Los Asperones: cuatro generaciones en compás de espera

Vista general de la barriada, que en los últimos años se ha transformado con la Hiperronda, las cocheras y vías del Metro y la creación de la barriada de Soliva./
Vista general de la barriada, que en los últimos años se ha transformado con la Hiperronda, las cocheras y vías del Metro y la creación de la barriada de Soliva.

El Ayuntamiento organiza este mes una nueva reunión con expertos de la UE para desbloquear la situación de la barriada

AMANDA SALAZARMálaga

En 2011, con las elecciones municipales también a la vuelta de la esquina, la Junta de Andalucía ponía por fin fecha para el desmantelamiento de Los Asperones: sería en el año 2014. El último plan para su erradicación, que había comenzado en 2010, marchaba entonces a buen ritmo. Sin embargo, la crisis económica frustró una vez más el proceso. De nuevo, los plazos han pasado y la situación de este núcleo marginal de la capital vuelve a estar en vía muerta.

LAS CIFRAS

270 familias viven aún en Los Asperones, casi un millar de personas, según el último censo elaborado en la barriada en 2008.
39 núcleos familiares han salido desde el año 2010 de Los Asperones gracias al programa de desmantelamiento de la Junta puesto en marcha en 2010.
5 El número de solicitudes para abandonar Los Asperones ha ido cayendo con los años y en 2014 solo cinco familias pidieron ser realojadas en otras zonas.

No es la primera vez que las administraciones incumplen el calendario para sacar a las familias de la barriada. De hecho, sus vecinos están curados de espanto y aseguran que ya no se creen las promesas de los políticos, vengan del partido que vengan. Su situación sigue siendo transitoria. Pero esta provisionalidad dura ya más de 25 años y las expectativas de cambio, que hace solo cuatro años eran reales, se han difuminado. Hasta cuatro generaciones de unas 270 familias con un millar de personas han pasado por un barrio que nació con fecha de caducidad. A pesar de que unas pocas familias sí han conseguido salir, la gran mayoría continúa atrapada en Los Asperones, donde la vida es un compás de espera.

Es el caso de Francisco Cortés Tuto. Recuerda que cuando llegó a Los Asperones, tuvo que poner radiadores en todas las habitaciones para que se secase la pintura, porque le dieron la casa recién terminada. Su hijo mayor tenía tres años y ahora tiene ya 31. En este tiempo, este vigilante de seguridad jubilado ha visto cómo crecía su familia, al tiempo que cambiaba la barriada. Ahora tiene cinco hijos, quince nietos y ocho bisnietos, y todos siguen en Los Asperones.

Hace cuatro años, Tuto y su mujer Rosa estuvieron a punto de marcharse con los hijos que aún viven con ellos. Pero en el último momento se echaron atrás. «Yo tengo mi pensión de 700 euros y con eso puedo vivir aquí, pero no fuera de Los Asperones, porque en cualquier otro lugar hay que pagar una parte del alquiler, luz, agua, comunidad, cosa que aquí nadie paga... Cuando nos planteamos irnos de aquí, entraban cinco jornales en mi casa, pero mis hijos fueron perdiendo sus trabajos y ahora sólo tienen lo que sacan buscando chatarra», dice.

Una barriada que acabó de configurarse hace 25 años

Los Asperones surgió en el año 1987 dentro de un plan para la erradicación del chabolismo en la capital. El objetivo era acabar con los núcleos marginales existentes en la ciudad, sobre todo en la Calle Castilla, Estación del Perro y el Puente de los Morenos, pero también en algunas zonas de la calle Mármoles.

Los Asperones se creó como un barrio transitorio para alojar a las familias mientras se buscaba para ellas una ubicación definitiva. Las familias instaladas, gitanas en su gran mayoría, estarían allí un máximo de cinco años. La barriada se construyó en dos fases. La primera (la que la mayoría de los malagueños reconoce como los Asperones, pertenece al Distrito de Puerto de la Torre y contaba originariamente con 114 casas, según explica José Manuel Perea, técnico de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA). La segunda, con solo 30 casas, está más cerca de Campanillas. El modelo de vivienda era similar en ambos casos: casas mata con una pequeña zona de patio. La barriada contaba además con una zona de caballerizas para los animales, tratando de responder a la realidad de las familias realojadas, que se dedicaban mayoritariamente a la recogida de chatarra y tenían animales de tiro.

