Así suena la felicidad

Hussein e Iyab junto a sus familiares y miembros de la asociación. /
Hussein e Iyab junto a sus familiares y miembros de la asociación.

Dos niños llegan a Málaga desde un campo de refugiados de Líbano para ser operados

ALVARO FRÍAS

Ayer correteaba por la terminal de llegadas del aeropuerto como uno más entre los cientos de niños que acababan de aterrizar en Málaga dispuestos a disfrutar de unos días de la ciudad. Mientras se comía un paquete de patatas fritas, lo primero que pidió al tomar tierra, Iyab miraba curioso todo lo que pasaba a su alrededor. Solo sonreía y señalaba todo lo que le llamaba la atención. No hablaba ni oía nada. Esas facultades se las arrebató una bomba que estalló muy cerca suya cuando el campamento de refugiados en el que estaba en Siria fue atacado por el ejército del autodenominado Estado Islámico.

Junto a Iyab sonreía ayer Hussein, el otro niño que le acompaña en este viaje. Los dos están en Málaga para ser operados y tratados, ya que ninguno de los dos puede escuchar ni hablar. La Asociación Palestino-Andalusí para la Infancia (APAINF) es quien les ha tendido la mano y ha hecho posible que los dos críos y sus familias mantengan viva la esperanza de poder volver a oír.

La cruda historia que han vivido los pequeños lo merece. Iyab tiene solo ocho años, pero ya sabe lo que es la guerra. Este niño sirio-palestino logró escapar del campo de refugiados en el que estaba en Siria junto a su familia. Caminando día y noche a través del desierto, logró llegar con sus padres a Líbano.

La travesía le llevó al campo de refugiados de Ain-Al-Hilweh, que significa pozo de agua dulce y que se encuentra ubicado en la ciudad de Sidón. «Fue creado para 40.000 personas y actualmente viven en él unas 250.000», explicaba el presidente de la asociación, Rafael Aldehuela.

Lo contaba mientras se peleaba con el teléfono móvil de Charif. Él es el médico de la asociación que atiende a los niños en Líbano y quien les ha acompañado, junto a dos familiares de los pequeños, en el largo viaje que han hecho hasta Málaga.

Al doctor le costaba encontrar las palabras en español para describir la realidad del campo de Ain-Al-Hilweh: «Allí la violencia está a la orden del día».

Rafael asentía impotente. Aseguraba que el campo de refugiados está controlado por grupos extremistas y que «todos los días hay muertos en las calles» debido a esa violencia que el médico contaba.

En ese ambiente es en el que se ha criado el pequeño Hussein, que tiene solo seis años. El presidente de la asociación aseguraba que el pequeño dejó de hablar de repente. «Nadie sabe por qué, desconocemos si tiene algún problema neuronal o lo que ha podido pasar», apuntaba.

Para salir de dudas y saber qué es lo que le ha ocurrido, Hussein ha llegado a Málaga. Al igual que Iyab, los dos serán tratados por médicos especialistas pertenecientes al departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Quirón.

El próximo lunes será cuando se pongan por primera vez en las manos de los doctores especialistas. Rafael explicaba al recibir a los niños que la intención es ponerles un implante coclear mediante el cual puedan volver a escuchar.

Los familiares que les acompañan no hablaban mucho. Solo sonreían al ver a los pequeños comenzar a disfrutar de un viaje en el que tienen puestas sus esperanzas de que los pequeños puedan volver a oír lo que ocurre a su alrededor. Ellas han tenido que aprender a comunicarse con ellos por señales.

Vanesa Celestino bromeaba con ellos justo antes de marcharse todos juntos al piso en el que se quedarán Iyab, Hussein y sus familiares durante el tiempo que estén en Málaga. «El objetivo principal es que vayan al médico y lograr que vuelvan a escuchar, pero también queremos que disfruten como los niños que son. Por eso tenemos pensadas algunas actividades para ello, como llevarlos a un parque de atracciones», indicaba.

Vanesa también es miembro de la asociación, que es quien corre con todos los gastos para ayudar a estos pequeños. El trabajo de todo un año de mercadillos solidarios y un sin fin de actividades para recaudar fondos con los que echar una mano a los pequeños, sin duda, ayer se vio recompensado.

 

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