Más de 82.000 trabajadores viven bajo el umbral de la pobreza en Málaga

Trabajar para no llegar a fin de mes. Es un fenómeno que no deja de crecer pese a la recuperación macroeconómica

Camarera de piso en un hotel contratada por cuatro horas diarias que, en la realidad, son ocho. «Mi hija y yo tenemos que vivir con mi madre»./
Camarera de piso en un hotel contratada por cuatro horas diarias que, en la realidad, son ocho. «Mi hija y yo tenemos que vivir con mi madre».
NURIA TRIGUERO

Hablaban hace poco en una jornada organizada por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en Málaga de la pobreza invisible. Son esos dramas que se viven silenciosamente en el piso de al lado, en los barrios normales, en la casa de ese compañero de clase tan simpático de tu hijo. Es una situación, advertían, que se vive con vergüenza, con las persianas echadas. Porque la sociedad aún se resiste a aceptar que la pobreza ha saltado la barrera de la marginalidad y afecta ya no sólo a vagabundos, no sólo a barrios marginales, no sólo a parados de larga duración. Porque tener un trabajo ya no es una vacuna. La devaluación salarial, la proliferación de contratos a tiempo parcial y la temporalidad extrema de la contratación abonan el terreno a la denominada pobreza laboral.

Según la última Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que data de 2014, el 14,2% de los trabajadores españoles viven bajo el umbral de la pobreza, que está fijado en 7.961 euros anuales para una persona sola y en 16.718 euros para una familia con dos hijos. Ese porcentaje, aplicado a las más de 580.000 personas que tienen un empleo en la provincia, equivale a más de 82.000 malagueños que, pese a tener un sueldo, no pueden vivir con dignidad. En realidad el número probablemente sea mayor, puesto que la tasa de pobreza de la población general en Andalucía es diez puntos superior a la media española (del 33,3% frente a 22,2%), pero el mencionado indicador de pobreza laboral no distingue entre comunidades autónomas.

Las estadísticas y organizaciones no gubernamentales lanzan el mismo mensaje: la pobreza laboral no deja de crecer. Entre 2008 y 2014, según el INE, la tasa de riesgo de pobreza entre la población ocupada aumentó un 20% (pasó del 11,7% al mencionado 14,2%). El director de Cáritas en Málaga, Francisco José Sánchez Heras, lo corrobora. «Barajamos que aproximadamente la mitad de las personas a las que atendemos viven en un hogar en el que algún miembro tiene un empleo», afirma. «Tener trabajo ya tampoco asegura una vida al margen de la pobreza», añade. La ONG ayuda a estos trabajadores pobres en necesidades tan básicas como la alimentación, pagar el alquiler o la hipoteca o abonar los suministros básicos.

Carencias en la vida cotidiana

La Encuesta de Condiciones de Vida detalla algunas de las carencias materiales a las que se enfrentan un porcentaje importante de trabajadores. Así, el 32,9% de los trabajadores no tiene capacidad de afrontar gastos imprevistos; el 9,1% ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal en los últimos 12 meses; el 7,9% no puede permitirse mantener su casa a una temperatura adecuada; y el 35,3% es incapaz de costearse una semana de vacaciones al año.

Cáritas no percibe que la recuperación económica y la creación de empleo se reflejen todavía en una reducción de la pobreza en Málaga. «Es verdad que en años anteriores nos hemos visto muy desbordados y ahora estamos en una situación de estancamiento. No se incorporan nuevos usuarios pero los antiguos tampoco acaban de salir de la situación de necesidad. El empleo que se crea no es dignificador, no permite a la gente tomar las riendas de su vida», opina Sánchez Heras, que además advierte de otra cuestión: «No creamos que los trabajadores pobres nacen con la crisis. El problema se ha agravado, pero ya existía en nuestra sociedad».

La estadística de la Agencia Tributaria revela que desde el inicio de la crisis el sueldo medio ha bajado un 7% en la provincia de Málaga. Es raro el trabajador que no haya perdido poder adquisitivo en los últimos años. Pero si se analiza cómo se distribuye el conjunto de trabajadores por tramos de salario se observan cambios más profundos. Y es que en 2008, el porcentaje de contribuyentes que se quedaban por debajo del salario mínimo interprofesional no llegaba al 32%, mientras que en 2014 eran ya cuatro de cada diez trabajadores los que se encuadraban en este tramo. De hecho, según los datos del fisco, la mayoría de los asalariados no llegan a ser mileuristas.

