Carteros que vigilan la contaminación

Los carteros miden la calidad del aire en su ruta de reparto./
Los carteros miden la calidad del aire en su ruta de reparto.

Un proyecto mide la calidad del aire con sensores adheridos a los carros de transporte

NURIA TRIGUERO

¿Por qué gastar recursos en instalar sensores por toda la ciudad para medir la contaminación cuando esos dispositivos pueden ser móviles? Los carteros recorren cada día kilómetros andando para repartir el correo; sólo hay que equiparles con la tecnología necesaria para convertirlos en medidores humanos. La empresa malagueña Urban M y Correos son socios en un proyecto piloto que lleva desarrollándose seis meses en el barrio de Capuchinos de la capital malagueña. Correos aporta sus trabajadores o, más bien, sus carros de reparto como vehículos vivientes para la tecnología de Urban M, que no sólo permite medir diferentes parámetros de calidad del aire, sino poner los resultados a disposición de todos los ciudadanos en la Red en tiempo real. De esta forma, se puede saber si el parque de al lado de casa tiene altos niveles de contaminación o cuál es la ruta con menos humos para ir de un punto a otro de la urbe. En números, el proyecto cuenta con una aportación municipal de 15.000 euros y 12.000 a cuenta de Correos. El resto lo asume la empresa, que valora el coste total de 100.000 euros.

Urban M cierra una ronda de inversión de 500.000 euros

Urban M ha recibido el impulso financiero necesario para lanzar este y otros proyectos gracias a una financiación de 500.000 euros de la Junta de Andalucía y varios inversores privados. Dicha operación comprende préstamos participativos por valor de 350.000 euros de la empresa pública Soprea, condicionados a la ampliación de capital social en 150.000 euros para dar entrada a nuevos socios, entre los que figura el empresario sevillano Adolfo Borrero y la aceleradora Bolt. La operación se ha estructurado en tres rondas y la primera, de 150.000 euros, ya se ha completado. Con esta inyección, la compañía ha ampliado plantilla y ya cuenta con once empleados, de los que nueve son ingenieros. Además, acaba de empezar la comercialización de su producto bandera: la bicicleta plegable, eléctrica e inteligente.

Actualmente son veinte carteros que cubren la zona de Capuchinos los que llevan adheridos en sus carros de reparto un pequeño dispositivo (en realidad, un equipo de sensores móviles) desarrollado por la citada empresa malagueña. De esta forma van midiendo continuamente, mientras hacen su ruta diaria, los niveles de monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, ozono en el aire, así como la temperatura, humedad y presión. A sus mediciones se unen las que realiza en otras zonas de la ciudad la propia Urban M en bicicletas inteligentes equipadas con los mismos sensores. El resultado son millones de datos que necesitan ser tratados para que sean entendibles; para eso se aplican algoritmos de inteligencia de datos (big data) y herramientas de visualización. La información resultante no sólo es utilizada por el Ayuntamiento para sus políticas medioambientales, sino que los ciudadanos pueden consultarla en la web Smartdatamalaga.com. «Próximamente habilitaremos una aplicación que permite calcular la ruta menos contaminada entre dos puntos», adelanta el cofundador de la compañía, Daniel Caro.

Curiosamente, la idea de convertir a los carteros en vigilantes de la contaminación no surgió de Urban M ni de Correos, sino del concejal de Nuevas Tecnologías, Mario Cortés. «Barajábamos recurrir a trabajadores municipales de mantenimiento, pero Mario pensó que lo más idóneo eran los carteros, así que nos puso en contacto con Correos», confiesa Caro. Ahora las tres partes están en conversaciones para extender este proyecto a toda la ciudad, con lo que el número de sensores vivientes se ampliará a 150. «Eso nos proporcionará una cobertura del 85%», añade Caro. Por ahora las mediciones dan idea de que la calidad del aire en Málaga es «bastante buena», avanza.

El sistema de Urban M puede llegar lejos. Si las negociaciones que ultiman sus responsables llegan a buen puerto, sus sensores móviles se utilizarán también en Londres para vigilar la contaminación. «Allí están mucho más preocupados que aquí por la calidad del aire», apunta Caro. Y no sólo eso: la firma malagueña está a punto de cerrar contratos con dos empresas multinacionales (una española y otra americana) que están interesadas en este sistema de sensorización móvil y de explotación big data.