Prisión por asesinato tras confesar que dejó al niño morir ahogado por un enfado con la madre

Antonio Fernández, ayer, al salir del cuartel para ser conducido al juzgado./
Antonio Fernández, ayer, al salir del cuartel para ser conducido al juzgado.

El acusado sólo respondió a las preguntas de su abogado para decir que no sabe nadar y que le dieron un Lexatin durante la declaración en el cuartel

JUAN CANOMálaga

Prisión por asesinato. La titular del Juzgado de Instrucción número 12 de Málaga capital ordenó anoche el ingreso en la cárcel de Antonio Fernández Augusto acusado de matar al pequeño Alejandro, que era hijo de su compañera sentimental, según informaron fuentes judiciales.

Ante la negativa del imputado a responder a sus preguntas, la magistrada se apoyó en el atestado de la Guardia Civil, que contiene la declaración que hizo el detenido el martes en el cuartel de Rincón de la Victoria. Allí, ante los agentes que han investigado el caso, Antonio confesó que lo dejó ahogarse por estar «enfadado» con su madre, según el auto por el que se le envía a prisión.

«¡Anda, si está aquí la prensa!», dijo con una sonrisa al salir del cuartel

A las 12.51 horas, Antonio Fernández, el presunto asesino del pequeño Alejandro, cruzó el umbral de la puerta del cuartel de la Guardia Civil en Rincón de la Victoria. Trató de taparse la cara con las manos para evitar las cámaras, pero un resbalón fortuito a causa de la lluvia dejó al descubierto su rostro un par de segundos, suficientes para inmortalizarlo. Pero su cara, lo que se pudo ver de ella, no reflejaba ni un atisbo de arrepentimiento o de pesar. De hecho, salió del cuartel esbozando una sonrisa que indignó a los agentes que lo custodiaban, e incluso hizo un comentario cuando vio la legión de periodistas y reporteros gráficos que lo esperaban al otro lado del vallado de las dependencias policiales. «¡Anda, si está aquí la prensa!», cuentan que dijo. Pese a todo, los guardias lo subieron lo más rápido posible en un vehículo y abandonaron rápidamente el cuartel rumbo al juzgado entre gritos de «asesino» de unos pocos vecinos.

El joven, que tiene 24 años, pasó ayer a disposición judicial pasada la una de la tarde tras permanecer 60 horas en un calabozo del cuartel rinconero. Por la tarde, el acusado compareció ante la jueza para dar su versión de los hechos. Pero no lo hizo. Antonio se negó a responder a las preguntas del fiscal, de la acusación particular y de la propia jueza.

Tres preguntas

El presunto asesino del pequeño Alejandro sólo contestó a su abogado, contratado por la familia para llevar su defensa. El letrado le hizo tres preguntas. La primera, si recordaba haber prestado declaración en el cuartel, a lo que respondió que sí. La segunda, si se acordaba del contenido. Dijo que no, y aclaró que el motivo fue que le dieron un Lexatin en el transcurso de la declaración (esa noche fue asistido por el 061 al quejarse de una crisis de ansiedad). La tercera fue si sabía nadar. Respondió que no.

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Tras esa breve declaración, el representante de la Fiscalía y la acusación particular solicitaron su ingreso en prisión por asesinato, mientras que la defensa pidió su libertad al considerar que no existe riesgo de fuga y que los hechos sólo podrían ser encuadrados por ahora en un delito de homicidio imprudente, según explicaron las fuentes judiciales consultadas.

La jueza adoptó la tesis de los investigadores y, como pedían fiscal y acusación particular, ordenó su ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, al entender que los hechos pueden constituir un delito de asesinato, castigado con una pena de 15 a 20 años de cárcel, y que, por tanto, sí existe un riesgo objetivo de fuga.

La magistrada destacó en su auto que los guardias civiles localizaron el cadáver en una balsa de Los Montes siguiendo las «indicaciones» de Antonio Fernández, que «no condujo a los agentes hasta ese lugar hasta altas horas de la madrugada» y tras ofrecer «varias versiones contradictorias». A falta de respuestas por parte del acusado, la jueza argumentó su decisión en su declaración como detenido en el cuartel, donde Antonio reconoció que «no sacó al menor del agua y lo dejó ahogarse por estar enfadado con la madre del niño».