Las graves inundaciones en la capital del año 1989 terminaron de configurar la realidad de la barriada. Muchas personas, que vivían aún en chabolas en la capital, se quedaron sin casa por las lluvias. Hubo que hacer una ampliación de urgencia y se creó la tercera fase con 40 casas, situada junto a la primera, pasado el arroyo Merino. Con el tiempo, las familias fueron creciendo y ampliando las viviendas o construyendo chabolas. Éstas últimas han desaparecido en su mayoría gracias al plan de realojo la Junta, que además controla que no se sigan construyendo nuevas viviendas.

Solo 39 familias han completado el itinerario de la Junta para salir de los Asperones, cuando lo que estaba previsto era que se alcanzase medio centenar por año. En 2014 únicamente cinco familias solicitaron acogerse al programa.

El plan de la Oficina de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA) anteriormente denominada Empresa Pública del Suelo de Andalucía (EPSA) y que cuenta con una oficina en Los Asperones desde el año 2006 se ha dado de bruces con dos realidades: los escasos recursos de las familias, que con la crisis han dado un paso atrás en sus expectativas de salir del barrio, y las arcas vacías de la propia Administración autonómica.

En sus inicios, la AVRA preveía apoyar a las familias de Los Asperones para su salida con la subvención del 80% de la cuota de alquiler para realojarlos en otras zonas de la capital e incluso de la provincia. El objetivo era dispersar a las familias e integrarlas en barriadas normalizadas para evitar que se generasen nuevos núcleos de marginalidad. La ayuda económica supone que, de un alquiler de 250 euros mensuales, las familias solo pagarían 50. Una cantidad que ya asciende a unos 80.000 euros en alquileres y usufructos y que hasta ahora salía de los fondos propios de la Junta. Pero la falta de liquidez ha paralizado la adquisición de nuevas viviendas. Ahora, la Junta y el Ayuntamiento que a través de los servicios sociales ha colaborado con la administración autonómica en el programa de desmantelamiento miran a los Fondos Europeos Feder como única alternativa para relanzar el plan.

En 2013, en una reunión con expertos de la Comisión Europea en la capital ya se apuntaba a los fondos Feder como única vía para desbloquear el problema de los Asperones. Entonces, la Junta se comprometió a solicitar financiación europea para el periodo 2014-2020 para este núcleo marginal malagueño junto con otros existentes en la región. Pero desde entonces, nada se ha sabido.

El concejal de Derechos Sociales, Francisco Pomares, critica la falta de información por parte de la administración autonómica sobre este tema. Al parecer, la dificultad para acogerse a estas cuantías vendría porque la inclusión de zonas marginales dentro de los Feder está concebida para la rehabilitación de barriadas. En el caso de Los Asperones, lo que se quiere es desmantelarla. Pomares ha propiciado una nueva reunión con expertos de la UE el 20 de febrero en el Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU) para, precisamente, tratar de arrojar luz sobre este asunto.

Por otro lado, a pesar de la labor de concienciación que la Junta, Ayuntamiento y de las ONG que trabajan sobre el terreno para que las familias comprendan que, si quieren normalizarse, tienen que empezar a afrontar sus facturas como cualquier otro hogar, lo cierto es que los vecinos del barrio cuentan con empleos precarios, en el mejor de los casos. Si el desempleo, que ha golpeado a una gran parte de los malagueños, lo ha hecho con mayor virulencia en Los Asperones.

