S. Muchart: retrato de una pionera

Plaza de la Constitución, a finales del siglo XIX, con el estudio de Fotografía S. Muchart. Editada por Fin de Siecle. /
Plaza de la Constitución, a finales del siglo XIX, con el estudio de Fotografía S. Muchart. Editada por Fin de Siecle.

¿Quién se escondía tras esta inicial que lucía en uno de los estudios de fotografía más importantes de la Málaga de finales del XIX? Su nombre era Sabina, profesional catalana que durante más de tres décadas inmortalizó a los personajes y acontecimientos más relevantes de la época pero que nunca firmó con su verdadera identidad. Esta es su historia

ANA PÉREZ-BRYAN

Puede que muchos curiosos, en la contemplación de las imágenes de la plaza de la Constitución de finales de siglo XIX, hayan reparado en el nombre que lucía en una de las fachadas de la céntrica plaza: Fotografía S. Muchart. El cartel, que se mantuvo ahí, en la memoria colectiva de la época durante más de 30 años, esconde una historia fascinante por la identidad de su protagonista. Porque S. Muchart no fue sólo uno de los grandes referentes de los estudios de fotografía en la Málaga de finales de siglo -junto con el estudio de Manuel Rey-, sino que conocer qué había detrás de esa S. se convirtió en un auténtico reto para algunos historiadores que vinieron después y que bucearon en archivos y en documentos para despejar la incógnita de aquella inicial.

No es extraño que, dadas las características concretas de una época marcada por el trabajo y la tradición masculinos, se asumiera como punto de partida que la S. escondía el nombre de un fotógrafo de relevancia. Pero no. En realidad, detrás de la S. estaba Sabina Muchart Collboni, una de las pocas representantes femeninas del oficio en el siglo XIX que nació en Olot (Gerona) el 20 de noviembre de 1858 pero que desarrolló el grueso de su carrera profesional en Málaga. Dar con su verdadera identidad no fue fácil, y el mérito en este caso está en la investigación del fotohistoriador malagueño Juan Antonio Fernández Rivero: el especialista inició a principios de los 90 una investigación sobre la fotografía en Málaga en el siglo XIX que luego trasladaría a un libro publicado en el año 1994 y aún recuerda con cierta emoción aquel hallazgo sobre el que sigue investigando: Empecé a bucear en los archivos y la documentación de la época para recopilar los datos de los fotógrafos que habían trabajado en la Málaga del siglo XIX, y la referencia de S. Muchart aparecía con cierta frecuencia. Quise averiguar la identidad que se escondía tras esa firma porque la casa de fotografías parecía obstinada en ocultarlo, recuerda Fernández Rivero.

La respuesta llegó tras un intenso trabajo revisando los padrones y las guías de la época: S., en realidad, era Sabina. Mujer y fotógrafa. Fue una auténtica sorpresa, admite el fotohistoriador, que más allá de la aportación concreta de Sabina Muchart a la fotografía en Málaga -que sí la tuvo- destaca su carácter pionero porque en aquellos años no era habitual encontrar a una mujer detrás de un negocio de esas características. Sí había algunos casos de señoras que, ya viudas o huérfanas, se habían hecho cargo de los estudios de sus maridos o sus padres: por ejemplo, en Málaga trabajó, con anterioridad a Sabina Muchart, Joaquina Mayor Baro, viuda del fotógrafo de origen francés Eugenio Lorichon y que decidió asumir las riendas del negocio de calle Calderería hacia el año 1860. Pero el de Sabina, que se instaló en Málaga con 17 años acompañada por tres de sus hermanos, era casi inédito en primer lugar porque no era un negocio 'heredado' sino propio, y en segundo lugar porque la fotógrafa se mantuvo al frente de su estudio más allá de los 65 años (investigaciones recientes revelan que estuvo al menos hasta los 67 años en activo y que el estudio estuvo a su nombre al menos entre los años 1895 y 1925).

Pero antes de aquello Sabina y sus hermanos pusieron en marcha un negocio textil que con el paso de los años se transformó en un estudio de fotografía donde ya sólo estuvo acompañada de su hermano Francisco. Así lo ha documentado, tras varios años investigando, María de los Santos García Felguera, profesora titular de Historia del Arte de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, quien constata además que el estudio de S. Muchart fue un establecimiento fotográfico importante, como los de las grandes ciudades europeas, situado en el corazón de la ciudad y donde no sólo se hacían retratos sino que también se podían comprar fotografías de otros asuntos de interés.

