Trump traiciona a sus aliados kurdos

Los kurdos despiden, ayer, a los soldados estadounidenses en el norte de Siria. :: Delil SOULEIMAN / AFP/
Los kurdos despiden, ayer, a los soldados estadounidenses en el norte de Siria. :: Delil SOULEIMAN / AFP

Autoriza una operación militar de Erdogan en Siria que abandona a su suerte a las milicias que ayudaron a derrotar al Estado Islámico

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSALJERUSALÉN.

La traición de Donald Trump a sus aliados kurdos era cuestión de tiempo y llegó después de una conversación telefónica con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en la que dio luz verde a una operación de Turquía a gran escala en el norte de Siria. «Los kurdos pelearon con nosotros, pero les pagaron masivas cantidades de dinero y equipamiento para hacerlo», apuntó Trump en Twitter. «Mantuve esta pelea durante casi tres años pero ya es hora de que salgamos de estas ridículas guerras sin fin».

El presidente zanja a golpe de teléfono y tuit su papel en Siria y deja a sus exaliados entre dos fuegos: los turcos, por el norte, y las tropas de Siria y Rusia, por el sur. A cambio de la retirada, «Turquía va a ser responsable de todos los combatientes del Estado Islámico (EI o Daesh) en la zona, capturados en los dos últimos años», aseguró la Casa Blanca, en referencia a los miles de yihadistas detenidos en la guerra contra el califato que permanecían en una especie de limbo bajo control kurdo.

Los kurdos despidieron los blindados de EE UU con protestas en las principales localidades del Kurdistán de Siria, donde se preparan para la ofensiva de las tropas de Ankara. «Ha sido una puñalada por la espalda», declaró Kino Gabriel, el portavoz de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), la coalición liderada por las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas, que luchó codo con codo con EE UU contra el Daesh y perdió a miles de combatientes.

Ante las protestas kurdas y las críticas del Pentágono o el propio Partido Republicano, el Departamento de Estado quiso rebajar la importancia de la decisión y aseguró que retiraron a «un número muy pequeño» de tropas y el propio Trump advirtió a Erdogan de que «si hace algo (...) que está fuera de los límites, destruiré totalmente la economía de Turquía», como ya hizo cuando la lira perdió un 25% de su valor después de que Washington convirtiera la liberación del misionero Andrew Brunson en una causa diplomática.

Ankara considera «terroristas» a las YPG por su vínculo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y por eso Erdogan planea establecer una «zona de seguridad» que penetre 30 kilómetros en suelo sirio y se estire a lo largo de 500 kilómetros, desde el Éufrates hasta Irak, para blindar su frontera. El segundo objetivo del plan es realojar en la zona a gran parte de los más de tres millones de refugiados sirios llegados a Turquía. La retirada de EE UU agita el mapa de Siria, donde las potencias implicadas tratan de fijar zonas de influencia como si se fuera el reparto de un pastel.

Palabra poco fiable

Desde el cuartel general de las FDS alertaron de que «una operación turca tendrá un impacto significativamente negativo para la guerra contra el Daesh y destruirá todo lo que se ha logrado para estabilizar la zona durante los últimos tres años» y llamaron a la resistencia armada frente al invasor turco. La respuesta kurda es una incógnita ya que en enero de 2018, cuando EE UU les dejó solos en Afrín, apenas combatieron durante cuarenta días y se retiraron.

La decisión de Trump lanza un mensaje a sus aliados en la región sobre lo que poco fiable que es su palabra. Las críticas no tardaron en llegar; algunas de las más duras, desde su propio partido. La exembajadora ante la ONU, Nikki Haley, calificó de «gran error dejar morir a los kurdos porque fueron claves en nuestra victoria contra el Estado Islámico». El senador Lindsey Graham, uno de los republicanos más cercanos a Trump, le pidió «revocar» una decisión que dejará una «mancha en el honor de Estados Unidos».