Los orígenes del aeropuerto de Málaga

El primer vuelo regular que aterrizó en el aeródromo malagueño se produjo en septiembre de 1919

Imagen de la primera entrega del correo aéreo en el aeropuerto de Málaga./
Imagen de la primera entrega del correo aéreo en el aeropuerto de Málaga.
ÁNGEL ESCALERAMálaga

La lluvia fue la que determinó el lugar donde se situó el aeropuerto de Málaga. El 8 de marzo de 1919 un avión Salmson de 260 CV partió de Alicante. Dos personas iban a bordo: Pierre George Latécoère, copropietario de una línea aérea, y Lemaitre, que pilotaba la aeronave. Deberían haber tomado tierra en las inmediaciones de la playa de la Misericordia, pero el terreno estaba encharcado a causa de las precipitaciones de la noche anterior. El imprevisto lo solventó el pilotó aterrizando en una zona de erial que pertenecía al cortijo de El Rompedizo, emplazado entre las carreteras de Cádiz y de Churriana. Ese hecho supuso el nacimiento de la casa de los aviones de Málaga.

Latécoère negoció con el propietario de El Rompedizo, Félix Assiego, y arrendó los terrenos por 7.000 pesetas anuales con la finalidad de que sus aparatos aterrizasen en ese lugar una vez logrado el permiso del Gobierno español. El primer vuelo regular de la compañía -1 de septiembre de 1919- se hizo en un biplano Breguer XIV dirigido por Didier Daurat. El avión siguió la ruta Toulusse-Casablanca con parada en Málaga. Daurat se convirtió días después en el primer director del aeródromo malagueño.

La pista, de tierra, medía escasamente 500 metros. El momento de mayor peligro era el del despegue, ya que los restos de arbustos que había en el terreno provocaban pinchazos en las ruedas y averías. El reducido número de pasajeros que utilizaba el transporte aéreo recibía atención en una habitación del cortijo, que hacía las veces de sala de espera.

Con la dictadura de Primo de Rivera se creó en España, en la primavera de 1927, el Consejo Superior de Aeronáutica. Una de sus primeras medidas fue promulgar una ley de Aeropuertos Nacionales. De la mano de esa ley se decidió la construcción de doce aeropuertos, entre los que se encontraba el de Málaga. Tras arduas negociaciones y dificultades para obtener el dinero necesario para esa obra, el Consejo de Ministros autorizó la compra de la finca de El Rompedizo para ubicar en ella el futuro aeródromo. La escritura de adquisición se firmó el 22 de junio de 1932. A partir de esa fecha empezó una nueva etapa para el aeropuerto.

Durante la guerra civil, la pista de El Rompedizo fue utilizada primero por los aviones republicanos y posteriormente por los franquistas. Como el enclave era un objetivo prioritario de los dos ejércitos, las instalaciones fueron bombardeadas. Tras la entrada del ejército de Franco en Málaga, en febrero de 1937, el aeródromo se convirtió en base aérea militar. No obstante, poco después se recuperaron los vuelos civiles a través de la compañía italiana Ala Littoria.

Ampliación del recinto

En marzo de 1939 se dio un paso adelante de gran trascendencia. El Ayuntamiento aprobó la creación de una estación civil de pasajeros, obra imprescindible para que el aeropuerto pudiese recibir un mayor tráfico aéreo. El Consistorio adquirió varias fincas colindantes con El Rompedizo, paso previo a la ampliación del recinto. Las obras de la estación civil se terminaron en 1948 gracias a las aportaciones económicas realizadas por el Ministerio del Aire.

Al principio de los años cincuenta, el aeródromo disponía de dos 'pistas' cruzadas de terreno natural para despegues y aterrizajes, con 1.000 y 1.200 metros, respectivamente. El peligro era que estaban atravesadas por la carretera de Churriana. En 1957 se hizo una pista asfaltada con una longitud de 1.800 metros y una anchura de 45. Al año siguiente el trazado ganó 200 metros más. De ese modo, el aeropuerto estuvo al nivel de los mejores de Europa y recibió un número elevado de vuelos nacionales e internacionales. Desde entonces, el aeródromo del antiguo cortijo de El Rompedizo no ha dejado de crecer.