Ahora bien, ¿por qué, si la titular del negocio era Sabina, no firmaba sus trabajos con su verdadera identidad? Las razones concretas aún están por aclarar, pero Fernández Rivero sostiene que quizás ocultó que era una mujer porque pensó que si no iría menos gente a su estudio. La gente que ya la conocía y que sabía que hacía un buen trabajo sabía que era una señora y repetía, pero puede que como tarjeta de presentación le hubiera restado clientes. El fotohistoriador confirma, en este sentido, que el caso de Sabina Muchart no fue ni mucho menos una excepción, ya que en aquellos años otras muchas mujeres hacían trabajos tradicionalmente de hombres y se veían obligadas a esconderse detrás de un pseudónimo para no ser descubiertas. De hecho, Fernández Rivero revela en su libro sobre la fotografía en Málaga en el siglo XIX un detalle que refuerza esta tesis: En los padrones no era fácil que una mujer apareciera con profesión asignada, a menos que fuera viuda. De esta forma, en el de 1898 por ejemplo, en plena fama y actividad de Sabina, aparece Francisco en primer lugar, como fotógrafo, y en la profesión de Sabina figura escuetamente, 'S. S', que como ya conoce el lector es una abreviatura de la poco afortunada frase 'labores propias de Su Sexo'. El especialista avanza que, a pesar de esa referencia, Sabina debía tener más carácter y mayores artes que su hermano, tanto para el estudio como para los negocios. Incluso es posible que Francisco ni siquiera se dedicara en la práctica al taller.

El hecho es que desde el número 16 la plaza de la Constitución, y con varios empleados a su cargo, ambos convirtieron su estudio en un negocio de éxito coincidiendo con el gran momento de los estudios fotográficos en Málaga: la fotografía había llegado a la capital en el año 1843, pero la época dorada está entre finales de siglo XIX y principios del XX, cuando esta disciplina comenzó a popularizarse entre la ciudadanía. Pero hasta aquel momento, todo el que era 'alguien' en la ciudad iba a estudios como el de Sabina (sobre todo al suyo) a inmortalizar momentos especiales: una boda, un retrato, una estampa familiar... Las fotos de este tipo eran las más comunes, y además las que más dinero dejaban en los negocios de la época.

De su estudio también salieron, recuerda Fernández Rivero, fotos telescópicas de Málaga, por ejemplo con sus jábegas y pescadores. Además, en una investigación sobre fotografía taurina realizado en la década de los 90 (del siglo XX) figura una imagen tomada por S. Muchart en 1898 que quizás sea una de las primeras del género en Málaga. En esencia, la vida social y cultural de la época, además de sus tradiciones, quedaron inmortalizadas bajo la marca de Sabina. Y también algunos acontecimientos cuyos ecos han llegado hasta nuestros días, caso del hundimiento del buque alemán Gneisenau frente a la costa de Málaga el 16 de diciembre de 1900 y que también dejó su huella en varias postales y fotografías firmadas por la casa S. Muchart.

En este sentido, en muchos de los casos se adivina la mano de Sabina tras la ejecución de una fotografía, pero también es cierto que bajo esa marca podía estar algún empleado y no directamente ella. Ocurre por ejemplo con una imagen tomada en el año 1893 en las afueras de Melilla, en la región rebelde del Rif durante la Segunda Guerra de Marruecos, y en la que aparecen los jefes de una ambulancia enviada a esa zona por la Cruz Roja de Madrid. La firma de esa foto es de S. Muchart, una pista que ha llevado a otros estudiosos de la fotografía y la historia como el cordobés Antonio Jesús González a afirmar que, además de pionera en Málaga, Sabina Muchart fue la primera fotógrafa de guerra de la Historia. Es decir, la primera mujer que se aventuró a entrar en un campo de batalla para dejar constancia gráfica de la contienda. De ser cierto al cien por cien el dato, Sabina desplazaría de ese lugar de honor a la que hasta ahora todos los expertos habrían considerado la primera, pero unos años más tarde: la mexicana Sara Castrejón, que fotografió la revolución de su país en 1911.

No obstante, Fernández Rivero prefiere mantener la cautela a la hora de considerar a la fotógrafa catalana afincada en Málaga como la primera en pisar una guerra: Las cosas hay que situarlas en su contexto, recomienda el especialista, quien refuerza su tesis en el hecho de que salvo esa única foto, no existe ni una sola prueba más de la presencia de S. Muchart en ese frente y que por lo tanto, quizás alguien se desplazara hasta esa zona en guerra y luego fuera la propia casa de fotografía la que envió el documento a uno de los periódicos de la época con su firma. Sea como fuere, el mérito de Sabina ha sido el de mantener vivo el nombre de su estudio en la memoria de aquella época dorada de la fotografía de finales del XIX y principios del XX. Y hacerlo, además, con nombre de mujer.

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