se acercaba a la niña, el bombero asegura que solo había un pensamiento que le rondaba la cabeza: «Esperaba que la niña no se relajara al vernos y se soltara de la reja del balcón a la que estaba agarrada». «Dani un poco más arriba», cuenta Luis que le decía a su compañero. «No esperé ni a estar a su altura y, nada más que pude alcanzarla, la agarré con todas mis fuerzas y la metí en la cesta», asegura.

La pequeña estaba a salvo. A pie de calle los aplausos por el trabajo de todo el equipo de bomberos no cesaban. Daniel recuerda que estaba temblando: «Cuando vi a la niña en la cesta me derrumbé, se me saltaron las lágrimas. Es una mezcla de emociones que no se pueden explicar».

Mientras se recogía la escala, Luis se agachó para hablar con la pequeña. Estaba impresionado por la tranquilidad que mostraba la niña, aunque eso sí, algo asustada. Mónica le dijo su nombre y le contó que la familia había salido de casa y que ella se había quedado sola, que quería salir del piso y que lo hizo por el balcón, asevera el bombero.

«Esperaba que la niña no se relajara al vernos y se soltara de la reja del balcón a la que estaba agarrada»

Daniel y su compañero tienen hijos de la misma edad que Mónica. Aseguran que, en todo momento, se acordaron de ellos durante la actuación que, sin embargo, fue algo excepcional. Ninguno de los dos, en todos los años que llevan trabajando como bomberos, se habían enfrentado al rescate de un menor encaramado al balcón de un octavo piso.

«Si hubiera sido una planta más arriba la escala no hubiera alcanzado el balcón», insiste Luis, quien apunta que la suerte estuvo del lado de los bomberos y de la pequeña.

Al llegar al parque, después de la actuación, los dos bomberos se fundieron en un abrazo. Estaban felices por el desenlace de la intervención. Aseguran que para eso entraron en el cuerpo: para ayudar a los demás.

A la espera de un brazo articulado para edificios altos

La reparación de la autoescala de los bomberos de Málaga que permite alcanzar los 42 metros de altura (13 plantas) está acabada, según informó ayer el concejal de Seguridad, Mario Cortés, aunque aún tardará en llegar a Málaga, ya que se encuentra en Italia, a donde fue trasladada para los trabajos. Mientras tanto, la plantilla del servicio de extinción de incendios sigue sin disponer de este vehículo adquirido en 2005 por 900.000 euros, que empezó a dar problemas en 2014 y que dejó de estar operativo en agosto de 2015. Según afirmó ayer el secretario de Comunicación del Sindicato Andaluz de Bomberos en Málaga, Andrés Millán, el brazo articulado es un instrumento «muy importante» para el trabajo que realizan los bomberos y recordó que, si en el caso de la niña de cinco años hubiera sido una planta superior no se hubiera llegado con la escala. Por su parte, Cortés insistió en que hay más alternativas en las actuaciones que la escala.

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