May sortea una milimétrica conspiración sobre el futuro del IVA

Theresa May./Afp
Theresa May. / Afp

La primera ministra británica descarta con firmeza una segunda consulta propuesta por voces significativas

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal en Londres

La conclusión del diputado laborista, Chris Bryant, es que «el acuerdo de Chequers ha muerto». De ser cierto, habría vivido diez días. El Libro Blanco que publicó el Gobierno el jueves, detallando el horizonte del 'Brexit' que el Gabinete debatió en la residencia campestre de Theresa May, sería también papel mojado. Y la razón del fallecimiento es que se habría atragantado con el IVA.

El Impuesto de Valor Añadido es una invención comunitaria que han copiado muchos países del mundo y que el presidente de Estados Unidos confunde en Twitter con tarifas proteccionistas. Genera el 18% de los ingresos fiscales de la Hacienda británica, que tendrá que crear nuevos impuestos al consumo una vez que concluya el proceso de retirada de la UE.

El diseño de la futura relación entre Reino Unido y la UE propone resolver la contradicción entre abandonar el régimen comunitario del IVA y mantener un comercio sin fricciones fronterizas proponiendo a Bruselas su colaboración para crear un Esquema Facilitado de Aduanas (FCA), que tiene la virtud de no existir. Pero su introducción, adelanta el Libro Blanco, sería por fases.

Conceptualemte consiste en que los importadores de bienes que entrasen en Reino Unido con destino a países de la UE tendrían que pagar el IVA, que Londres recaudaría y luego desembolsaría a Bruselas. Los bienes con destino al mercado británico generarían los futuros aranceles que establezca el Gobierno, que ahora tramita en el Parlamento la ley que le da poderes para fijar ese nuevo régimen fiscal.

Fraudes con el IVA han llevado a la UE a un nuevo sistema de recaudación en el lugar donde el bien es consumido. La propuesta británica se basa en una tecnología aún no conocida y embarulla la simplicidad buscada por Bruselas, con motivos para temer un foco de fraude al otro lado del Canal de la Mancha. A eso se añade que es difícil hoy separar servicios y bienes en muchos productos industriales y que Londres no pretende una relación similar con la UE para el comercio de servicios.

En esas circunstancias, la facción purista del 'Brexit' en los escaños conservadores ha presentado cuatro enmiendas al proyecto de ley con la supuesta intención de acabar con el plan de Chequers. Theresa May ha aceptado todas las enmiendas y por eso se ha proclamado la muerte del plan. La enmienda asesina sería una que prohíbe por ley al Gobierno recaudar impuestos de otros países si no hay reciprocidad.

Referéndum

Los portavoces de May dicen que la enmienda encaja en su propuesta y quizás tienen razón. El plan dice que «Reino Unido no está proponiendo que la UE aplique aranceles británicos en sus fronteras a bienes con destino a Reino Unido»- lo que parece enteramente incompatible con la enmienda-, pero propone una «fórmula de ingresos por aranceles» que permita saldar sus cuentas a Londres y a Bruselas.

La rabia en los escaños favorables a la permanencia habría animado a esta facción de rebeldes a votar mañana una enmienda que obligue al Gobierno a permanecer en la unión aduanera europea, lo que significaría la muerte del sueño 'brexiter' de ser libres en el futuro para movilizar el comercio con otros países. El plan de May sugiere que será posible. cuando se invente una manera fiable de dividir los bienes en la aduana y de aplicarles las diferentes tarifas.

El excomisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, ha argumentado este fin de semana que sería mejor un simple tratado de libre comercio que el plan de May, y ha pedido, como una exministra conservadora, Justine Greening, que el acuerdo final se someta a referéndum. Con tres opciones, según Greening, con tres: plan May, no acuerdo o no Brexit. No habrá referéndum «en ninguna circunstancia», ha dicho May.

 

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