El Sínodo sobre los jóvenes concluye con un documento descafeinado

El Papa Francisco celebra una misa de clausura al final del Sínodo de los Obispos en el Vaticano./Reuters
El Papa Francisco celebra una misa de clausura al final del Sínodo de los Obispos en el Vaticano. / Reuters

El Papa pide perdón a la juventud porque la Iglesia no la escucha suficiente: «En lugar de abrir vuestro corazón, os hemos llenado los oídos»

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

Tras casi un mes de debates en los que participaron más de 300 cardenales, prelados, expertos y jóvenes, el Sínodo de los Obispos sobre la juventud concluyó ayer con la misa que ofició el papa Francisco en la basílica de San Pedro del Vaticano. Jorge Mario Bergoglio aprovechó su homilía para pedir perdón «en nombre de los adultos» por la insuficiente escucha a los muchachos en la Iglesia.

«En lugar de abrir vuestro corazón, os hemos llenado los oídos», dijo el Pontífice, que en el rezo del Ángelus pidió que se difunda el documento final aprobado la noche anterior por la asamblea sinodal en el que se propone una «escucha real» a los jóvenes y no ofrecerles «respuestas confeccionadas y recetas ya preparadas».

Pese a las palabras del Papa y a los esfuerzos que la Iglesia ha realizado en la organización del Sínodo, con sondeos, informes y reuniones previas, parece difícil que el texto conclusivo de este encuentro vaya a propiciar un cambio la percepción que la juventud tiene de la Iglesia.

Los 249 obispos votaron un documento descafeinado que pide favorecer la acogida a los homosexuales y promover la presencia femenina en los órganos de responsabilidad de la Iglesia, pero no introduce ningún cambio sustancial. Tampoco refleja algunas de las peticiones concretas planteadas en la asamblea, como la creación de un 'ministerio' vaticano para los jóvenes. No responde a la exigencia de que las mujeres puedan votar en el Sínodo y da un paso atrás en el reconocimiento a la diversidad sexual respecto al 'instrumentum laboris', el documento de trabajo de la asamblea, en el que se utilizaba el término LGTB.

Reuters

Aquella inclusión provocó sarpullidos en parte de la Iglesia y hubo que eliminarla del texto final para evitar mayores controversias. «No votaré un documento sinodal en el que aparezca la palabra LGTB», advirtió hace unos días el obispo camerunés Andrew Fuanya, haciéndose portavoz de los prelados africanos y más conservadores. «Seré categórico. Si voy a mi diócesis con un documento que incluya la palabra LGTB, el 99% me preguntará qué significa. No estamos resolviendo los problemas de las Iglesias particulares, sino de la Iglesia global». Esa necesidad de buscar equilibrios en un mensaje dirigido a una comunidad de 1.300 millones de fieles acabó diluyendo el texto.

No responde a la exigencia de que las mujeres puedan votar en el Sínodo y da un paso atrás en el reconocimiento a la diversidad sexual

En el apartado dedicado a la sexualidad, el que menos consensos recibió de los padres sinodales (65 votos en contra y 178 a favor), se subraya «que Dios ama a todas las personas y así lo hace la Iglesia, reiterando su compromiso contra cualquier discriminación y violencia sobre la base sexual». También se recuerda que ya existen «muchas comunidades cristianas» en las que se acompaña a los homosexuales y se recomienda «favorecer» esos recorridos. El texto, no obstante, también reafirma «la antropológica diferencia y reciprocidad entre hombre y mujer» y considera «restrictivo definir la identidad de las personas a partir únicamente de su orientación sexual».

El documento final del Sínodo menciona la pederastia eclesial, pasa de puntillas por la cuestión de las drogas y pide a los jóvenes que descubran el «justo valor de la castidad» sin ocuparse de las relaciones sexuales anteriores o fuera del matrimonio.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos