Magdalena S. Blesa, de las aceras y los patios a la aldea global

Magdalena S. Blesa acaba de publicar su cuatro libro de poesía. :: david perea/
Magdalena S. Blesa acaba de publicar su cuatro libro de poesía. :: david perea

La poeta se ha convertido en un fenómeno viral con sus 'Instrucciones a mis hijos'. Hoy llena recitales y dentro de una semana visita Málaga

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Puede que de la poesía no se coma. Pero sí alimenta. Y también cura. Lo sabe bien Magdalena Sánchez Blesa, que cultiva pasión y vocación a partes iguales y que, convencida del carácter terapéutico de los versos, decidió dar un paso más en su carrera literaria en un momento «de gran tristeza». Corría el mes de mayo del año pasado y llegaba el día de la madre: la suya acababa de fallecer justo cuando el calendario invita a celebrar ese trozo de vida, así que ella lo hizo como mejor sabe. Con un poema dedicado a la suya. Magdalena lo recitó y su hijo la grabó. Luego se compartió a través de las redes sociales. Y todo lo que llegó a partir de ese momento fue «una exageración» que dura hasta hoy.

La primera sorpresa fue cuando al cabo de unos días un amigo la llamó para decirle que aquel poema, alumbrado y 'regalado' como terapia para no explotar de pena, corría como la pólvora: había sido compartido 17.000 veces y la gente se preguntaba quién era ella. Quién recitaba de aquella manera que lograba que la conexión y la empatía fueran inmediatas. «Mi premio, el de verdad, es cuando le recito un poema a una persona que me mira y que llora», dice Magdalena asumiendo que ese reto íntimo se reproduce hoy con millones de personas en todo el mundo.

LA AUTORA, EN MÁLAGA

En Vélez Málaga
Viernes, 27 de abril, a las 19.00 horas en el Instituto Juan de la Cierva de la localidad. Aún quedan entradas disponibles (el acceso es gratuito).
En Málaga
Lunes, 30 de abril, a las 18.00 horas en el Palomar de Picasso de El Pimpi. Las localidades ya están agotadas.

Lo dice la autora desde su Murcia natal: nació en Puerto Lumbreras y vive en Alhama, donde regenta un restaurante y donde contempla aún con cierto asombro ese tránsito que la ha transformado en apenas un año de «poeta de aceras y patios» -como ella se define- a poeta de aldea global. En efecto, aquellos versos que retrataban no sólo a su madre sino a todas las del mundo alcanzaron la cota de los 100.000 compartidos pocas semanas después, aunque la verdadera revolución estaba por llegar. Esta vez, con sus tres hijos como fuente de inspiración; y con unos versos que recogían las 'instrucciones' que Magdalena les ofrecía para educarlos «en el respeto y en la certeza de que la mejor venganza es un abrazo».

30 millones de visualizaciones

'Jamás un conato de daros la vuelta. Jamás una huida...'. Así empieza ese poema, que se reproduce en varios formatos pero que ha encontrado el éxito más contundente en ése en el que Magdalena comparte cámara con su hija Beatriz, de seis años . Hoy, las visualizaciones se cuentan por millones: en una sola página de Facebook acumula más de cinco millones, una cifra que sube hasta los 30 millones si se suman las de Youtube y WhatsApp; y aquellos tres minutos con su hija pequeña ya han sido compartidos más de 140.000 veces. «Sin duda, 'Instrucciones a mis hijos' ha sido el poema más viral. Ahora me escriben mucho de Latinoamérica y me dicen que se han hecho canciones con él, que se aprende en los colegios y que hasta se estudia en universidades», aplaude Magdalena, quien aún celebra con la ilusión de la primera vez toda «la cercanía y el calor» que le hacen llegar sus seguidores. De hecho, se toma su tiempo para intentar contestar a todos y cada uno de los comentarios que reciben sus poemas porque -insiste- «no quiero que esto se me vaya de las manos».

Porque Magdalena (se) crece y hace crecer en las distancias cortas. Estudió Filología Hispánica y Arte Dramático, aunque ha sido la poesía el auténtico motor de su vida: lo era cuando sus recitales reunían a un puñado de personas en pequeños santuarios de la cultura, y lo es hoy cuando llena auditorios de cientos de personas rendidas a su forma de ver y recitar las cosas. De entre todas, Magdalena se queda con la vez aquélla, no hace tanto, en que la llamaron para recitar ante un público de 500 personas enfermas de cáncer. «Y allí fui yo, con toda esa compasión a la que invita algo así sin saber que yo también tenía uno». Lo descubrió dos meses después. Corría junio del año pasado y la lucha aún continúa: «Afortunadamente estoy cada vez mejor, porque de entre todos los tipos de cáncer de mama el mío ha sido el menos agresivo». El golpe «más fuerte», la quimioterapia; y el antídoto, de nuevo, la poesía. «No me ha cambiado mucho la forma de crear, aunque quizás haya ahora más sensibilidad hacia la gente que sufre», reflexiona Magdalena, quien sin embargo sí ha cambiado la perspectiva de la vida: «Voy más despacio, hago todo pausadamente y disfruto más las cosas, tanto las buenas como las malas».

Entre las primeras -las buenas- siguen sus recitales, que se suceden por toda la geografía española y que dentro de una semana la traen a Málaga por partida doble: al instituto Juan de la Cierva de Vélez Málaga (día 27) y al Pimpi, en la capital, el día 30. Lo hace, además, con su cuarto poemario bajo el brazo, titulado también 'Instrucciones a mis hijos' y que, en este caso, encuentra en la edición convencional, la de papel, el mejor termómetro para poner a prueba la afición real por la poesía: en cuatro meses ha vendido 2.000 ejemplares y ya se prepara una nueva tirada de otros 2.000. Poco que ver con las cifras que se manejan en las redes porque, también en este caso, «gastarse el dinero en poesía es otra cosa», concluye Magdalena, que se gana la vida (real) trabajando en su restaurante pero que alimenta la otra (la del alma) con su susurro universal de patios y de aceras. Y eso también cura.

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