El problema no es tan simple como que los sueldos hayan bajado. La contratación a tiempo parcial, que afecta ya al 35% de las asalariadas y a más del 10% de los asalariados en Málaga, es otro factor importante en la ecuación de la pobreza laboral. Porque como recuerda el director de la asociación Arrabal-AID, José Antonio Naveros «por mucho que se respete el salario mínimo, un trabajo de dos o tres horas al día no da para vivir». Además, demasiado frecuentemente, según atestiguan tanto las ONG como los sindicatos, el contrato a tiempo parcial se conjuga con el fraude. «En la hostelería es muy común que se contrate a alguien por cuatro horas y se le tenga trabajando ocho», apunta la secretaria provincial de UGT, Mª Auxiliadora Jiménez.

La hostelería es uno de los sectores con mayor precariedad laboral y, por ende, es señalado por todos los expertos como uno de los principales reductos de trabajadores pobres en Málaga. La limpieza, sobre todo en las vertientes de servicio doméstico y de subcontratas en hoteles, es otro. El director de Arrabal revela que la situación ha llegado a tal punto que varias entidades de inserción laboral de Málaga, entre ellas la suya, se pusieron de acuerdo para no gestionar ofertas «por debajo del umbral de la dignidad». «Nos encontrábamos por ejemplo trabajos domésticos en régimen interno de lunes a sábado por 700 euros al mes», apunta. El director de Cáritas cree que se dan casos «de clara explotación» en este sector amparados por la economía sumergida.

Jóvenes, mayores, mujeres

Juan Carlos Espejo, director de otra asociación que ayuda a personas con dificultades de inserción laboral, Prodiversa, afirma que en Málaga «se juntan varios factores: hay un sector hostelero muy fuerte y eso se cruza con miles y miles de personas que están en situación de aceptar lo que sea». Son parados de larga duración, mayores de 45 años y personas sin cualificación que «están a lo que salga, con contrato o sin él». Sin olvidar a los jóvenes, que pagan el peaje de la falta de experiencia con sueldos que no les permiten ni solar con independizarse. «Hay abogados trabajando de pasantes por 300 euros», denuncia Espejo. Ni a los autónomos, que según un estudio de CCOO, sufren una tasa de pobreza mayor que el de los asalariados: el 21,7%.

Si tuviera que hacerse un retrato robot del trabajador pobre, todos los expertos coinciden en que tendría rostro de mujer. «Son ellas las que sufren más la precariedad y el trabajo a tiempo parcial, y además son mayoría en los trabajos peor pagados como la hostelería y la limpieza», apunta Mª Auxiliadora Jiménez. A eso se une otro hecho que destaca el director de Cáritas: «Siempre son ellas las que dan el paso de pedir ayuda».

¿Cómo atajar este problema antes de que se cronifique definitivamente en el mercado laboral malagueño? Los sindicatos no dudan en que la solución está en «revertir» las reformas laborales, en especial la última, que con sus meddas flexibilizadoras han permitido una «verdadera devaluación salarial» y han restado capacidad de acción a los sindicatos en las relaciones laborales. «Fortalecer la negociación colectiva reforzando los convenios sectoriales y garantizando la ultraactividad; aumentos salariales que disminuyan la desigualdad; recuperar la calidad de los servicios públicos, los servicios sociales y el empleo asociado a los mismos; crear una prestación por ingresos mínimos o aumentar el salario mínimo hasta alcanzar el 60% del salario medio; y por supuesto, impulsar una política industrial que nos saque del binomio construcción-turismo en exclusividad», es la receta que UGT y CCOO defenderán hoy en la manifestación del 1 de mayo.

Desde Cáritas creen que la solución viene por dos vías «trabajo digno y suficiente» y «una protección social más fuerte y bien planificada». Y, como el resto de ONG, consideran urgente plantar cara a la economía sumergida y el fraude laboral para evitar los casos más graves que entran de lleno en la explotación laboral.