Trump amenaza con redadas contra inmigrantes ilegales residentes en el país

Inmigrantes africanos hacen cola en un centro de atención en la localidad mexicana de Tapachula. :: josé cabezas / reuters/
Inmigrantes africanos hacen cola en un centro de atención en la localidad mexicana de Tapachula. :: josé cabezas / reuters

El presidente de Estados Unidos quiere presumir de mano dura durante su campaña de reelección

MERCEDES GALLEGONUEVA YORK.

Hace justo cuatro años Donald Trump lanzó su campaña presidencial arremetiendo contra México por enviar a EE UU gente «que trae drogas, crimen o son violadores». «Voy a pararlo, y voy a pararlo rápido», prometió. Ayer, horas antes de que lanzase su campaña de reelección, volvió a golpear la piñata mexicana para desatar el odio contra la inmigración que tan buenos réditos electorales le dio entonces. En un tuit que cogió por sorpresa a los propios miembros de su Gobierno y, en especial, a los de Aplicación del Servicio de Inmigración y Aduanas de EE UU (ICE), el mandatario anunció que la semana que viene «ICE comenzará el proceso de sacar a millones de extranjeros ilegales». Con el anuncio de estas redadas masivas que los propios miembros de ICE no creen tener la capacidad de ejecutar, dio el pistoletazo de salida a una nueva campaña que, en realidad, comenzó al día siguiente de ser elegido.

Mientras Melania Trump ultimaba los detalles de un modelito con el que batir en Orlando su majestuoso descenso por las escaleras de la Torre Trump, que retrató la candidatura en 2015, millones de inmigrantes preparaban a sus hijos para el momento en que lleguen a casa y se encuentren huérfanos de facto. El gran dilema de las redadas contra los once millones de inmigrantes indocumentados que se encuentran en el país es que, a estas alturas, muchos han creado familias con hijos nacidos en EE UU que tienen la nacionalidad estadounidense.

Desde la elección de Trump, ICE redobló la campaña de terror sobre esta población, que a menudo busca refugio en las iglesias para que no les separen de hijos que ni siquiera hablan el idioma natal de sus padres. Y desde que les dieron instrucciones de dónde encontrar los pasaportes, los datos de las cuentas bancarias y a casa de quién irse en caso de que fueran arrestados repentinamente en medio de la calle, muchos niños viven aterrorizados temiendo el momento en que vuelvan de la escuela y se encuentren la casa vacía.

La política de separación familiar es tan controvertida desde el escándalo del año pasado, que dejó a cientos de niños permanentemente desconectados de sus familias que la secretaria de Seguridad Doméstica, Kirstjen Nielsen, y el director en funciones de ICE, Ronald Vitiello, se atrevieron a expresarle al presidente sus objeciones. Ambos fueron destituidos en abril.

Sus sucesores han accedido gustosamente a redoblar la campaña de deportaciones que dará más visibilidad a su dureza contra los inmigrantes en plena temporada electoral, pero no esperaban que lo publicitase y les comprometiese a deportar «millones», como tuiteó Trump. «Los vamos a sacar tan rápido como llegan», prometió. En el Departamento de Seguridad Doméstica, una fuente dijo a la CNN que ayer no había «muchas caras felices» por allí. Tampoco en los barrios hispanos de Nueva York, Chicago y Los Ángeles, que a pesar de ser consideradas ciudades santuario, se enfrentan a la acción de este cuerpo federal.