Tercer episodio de espasmos de Merkel en menos de tres semanas

Merkel intenta controlar los temblores. :: efe/
Merkel intenta controlar los temblores. :: efe

La canciller alemana vuelve a sufrir fuertes temblores en brazos y manos durante un acto oficial celebrado ayer en Berlín

ANJE RIBERA

Alemania tiembla junto a Angela Merkel. Un nuevo episodio de espasmos sufrido por la canciller, el tercero en menos de tres semanas, preocupa a la sociedad germana, en cuyo seno ya se extienden las dudas sobre su salud. Las imágenes de los temblores incontrolados en manos y brazos que padeció ayer durante el desfile militar de la ceremonia de recepción al primer ministro finlandés, Antti Rinne, en Berlín, difundidas por varias televisiones dieron alas a las especulaciones.

Inmediatamente después de finalizar el acto oficial y recuperarse de las convulsiones, que en esta ocasión fueron menos pronunciadas, Merkel, que el próximo día 17 cumplirá 65 años, quiso salir al paso de la controversia al asegurar que se encontraba «bien» y que no era «necesario preocuparse por ella». «Dije recientemente que todavía me encuentro en una fase de procesamiento del primer incidente. Aparentemente no está finalizado del todo, pero hay progresos y tendré que vivir con ello un tiempo», añadió.

Sin embargo, sus palabras no acaban con la incertidumbre y el temor por su estado aumenta. Porque ha ocurrido otra vez durante el transcurso de la interpretación de los himnos nacionales de una ceremonia, como la primera vez que padeció espasmos, el 18 de junio, cuando recibió al nuevo presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.

La explicación oficial lo atribuyó entonces a un golpe de calor. La propia líder cristianodemócrata explicó que todo se solucionó después de beber tres vasos de agua e hidratar su cuerpo. La versión oficial volvió a recurrir ayer al mismo argumento y señaló «un déficit de líquidos» como explicación al incidente.

Pero nueve días más tarde de la aparición de este problema volvió a protagonizar una situación similar durante el nombramiento de la nueva ministra de Justicia, Christine Lambrecht, en una sala del palacio Bellevue, sede presidencial. A Merkel le ofrecieron de nuevo agua, que rechazó. Cuando pudo moverse, los temblores desaparecieron. Después, se dirigió al Bundestag, donde apareció sonriente y relajada, y a continuación voló a Osaka para participar en el cumbre del G-20 de finales de mes.

En la ciudad nipona ofreció una rueda de prensa para intentar frenar las especulaciones. «Estoy convencida de que de la misma manera que esta reacción hizo su aparición, también volverá a desaparecer», dijo cuando se le preguntó si había consultado a un médico. «Entiendo el sentido de la pregunta, pero no tengo nada especial que informar. Me siento bien», agregó.

Última legislatura

No parece convincente el argumento de la deshidratación y, poco a poco, se pone en tela de juicio. Salvo en el primer caso, cuando Merkel se encontraba bajo el sol, a temperaturas muy elevadas, las circunstancias en los otros dos no han sido extraordinarias.

Por lo tanto, los medios germanos mantienen la inquietud por si padece alguna enfermedad que le impidiese continuar en el cargo. Merkel llegó al poder en 2005 y fue reelegida para un cuarto mandato tras los comicios generales del pasado 2017. La canciller anunció el pasado octubre que esta será su última legislatura. Hasta entonces, según sostienen desde su Gabinete, se encuentra «capacitada» para cumplir con sus obligaciones.

Algunas fuentes médicas divisan en sus espasmos un problema psicológico y apuntan a un fenómeno conocido como 'miedo al miedo', simplemente sufrir miedo de tener miedo. En su caso, temor a padecer los temblores en actos públicos, lo que le generaría una ansiedad que le impide controlar las inesperadas convulsiones.