Los acusados de asesinar a Pablo Podadera aseguran que le advirtieron de que no se metiera en la pelea

Primera sesión del juicio, que arrancó ayer./Francis Silva
Primera sesión del juicio, que arrancó ayer. / Francis Silva

Alberto y Alejandro, que se enfrentan a 18 años de cárcel, afirman que el fallecido se acercó a ellos en actitud agresiva, por lo que acabaron asestándole los golpes

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

Alberto y Alejandro, que se sientan en el banquillo acusados de asesinar a golpes a Pablo Podadera, han reconocido durante la mañana de este martes que golpearon al fallecido, que en la noche en que sucedieron los hechos celebraba su 22 cumpleaños con unos amigos en una discoteca del Centro de Málaga. Sin embargo, han asegurado que el joven fue el que se metió en una pelea que le era ajena, advirtiéndole ellos de que no lo hiciera.

El primero en sentarse ante los miembros del jurado por estos hechos ha sido Alberto, que ha mostrado sus condolencias por lo ocurrido aquella madrugada y ha insistido en que su intención nunca fue la de acabar con la vida de Pablo: «Mi única intención era que le dejara tranquilo».

Se trata d una versión completamente diferente a la que mantiene la Fiscalía, que solicita para ellos una condena de 18 años de prisión. La representante del Ministerio Público asegura que, tras intentar mediar en una pelea para apaciguar los ánimos, Pablo recibió «desde atrás, de forma sorpresiva, violentos puñetazos de Alberto (practicante de boxeo) y Alejandro, que impactan contra la sien derecha, con la intención de matarlo, dada su envergadura, potencia y destino de los golpes (la cabeza), comenzando a caer desplomado». Una vez en el suelo, continúa la fiscal, «recibe igualmente patadas en la cabeza por parte de ambos».

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Alberto ha relatado que aquella noche había consumido cocaína y alcohol en grandes cantidades antes de que ocurrieran los hechos, así como que no era practicante de boxeo, ya que solo había dado unas pocas clases. Ha indicado que en la entrepuerta de la sala Theatro un amigo suyo de El Palo estaba en actitud violenta con los porteros, por lo que se lo llevó a la calle para intentar tranquilizarle.

Una vez fuera, Nicolás, un amigo de Alejandro, y este último se acercaron a ellos para ver qué es lo que ocurría, según su declaración, en la que ha aseverado que en ese momento Pablo y un amigo de éste último salieron a la calle y les insultaron, mientras se dirigían hacia ellos.

«Alejandro y yo les gritamos que no se acercaran, que no tenía ningún sentido que se metieran en una pelea que no tenía nada que ver con ellos», ha apuntado. Ha indicado que Pablo empezó a empujar a Nicolás y que le arrinconó, que amenazó con pegar a Alejandro, por lo que el acusado ha manifestado que le dijo que le dejara y que, tras ello, lanzó un primer puñetazo al aire y un segundo que le dio al fallecido en la cabeza.

Ha expuesto que estaba situado al lado de Pablo y que desconoce si éste se percató de que le había golpeado. Además, también ha negado haberle pateado cuando el joven cayó desplomado al suelo.

Alberto ha insistido en que él no era consciente de la situación de gravedad del joven fallecido, por lo que se marchó de la zona tras haber sido separado por los porteros de la sala. Una vez que se enteró de lo ocurrido, siempre según su relato, ha insistido en que contactó con su familia para que le buscara un abogado y entregarse a la Policía.

Los agentes le buscaban, mientras él se alojaba en hostales de la capital malagueña, hasta que fue detenido en la plaza de La Merced: «Tengo familia en Estados Unidos y podría haberme marchado allí. Pero nunca fue esa mi intención».

Alejandro, que también ha pedido perdón por lo ocurrido, ha declarado en el mismo sentido que Alberto. Ha señalado que habían consumido cocaína y alcohol en grandes cantidades y que el otro procesado por un supuesto delito de asesinato mediaba en una discusión anterior.

También ha indicado que Pablo acudió con un amigo al lugar donde se estaba produciendo la pelea, acercándose él a ellos dos para intentar disuadirlos de su intención, ya que los veía «muy alterados». «Le puso la mano en el pecho a Nicolás y le dijo tapón, tras lo que me amenazó con pegarme si me acercaba», ha dicho.

Fue justo después cuando, según ha precisado, golpeó a Pablo «con la mano abierta en el cuello». Ha indicado que, aunque no lo vio, debido al puñetazo que el fallecido recibió por parte de Alberto, éste se desplazó hacia él, por lo que le pegó creyendo que le iba a atacar.

Al igual que el otro acusado de asesinato, ha aseverado que no fue consciente de la gravedad del joven que acabó perdiendo la vida, por lo que continuó en la discoteca bebiendo y fumando una cachimba. Tras ello, siguió de la fiesta en casa de unos primos y se acabó entregando cuando su hermano le comunicó que la Policía le estaba buscando, según su versión de los hechos.

Desde un primer momento, en sede policial, se estableció que Pablo solo trataba de mediar en una pelea a la que era –y en eso coinciden hasta los propios acusados– completamente ajeno. La fiscal indica que trató de apaciguar los ánimos y que lo único que dijo fue que «no merecía la pena» y que «estaban todos allí de fiesta para pasar un buen rato».

Tras la primera supuesta agresión que recibe Pablo, descrita anteriormente por la fiscal, el atestado policial refleja que Alberto dio un segundo puñetazo al joven, al que hay que añadir un tercero que le propinó otro miembro del grupo (los cuatro que inicialmente discutían), «tres rápidas y violentas agresiones que se producen en apenas un segundo» y que tumbaron a la víctima. Ya en el suelo, «el joven rubio (Alberto) le asestó otro golpe».

Entonces, otro de los procesados, al que en la investigación se identifica como Alejandro, propinó una primera patada en la espalda a Pablo mientras éste se encontraba en el suelo «absolutamente indefenso y debilitado», después le dio una segunda patada en la cabeza y, por último, un tercer golpe dirigido al mismo sitio, según la policía.

Pablo, que fue «salvajemente agredido», en palabras de la propia policía, llegó a incorporarse unos segundos, pero se encontraba «inestable, con problemas de equilibrio». Trató de sujetarlo Nicolás, el joven al que él inicialmente intentó calmar poniéndole la mano en el pecho, que se dio cuenta de la gravedad de su estado, pero se le resbaló de entre las manos y Pablo acabó golpeándose contra la pared del local y el suelo.

En cuanto a los dos procesados por encubrimiento, el tercero se encuentra en paradero desconocido, se enfrentan a una pena de dos años de prisión. Entre ellos está el portero de la discoteca, al que acusan entre otros aspectos, de no ofrecer datos de los sospechosos pese a que conocía a uno de ellos. Éste ha expuesto que no sabía de la gravedad del asunto, por lo que en un primer momento quería desligarse del caso, pero que colaboró al conocer las consecuencias de la pelea.

El otro de los jóvenes que la policía señala como encubridor, amigo de Alberto, ha explicado que tampoco era consciente de la situación. Que se marchó junto al procesado por asesinato, que le dejó ropa en su casa y que estuvo con él en la vivienda de una tercera persona, pero nunca ayudándole a huir sino como parte del transcurso de la noche.