El marqués de Larios, la estatua sin sitio

El conjunto escultórico busca nueva ubicación más de un siglo después de su construcción, tras resistir inundaciones, terremotos y un asalto que acabó con la figura principal en el fondo de las aguas del puerto

Inicialmente el monumento del marqués de Larios se ubicó en la Alameda Principal./
Inicialmente el monumento del marqués de Larios se ubicó en la Alameda Principal.
ALBERTO GÓMEZ

En 1931, tras la proclamación de la Segunda República, la estatua del marqués de Larios acabó en el fondo de las aguas del puerto de Málaga. Aquella historia sirve ahora como símbolo de las decenas de vicisitudes por las que ha pasado el grupo escultórico desde que Mariano Benlliure lo construyera en 1899. El proyecto de peatonalización de la Alameda Principal suma la última polémica en torno al monumento, que podría ser trasladado por la probable eliminación de la glorieta donde actualmente está situado, una reubicación que no termina de poner de acuerdo a la corporación municipal.

La historia del conjunto se remonta a agosto de 1895, cuando el entonces alcalde de Málaga, Ramón María Pérez, propuso la realización de una estatua en homenaje a Manuel Domingo Larios, cuya aportación económica permitió acabar las obras para construir la calle que lleva su apellido. El proyecto para unir la plaza de la Constitución y la Alameda, paralizado durante más de un lustro por la crisis económica provocada por la plaga de filoxera y la ruina de la industria siderúrgica, encontró salida en 1886, cuando el segundo marqués de Larios, heredero de la empresa familiar tras la muerte de su padre, alcanzó un acuerdo con el Ayuntamiento. La Casa Larios aportó 198.000 pesetas a cambio del derecho a edificar los inmuebles que configurarían la nueva calle.

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El inmediato impacto positivo que tuvo la construcción de calle Larios, finalizada en 1891, unido a los cientos de empleos generados entre una masa obrera que se encontraba en una situación crítica por la crisis y la falta de trabajo, propició que periodistas como Nicolás Muñoz y varios concejales reclamaran un homenaje para Manuel Domingo Larios. El Consistorio suscribió por fin un acuerdo con Benlliure en 1896. El artista valenciano recibió 75.000 pesetas, divididas en cuatro pagos correspondientes a las cuatro fases de ejecución del proyecto, por realizar la obra en mármol y bronce. El conjunto incluía, además de la estatua del segundo marqués de Larios, cuatro figuras femeninas y dos alegorías, una de la caridad y otra del trabajo.

La inauguración del monumento tuvo lugar el 1 de enero de 1899, haciéndose coincidir con la entrega a la Diputación de un edificio construido junto al Hospital Provincial por la donación filantrópica de la familia Larios. Inicialmente, el monumento fue ubicado en la Alameda Principal, por entonces un gran paseo arbolado, el favorito de la oligarquía de la ciudad. El propio marqués veía desde su casa el conjunto levantado en su honor. En la misma avenida se encontraba la gran fuente ahora situada en la plaza de la Constitución.

Tras la proclamación de la Segunda República, en 1931, decenas de ciudadanos derribaron la escultura del marqués y la arrastraron por las calles de Málaga hasta arrojarla finalmente al fondo de las aguas del puerto. En el lugar que ocupaba su estatua, con porte aristocrático y elevada por un pedestal, se colocó la figura alegórica sobre el trabajo, que representa a un obrero con pico y azadón, aunque para realizar esta pieza Benlliure había tomado como modelo al matador de toros Luis Mazzantini, uno de sus mejores amigos. La calle Larios pasó a denominarse calle 14 de abril.

Después de la Guerra Civil, la figura del marqués fue recuperada de la dársena y situada en su lugar original. Benlliure restauró parte de la obra, que requería pátina y la soldadura de la cabeza, partida durante el asalto republicano. La figura del obrero volvió a ubicarse a los pies del marqués, junto a la alegoría de la caridad, que representa a un niño que, sostenido por la madre, ofrece una rama de laurel en agradecimiento a las obras impulsadas por la familia Larios. Debido a la convulsión de los acontecimientos, la figura del niño tiene mutilados un brazo y la mano del otro, desperfectos que no han sido reconstruidos desde la posguerra pese a que existen fotografías que permitirían su recreación.

La construcción del aparcamiento de la plaza de la Marina, cuyas obras finalizaron en 1989, supuso otro revés para el pertinaz monumento, que fue desmontado y trasladado hasta la salida de humos, junto al acceso peatonal. La actuación también implicó la eliminación del basamento de tres escalones y puso a en pie de guerra a la familia de Benlliure, que asegura que los cambios alteraron la escala, la proporción y las dimensiones del conjunto.

La vicepresidenta de la Fundación Mariano Benlliure y bisnieta del artista valenciano, Lucrecia Enseñat Benlliure, sostiene que el autor «estudió detenidamente la orientación y el espacio» en el momento de concebir el monumento, que fue creado para situarse en el eje longitudinal de la Alameda: «No es un grupo escultórico pensado para una rotonda. Ahora es una caricatura de lo que hizo Benlliure». Enseñat considera que «lo ideal» sería desmontar el monumento y que se incorporara a la Alameda.

La familia del autor, que tampoco está de acuerdo con el posible traslado de la obra al inicio de calle Larios, tacha de «esperpento» el macho de hormigón sobre el que se levantó el monumento después de que finalizaran las obras del aparcamiento. Lucrecia Enseñat recuerda que muchos otros trabajos públicos del maestro valenciano, que concibió monumentos a Goya, Antonio Maura o Isabel la Católica, han sido restaurados en diferentes ciudades españolas en los últimos años: «Pedimos que la obra sea devuelta a su integridad para que la gente pueda verla a la altura y distancia originales».

El proyecto de semipeatonalización de la Alameda vuelve a poner en jaque a la escultura del marqués de Larios, que sigue buscando su sitio más de un siglo después de su construcción, tras soportar asaltos, actos vandálicos, inundaciones, terremotos y hasta una guerra civil. Con sus antecedentes, y ante la falta de concreción de los proyectos hasta ahora planteados, lo único claro es que la obra resistirá sea cual sea su nueva ubicación.

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