Alberto Quesada, policía local de la entrada del Ayuntamiento, se jubila tras 37 años de servicio

Alberto Quesada, en la puerta principal de la Casona. /P. R. Q.
Alberto Quesada, en la puerta principal de la Casona. / P. R. Q.

El agente se acoge al nuevo real decreto por el que pueden colgar el uniforme a partir de los 59 años, al igual que otros 51 que lo harán a lo largo de 2019

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

No hubo una vez que no esbozara esa media sonrisa de Mona Lisa cuando llegabas a la entrada del Ayuntamiento, a ese hall en el que a veces se vuela literalmente con esa puerta de madera de par en par por la que entra de todo, además de viento. Y allí estaba él, cada mañana, junto al resto de sus compañeros del retén, dispuesto a identificarte con un guiño. 4818. El número de 'penada'. Risas. «Pase».

Una de las veces, cuando la cosa de entrar se puso difícil, con DNI incluido, y tarjeta de visita, algo que ya se ha relajado, tocaba hacer la broma. Casada, 46 años, tres hijos, residente en Málaga, no milito en ningún partido y vengo a ver a... Sus carcajadas se oían en la primera planta. La señora a la que le tocaba siguiente se asombraba de que todo eso hubiese que decir para acceder al Ayuntamiento. Fruncía el ceño. «¿Qué control, no?», afirmaba contrariada. Y no había que hacerlo, pero con Alberto esas bromas pegaban. Siempre tan prudente, siempre tan amable.

Pues bien, el café de la mañana, esa persona que con sólo verla te mejora el día por su sencillez, se jubila ahora haciendo uso del nuevo decreto 1449/18 del 14 de diciembre, por el que la policía local puede acogerse a una medida que supone jubilarse (anticipadamente) a los 59 años, como ya pueden hacer de forma voluntaria otros funcionarios como los profesores.

Así, que los que lleven 15 años en el cuerpo pueden acceder al menos tres años antes a la jubilación anticipada, según las tablas que han repartido los sindicatos a los agentes para hacerles partícipes de la norma, pero lo cierto es que el caso de Alberto –nos permitimos tutearle porque son ya muchos años– su jubilación se produce hoy, 5 de febrero, a la edad de 61 años. E incluso podría haberlo hecho antes de salir este decreto el ejercicio anterior, porque en su caso lleva cotizados 37 años y medio, que le ha dedicado a esta profesión en el Ayuntamiento de Málaga. «Fíjate, aprobé mi oposición con 23 años, y desde entonces he estado en uno u otro lugar, donde me han mandado;esta última época en segunda actividad», explica Quesada. Segunda actividad para los profanos en la materia es a la que pueden acceder los agentes cuando llegan a los 55, que pasan a tener actividades de menos riesgo como atención al público, de control de acceso de edificios municipales, seguimiento de las cámaras de vídeovigilancia, jefes de sala, etc.

Pues en todos estos años ha estado en casi todos los sitios, pasando incluso por ser escolta de los ediles en aquella época, que afortunadamente ya ha pasado, y en la que necesitaban protección frente a la banda terrorista ETA. Hace memoria de esa etapa y dice recordar con cariño al edil popular ya fallecido Juan Ramón Casero, con el que estuvo cuatro ejercicios seguidos haciéndole el servicio. «Mira, tenía ese humor inglés, que decía las cosas tan serias, pero con frases tan disparatadas, que no sabías si reírte o quedarte callado», explica Quesada sobre el conocido carácter socarrón del edil, uno de los buenos oradores que ha tenido el pleno de esta ciudad.

Después, hace siete años, entró en el Ayuntamiento de Málaga en segunda actividad, en la 'garita' de la entrada, como ellos le dicen. Desde entonces ha formado parte del 'buenos días' de muchos de los que van a la Casona. Él, junto a otros 51 policías locales, según fuentes municipales, que se han acogido de forma voluntaria a esta medida, dejarán una merma en el Cuerpo, que el equipo de gobierno del PP arreglará sacando, en vez de 25 nuevas plazas de oposición, como ya estaban anunciadas, un total de 90 (incluidas otras bajas), ya que el Gobierno les posibilita que la tasa de reposición en estos casos sea del 100%, lo que va a suponer también un empujón a las nuevas generaciones que quieren opositar para ser agentes.

«Por un lado siento alegría porque he llegado a mi meta laboralmente hablando; es una satisfacción muy grande. Por el otro lado, no me lo creo, y me tendré que acostumbrar a que comienza otra etapa en mi vida. Creo que me voy a dedicar más a la familia, y voy a hacer un poquito más de abuelo con mis nietas Valeria y Helena. Quiero también viajar algo, que es una de mis cuentas pendientes en la vida». Pues eso, que a Alberto se le echará de menos inevitablemente por las mañanas. Se le desea un buen jubileo, el que se ha merecido.