Chatarra para subsistir

Según el técnico de AVRA en Los Asperones, José Manuel Perea, actualmente el 50% de los habitantes de la barriada sobreviven con la chatarra. Atrás quedaron los tiempos en los que los jóvenes encontraron en la construcción una buena alternativa para empezar a labrarse un futuro. Acostumbrados a tener los servicios básicos como el agua y la electricidad sin pagar, mudarse significa para ellos un gasto que, hoy por hoy, no están dispuestos a asumir.

Su medio de vida, junto a las características de las propias familias con un gran número de miembros, también ha condicionado el tipo de vivienda que solicitan a la hora de aceptar el cambio, con lo que no vale cualquier piso. La mayoría quieren casas matas en las que poder mudarse con toda la prole y con las propias familias de su prole, y piden que tengan patios o jardines en los que almacenar la chatarra por si en algún momento tuviesen que volver a dedicarse a ella.

Según explica Juanjo Flores, mediador cultural de la Fundación Secretariado Gitano, una de las ONG que han trabajado estos años en Los Asperones, algunas de las familias que se marcharon con el programa de la Junta ya no pueden abonar sus cuotas y empiezan a acumular impagos. Esto, junto a la falta de oportunidades laborales, hace que muchos jóvenes que salieron estén regresando a la barriada, alojándose en casas de otros parientes. «El problema es que, cuando se marchan a otra vivienda en otra zona de Málaga, la Junta realoja en su casa en Los Asperones a otra familia, con lo que muchos se están encontrando con que no pueden pagar su nuevo hogar, pero tampoco puede volver al antiguo», dice.

Una nueva vida lejos

Dentro del plan de desmantelamiento, la Junta ha aprovechado las casas que se quedaban vacías por la marcha de las familias para realojar a otras que vivían en chabolas dentro de los propios Asperones. «Hoy por hoy hemos acabado con el chabolismo en la barriada en un 98%, no autorizamos la entrada de nuevas familias y no se permite la construcción de nuevos cuartillos», dice Perea. Los cuartillos es como denominan los vecinos de Los Asperones a las ampliaciones dentro de una misma casa para alojar a un hijo cuando se casa y que es otra casa en miniatura. El hacinamiento es precisamente otro de los problemas del barrio.

Aunque pocas, también hay algunas historias de superación en Los Asperones. Un ejemplo es el de Miguel Marín, que trabaja en un desguace y que ha conseguido salir de la barriada. Ahora vive en Ciudad Jardín con sus cinco hijos, la esposa de uno de ellos, y con tres sobrinos que acogieron cuando apenas eran unos bebés. Miguel asegura que llegó un momento en el que ya no quería estar más en Los Asperones. «Teníamos muchas ganas de marcharnos para dar otras opciones a nuestros hijos», indica.

Para los que se quedan de Los Asperones, las labores de rehabilitación llevadas a cabo en la zona ha mejorado relativamente la calidad de vida de los habitantes. Las calles están asfaltadas, tienen farolas, red de saneamiento y, desde hace poco, un campo de futbito para los niños. No en vano, el 70% de la población tiene menos de 25 años, según explican desde AVRA. El trabajo de los profesores del colegio María de la O, las ONG y la vigilancia de la Fiscalía han hecho que los casos de absentismo escolar han desaparecido. Cosa aparte es el índice de fracaso escolar. Según Perea, sólo un alumno del barrio ha pasado a Bachillerato. Y lo normal es que los jóvenes dejen de estudiar a los 16 años, cuando termina la edad obligatoria. El problema es ahora formar y motivar a estos jóvenes para ofrecerles alternativas que les alejen de la delincuencia y la marginalidad. Aunque en este punto, las fuentes consultadas constatan un cambio. «Habrá drogas como en todos los barrios, pero esto no tiene nada que ver con lo que había hace una década; somos los primeros que hemos sufrido los problemas de las drogas, con muchos muertos y presos, y las familias han aprendido la lección», insiste Tuto. En este sentido, asegura, el papel de la Iglesia Evangélica de la barriada ha marcado la diferencia. Hoy por hoy, dice Tuto, no se ve fuera de Los Asperones: «No sé si saldremos de aquí, y ya ni lo pienso; nos han defraudado muchas veces», dice.

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