Trump intenta atemperar los ánimos

El presidente atribuye el ataque persa en el estrecho de Ormuz a «un idiota, algún general suelto que cometió un error muy grande»

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL

NUEVA YORK. Mal están las cosas cuando es Donald Trump quien rebaja los ánimos bélicos. El presidente estadounidense, que ha reconocido públicamente tener en su Administración «gente más pacífica» que su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, asumió ayer que el derribo de un dron estadounidense en el estrecho de Ormuz fue cosa de «un idiota, algún general suelto que cometió un error muy grande».

Irán no se lo ponía fácil. El Gobierno persa ha incorporado ese «terrible error» que menciona el líder americano como una decisión de Estado, lo que no ayuda a Trump a resistir los ánimos belicistas de su equipo, el Congreso y hasta sus aliados en la región. Lindsey Graham, uno de los senadores más influyentes y amigo personal, le advirtió ayer públicamente tras oír esas declaraciones de que si no le planta cara a Teherán «lo siguiente será que Corea del Norte intente explotar una bomba o disparar un misil pensando que es la mejor forma de que EE UU se vuelva a sentar en la mesa de negociaciones». En otras palabras, Trump tiene que reaccionar con dureza para que se le siga respetando en el mundo.

Palabras mayores para este presidente, que había mostrado poco apetito para la guerra con Irán en las declaraciones que hizo en el Despacho Oval junto a un aliado pacífico, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, «muy preocupado por la reciente escalada de las tensiones con Irán», admitió. Trump negó que el incidente sea un paso más hacia la guerra y lo redujo a «una arruga más» en las relaciones. «Mira, yo quiero salirme de estas guerras interminables, es lo que dije en mi campaña».

Con todo, el mandatario es notorio por asumir la opinión del último con quien habla. Después de Trudeau recibió a los líderes del Congreso, convocados de urgencia para escuchar sus opiniones sobre Irán. Entre ellos, la demócrata Nancy Pelosi contraatacó en favor de la prudencia al decir que la credibilidad ya la perdió al salirse del tratado nuclear firmado con Irán. Graham, sin embargo, replicaba que atacar a Irán no sería ninguna contradicción con su discurso de campaña, porque «esto no es una guerra interminable, sino un régimen provocador que desmembra Oriente Próximo».