Trump viaja hasta la misma frontera para defender su muro

El muro sirve como base en Tijuana para una exposición a favor de los emigrantes. :: Guillermo Arias/ AFP
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El muro sirve como base en Tijuana para una exposición a favor de los emigrantes. :: Guillermo Arias/ AFP

El presidente de EE UU intensifica su campaña para convencer de la necesidad de la valla con México y de financiarla dentro del Presupuesto

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Donald Trump tiene razón. «Antes nadie había oído hablar de caravanas». Fue él quien las popularizó, agitándolas en las redes sociales como arma política y propiciando así la creación de otras. Con todo, el número de inmigrantes detenidos en la frontera sur de EE UU es el más bajo de las últimas dos décadas, pero lo suyo no es informar, eso es cosa de periodistas, los 'enemigos del pueblo'. Al presidente lo que le importa es difundir la percepción de que hay «una crisis» en la frontera sur para la que «urge» financiar «un muro, una barrera, llámalo como quieras». Y hasta que consiga los 5.000 millones de dólares (4.330 millones de euros) que busca, mantendrá a 800.000 funcionarios sin trabajo ni sueldo «el tiempo que haga falta», afirmó ayer, día 19 del cierre parcial del Gobierno por falta de presupuesto.

Si no hay acuerdo en las próximas 48 horas, el apagón de gobierno de Trump se convertirá el sábado en el más largo de la historia. Urge forzar una salida. La ofensiva para convencer al país de que su empecinamiento por el muro es una cuestión de seguridad nacional le llevó el martes a estrenar el Despacho Oval con el primer discurso a la nación desde la venerada oficina. Ahí recicló en nueve minutos el guión antiinmigrante de sus mítines y, tras almorzar ayer en el Capitolio para asegurarse de que los legisladores republicanos no flaquean, lleva hoy la campaña hasta la frontera, sin haber anunciado las paradas para que no le esperen manifestantes.

Con todo, el cierre del espacio aéreo declarado en McCallen (Texas) anticipaba la llegada del 'Air Force One'. La metrópolis de cerca de un millón de habitantes se ajusta bien a las necesidades de su guión, porque tiene una criminalidad siete veces mayor que la media nacional, a diferencia de otras ciudades fronterizas como El Paso, que es la más segura de Texas.

LAS CLAVES El mandatario admite que la visita «no cambiará una maldita cosa», pero le aportará «publicidad» La Casa Blanca oculta la ruta y sus paradas para que no le esperen manifestantes

Aprovechará la estela de su esposa, que la visitó por su cuenta el pasado mes de junio, en medio de la crisis humanitaria que creó su Gobierno al separar a los niños inmigrantes de sus padres. En el Albergue Infantil de Nueva Esperanza Melania se sentó con el personal médico y los trabajadores sociales, pero Trump probablemente busque arroparse con las patrullas fronterizas «que se enfrentan a diario con miles de inmigrantes ilegales». En realidad la cifra es de cientos, no de miles, pero la exageración es una constante de su discurso.

Explotar el miedo

Al citar el miércoles cuatro casos de estadounidenses asesinados por inmigrantes sin papeles buscaba explotar el miedo -«imagínate si fuera tu hijo»-, pero numerosos estudios constatan que el porcentaje de delincuencia entre indocumentados es mucho menor que el de otros sectores de la población, especialmente si se compara con otras minorías. Según el Cato Institute, los nativos americanos de Texas cometían en 2015 un 85% más de crímenes violentos que los 'sin papeles', en su mayoría condenados por mendicidad y apuestas.

Ni su discurso a la nación ni su visita a la frontera cambiarán «una maldita cosa», admitió ayer, «pero lo voy a hacer de todas maneras». Él mismo reconoce que el objetivo del viaje es «publicidad» y ante la perspectiva de que no arroje los resultados esperados amenaza con declarar una crisis de seguridad nacional, como la que anunció Jimmy Carter en 1979 tras la toma de la Embajada estadounidense en Teherán. Con ello podría apropiarse de fondos sin pasar por el Congreso. Los mandatarios de EE UU la han declarado en 58 ocasiones, casi siempre relacionadas con otros países.

Si llega a hacerlo, Trump probablemente tendrá que defenderla en los tribunales, donde varias organizaciones avisan ya que retarían su legitimidad. «Tengo todo el derecho a hacerlo si quiero», se revolvió ayer. «Y lo haré si no puedo lograr un acuerdo con gente que no es razonable», advirtió.

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