Seehofer dimite por la cuestión migratoria

Horst Seehofer (en el centro), en la reunión de Múnich. :: afp/
Horst Seehofer (en el centro), en la reunión de Múnich. :: afp

El ministro alemán de Interior trató de que su partido lo secundara en su apuesta por cerrar las fronteras a los refugiados contra el criterio de Merkel

R. C. BERLÍN.

Horst Seehofer anunció ayer por la noche su dimisión como ministro alemán de Interior y como presidente de la bávara Unión Socialcristiana (CSU) por sus diferencias con la canciller Angela Merkel con respecto a la cuestión migratoria. Seehofer protagonizó otra nueva jornada de infarto en la agria pugna que mantiene con la canciller, Angela Merkel, a cuenta de la política migratoria de Alemania. El encuentro que ambos mantuvieron la noche del sábado, después de que Merkel volviera de la cumbre de la Unión Europea de Bruselas con acuerdos que, a su entender, deberían bastar para satisfacer las demandas de endurecimiento en la acogida de solicitantes de asilo, de nada sirvió para reconducir el brutal y público enfrentamiento que tiene en la cuerda floja el Gobierno alemán desde hace semanas.

«Viajo hasta Berlín para reunirme con ella y la canciller se mueve cero coma cero», resumió ayer Seehofer, según recogía el diario 'Bild', en una reunión que mantuvo con los dirigentes de la CSU por la mañana en Múnich. La tarde conoció sucesivos aplazamientos, en una manera de proceder muy poco alemana, de una convocatoria de prensa en la que el ministro del Interior iba a comunicar si se daba por satisfecho con las medidas anunciadas por Merkel o seguía adelante con su propósito de cerrar las fronteras a los refugiados. Al final anunció su dimisión.

El anunciado propósito de Seehofer choca de manera frontal con el principio que guía la política migratoria de la canciller: no adoptar decisiones unilaterales que puedan perjudicar a terceros Estados, miembros además de la Unión Europea. Para frenar el desafío de su ministro del Interior, Merkel volvió de Bruselas con acuerdos con otros dieciséis países del bloque comunitario, entre ellos España, por los que estos aceptan que Berlín les 'devuelva' a aquellos demandantes de asilo que entraron por territorios de terceros. El anuncio de esta medidas por parte de Merkel incluía a los díscolos Estados del Este -Hungría, Polonia, República Checa-, que se apresuraron a desmentir que hubieran aceptado este pacto. La jefa del Ejecutivo germano admitió ayer en entrevista a la cadena televisiva ZDF que pudo haber «malentendidos» pero existía «un compromiso político» con algunos miembros del llamado Grupo de Visegrado.

En su reunión con el resto de dirigentes de la CSU, Seehofer batalló para imponer su postura: que los acuerdos alcanzados por Merkel con terceros países eran «insuficientes» y que el partido debía respaldarle para cerrar unilateralmente las fronteras alemanas a los refugiados, al estilo del vicepresidente italiano, Matteo Salvini, con los puertos. Una decisión que, de llevarse finalmente a término, forzaría a la canciller a echarle del Ejecutivo federal, con consecuencias impredecibles. Los analistas achacaban anoche los retrasos en la rueda de prensa del ministro bávaro a que no conseguía encontrar el eco buscado en sus compañeros de partido. Según varios medios alemanes, no faltaban los altos cargos partidarios de terminar ya el enfrentamiento con la formación hermana, la Unión Cristianodemócrata de Merkel, por entender que la jefa del Gobierno había más que satisfecho las demandas de una política migratoria más dura.

Elecciones regionales

Y los había también que invitaban a Seehofer a sopesar el efecto de su enfrentamiento con la canciller en la opinión pública alemana en general y en la de Baviera en particular. La CSU, que gobierna en este Estado del sur del país, afronta en octubre unas elecciones regionales en las que teme el crecimiento del apoyo a los ultras de Alternativa para Alemania (AfD) y una pérdida de su mayoría absoluta.

Algunas voces de la formación temen que, en su intento de asumir la agenda más derechista en inmigración con un interés puramente electoral, el antiguo primer ministro socialcristiano estuviera incomodando de rebote a los votantes de centro. Más después de una reciente encuesta en la que los ciudadanos bávaros se mostraban más favorables al tratamiento de la inmigración que defiende Merkel que al de Seehofer. El ministro del Interior se aprestaba a presentar públicamente su «plan maestro» sobre asilo. El documento incluy 63 medidas y la canciller rechaza una sola: la devolución de refugiados desde la frontera.

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