Generación 'Queremos'

Generación 'Queremos'

  • Seis estudiantes recién graduados de la UMA toman la palabra sobre el sistema político y educativo

No les desagrada del todo Podemos, pero prefieren conjugar otro verbo distinto. Estos seis estudiantes recién graduados tienen muy claro cuáles son sus caminos. Son conscientes de las circunstancias políticas y sociales que les rodean, pero pueden permitirse seguir estudiando. Con menos pánico que muchos de sus compañeros y los pies fuera de la Universidad de Málaga (UMA) por fin, a Celia, Adrián, María, Nuria, Paula y Miguel aún les queda mucho que decir sobre ella, y sobre lo que les depara fuera de sus, a veces, tan confortables muros.

Celia Fenoy tiene 21 años. Es natural de Almería pero vino a Málaga hace casi cuatro años para estudiar Periodismo. Ahora se prepara para partir a Estados Unidos en octubre, donde trabajará de 'au pair', cuidando niños y conviviendo con una familia. Allí cobrará 195 dólares semanales. No tiene fecha de vuelta. «Me voy para mejorar mi inglés porque creo que es lo que más valoran las empresas», comenta la almeriense.

Adrián Pérez es el mayor de todos. Tiene 30 años, pero su edad se comprende mejor cuando revela la carrera que está a punto de terminar: Ingeniería Mecánica. Se define a sí mismo como «emprendedor», ya que en un año cree que pondrá en marcha su empresa, que comercializará un dispositivo para la preservación del vino de alta gama. La UMA, además, está gestionando el trámite de la patente.

María Hurtado tiene 21 y ya es oficialmente criminóloga. Es voluntaria en Proyecto Hombre, y, por ahora, no le quedan muchas otras salidas laborales. «No hay nada», asegura María a la vez que niega con la cabeza. «Seguiré allí de voluntaria y solicitaré másteres para complementar mi formación».

Nuria Sotorrío tiene 23 años y tres carreras. La última de ellas ha sido Ciencias Actuariales y Financieras. Este año ha estado de Erasmus en Nuremberg (Alemania), donde se ha dado cuenta «de la importancia de saber idiomas». Pretende opositar a la Dirección General del Seguro. Hay «6 u 8 plazas para 40 o 50», dice Nuria, que se mantiene optimista.

En ese sentido, Paula Gallego lo tiene más difícil. Tiene 24 años y, tras hacer un ciclo formativo en Educación Infantil, acaba de graduarse como maestra de primaria con mención especial en educación musical. Su intención es seguir formándose en lenguas extranjeras porque las oposiciones quedan un poco lejos. En las últimas se presentaron 3.000 personas por cada plaza, según cuenta Paula.

Después de seis duros años de carrera, Miguel Díaz está asistiendo a una academia para preparar el examen de acceso al MIR, que será el 31 de enero, para el que estudia «8 o 10 horas diarias». «Es lo normal», asegura. Hay 8.000 futuros doctores para 6.000 plazas reales. Quiere especializarse en medicina general, aunque también le gusta la oncología.

Ninguno se arrepiente de haber estudiado sus respectivas carreras, pero todos tienen quejas. Sobre todo acerca de los docentes. «La mayoría de los profesores no te motivan, sólo leen un Power Point», asegura Celia. Adrián concuerda con ella, y añade que «se nota quiénes son los profesores que tienen o han tenido trabajo de calle porque son los que saben transmitir». A esa idea se une Nuria, que antes de Ciencias Actuariales y Financieras, había estudiado Económicas y Administración y Dirección de Empresas. «Un profesor con experiencia en el ámbito empresarial aporta una visión mucho más real», opina. «Hay profesores a los que no les gusta su trabajo y que fastidian al alumno con Power Points y dando clases sin esfuerzo», añade.

Los primeros del Plan Bolonia

Algunos de estos seis recién graduados son, a la vez, primeros en catar el Plan Bolonia. Paula, de Magisterio Infantil, ha sido una de estas 'ratas de laboratorio'. «Hemos pasado mucho tiempo en Decanato intentando solucionar problemas», asegura. A esta novedad, a veces problemática, se le suman más trabas si la carrera es completamente nueva. Es el caso de María, que pertenece a la primera promoción de Criminología. «Hemos sufrido muchos errores, tanto a nivel de profesorado como de prácticas y temario», señala, y pone un ejemplo: un abogado penal fue el que le impartió la asignatura de Policía Científica.

Pero no todo es negativo. La universidad también les ha dejado cosas buenas. La mayoría de estos estudiantes coinciden en que las prácticas a lo largo de la carrera han sido un acierto. No es el caso de Miguel, que califica las prácticas hospitalarias de «desastrosas». «Hemos llegado a coincidir siete u ocho alumnos en un quirófano, más el equipo quirúrgico». En Bilbao, ciudad donde estudió un año gracias a la beca Séneca, no ocurría lo mismo, según relata. «Aunque había menos número de prácticas, eran individuales». Nuria, por su parte, cree que la UMA le ha aportado «muchas ganas de superación», y Adrián comenta que le ha creado «una mente mucho más abstracta».

Por otro lado, tanto Nuria como Miguel han podido disfrutar de la experiencia de estudiar fuera de Málaga durante uno o dos cuatrimestres. Nuria, que estuvo de Erasmus en Nuremberg, comenta que «la forma de trabajar allí es mucho más dinámica y participativa». Además, tuvo que hacer 'papers' (trabajos de investigación) sin estar acostumbrada a ello. Comenta la recién graduada que allí notó «mucha más profesionalidad en los profesores». «Me dio Historia de España un nominado al Príncipe de Asturias», dice, ante las absortas miradas de todos. La organización de la Universidad del País Vasco fue lo que más llamó la atención de Miguel. Allí, «sólo existe una universidad y cada provincia tiene su subsede, lo que significa que los estudiantes pueden elegir hacer prácticas en cualquier provincia y que, por lo tanto, las clases eran de 50 personas». Consecuencias: «clases mucho más cercanas y participativas».

El conocimiento de idiomas, sobre todo del inglés, siempre es un tema candente. Entre estudiantes más aún, ya que con el Plan Bolonia es obligatorio poseer el título B1 para graduarse. La continuidad de su enseñanza entre el bachillerato y la universidad es lo que echan de menos estos estudiantes. «En Medicina están empezando a ofertarse asignaturas en inglés, pero muy poquito a poco», relata Miguel. Nuria va más allá: «Creo que lo hemos aprendido mal». La ausencia de 'listening' y 'speaking' y el exceso de gramática en el temario de la asignatura son algunos de los errores que mencionan estos estudiantes recién graduados. Celia cree que «todos los colegios deberían ser bilingües», y bien es cierto que ya en Málaga muchos profesores son también 'teachers'. Pero ante el pensamiento esperanzador de que «las próximas generaciones aprenderán un inglés mejor desde el colegio», como defienden sus compañeros, Paula, futura profesora, advierte: «A nosotros, como futuros maestros de primaria, sólo nos dan una asignatura en inglés a lo largo de la carrera».

Todos ellos están muy seguros de querer seguir su camino. No tienen necesidad, además, de ponerse a trabajar. Pero conocen a muchísimas personas que no corren esa suerte. «Mi novio está trabajando de camarero doce horas al día, siendo licenciado en Administración y Dirección de Empresas y hablando inglés y alemán con nivel avanzado», ejemplifica Nuria.

Jóvenes escépticos

Todos votan, ven el telediario y saben que la política es importante, pero están «desencantados». «La gente está pidiendo el cambio y se están viendo los resultados», afirma Celia, refiriéndose a la irrupción de Podemos en las últimas elecciones europeas. Adrián insiste, por su parte, en que «no es sólo una crisis económica, sino una crisis de la humanidad». Y, tras un intercambio de argumentos, todos apuntan a que la solución podría estar en «el cambio del modelo educativo». Paula, la experta de los seis en cuanto a materia educativa, argumenta: «Hay una crisis de valores cívicos. Un cambio en la educación nos ayudaría, por ejemplo, a evitar la corrupción». En este sentido, la graduada en Magisterio Infantil añade que «es necesario un acuerdo político para hacer un plan de educación cooperativo».

Aunque sólo dos de seis dicen estar seguros de pertenecer a una ideología concreta, sí coinciden todos en que es necesaria «una forma más cercana de hacer política» y «una participación más activa por parte de los ciudadanos», además de un «cambio de la ley electoral» en cuanto a la contabilización de votos se refiere. «El sistema político necesita una regeneración desde la base», dice Miguel. «No me fío de nadie, no quiero ver promesas sino a personas que vivan en el mundo», añade tajante. Al plantear la posibilidad de que esa visión más real la pudiese aportar el partido de Pablo Iglesias, Nuria interviene: «El sistema asambleario está bien para pueblos pequeños, pero no para un país», dice la chica de las tres carreras, que cree que ese sistema sería «poco operativo». «Me parece bien que surjan nuevas fuerzas políticas, pero creo que muchas veces no hablan de la realidad», matiza Nuria, que pone como ejemplo el tema de la reestructuración de la deuda. «Esa es la pena que tenemos por pertenecer a Europa, igual que también hay ventajas», explica. «No nos corresponde a nosotros tomar esas decisiones», concluye.

¿Y cuándo acabará esto? Nuria, licenciada en Económicas, toma de nuevo la palabra. «La crisis pasará, pero va a dejar mucha precariedad laboral», augura. Asegura, asimismo, estar de acuerdo con las medidas que está tomando el Gobierno para reactivar la economía, pero no con la manera en la que se están tratando, porque, según ella, «muchas empresas juegan con los trabajadores y sólo contratan becario tras becario».

Nuria se marcha, mañana se examina del título B2 de inglés. A Celia sólo le queda una entrevista para terminar su trabajo de fin de grado. Y Adrián acaba de enterarse de que su proyecto ha sido galardonado en los Premios Spin-Off de la UMA. Hemos hablado de todo. Ha sido un buen día.