«El sueño de Xi Jinping es la pesadilla de Donald Trump»

Ríos acaba de publicar 'La China de Xi Jinging. De la amarga decadencia a la modernización soñada'. :: r. c./
Ríos acaba de publicar 'La China de Xi Jinging. De la amarga decadencia a la modernización soñada'. :: r. c.

La modernización de China que se ha impuesto su presidente revoluciona los equilibrios en la política y el comercio internacional Xulio Ríos Director del Observatorio de Política China

NEREA AURRECOECHEA

«Xi Jinping ha sacudido los cimientos de la política china en todos los órdenes», dice Xulio Ríos en el inicio de su último ensayo, 'La China de Xi Jinging. De la amarga decadencia a la modernización soñada'. El reto del presidente es convertir al país en una potencia tecnológica, con un papel relevante en el sistema internacional y con una sociedad acomodada. Para ello ha conseguido plenos poderes y un mandato sin límite temporal.

-Después de cinco años de gobierno y una política centrada en la modernización, ¿qué está cambiando en la China de Xi?

-China vive una nueva oleada de cambios, diría que un tercer tiempo del proceso iniciado en 1949. La plasmación de un nuevo modelo de desarrollo supondrá el adiós al 'taller del mundo'. También en lo social se aventuran cambios históricos.

-¿Se renunciará algún día a la tutela de un Partido Comunista hegemónico y una presidencia 'eterna'?

-La eliminación del límite de mandatos ha supuesto un importante desgaste para Xi. Veremos qué recorrido tiene en el futuro inmediato. En cualquier caso, en la agenda no figura la transformación sustancial del modelo político.

-¿Qué destacaría de Xi como político?

-Xi es un 'príncipe rojo', un 'líder fuerte' que puede trastocar la institucionalidad ideada en su día por Deng Xiaoping para preservar la estabilidad política tras décadas convulsas de maoísmo. Eso puede traer consigo importantes riesgos. Su 'xiísmo' puede dejar una fuerte impronta en la China actual.

-Parece implacable en la lucha contra la corrupción.

-La corrupción carcome la credibilidad del Partido y del sistema. Se lo ha tomado más en serio que otros estableciendo nuevos instrumentos que trascienden el compromiso de tal o cual líder. Y hay un esfuerzo normativo, a modo de 'jaula de regulaciones', para limitar su alcance. Esto le ha granjeado buena popularidad.

-También deberá superar el recelo exterior a la política de derechos humanos y el control de los medios de comunicación.

-Ha echado el cerrojo con más ímpetu si cabe. Ambos aspectos constituyen un hándicap de difícil superación para que China pueda mejorar su imagen en el exterior.

-El segundo país con más multimillonarios del mundo ocupa el número 86 en el Índice de Desarrollo Humano. Una desigualdad con la que Xi quiere acabar. No será fácil.

-Sin duda, le queda un largo trecho y se requieren acciones más decididas. Más de 700 millones de personas han salido de la pobreza pero la cuestión social en su conjunto reclama una mayor atención.

-¿Se puede conseguir el bienestar para 1.500 millones de personas sin perjudicar el medio ambiente?

-Es otro de los retos clave. Por fortuna, aquel principio de 'primero manchar, después limpiar' ha quedado obsoleto. El aumento de la conciencia social y la interdependencia con el exterior sugieren una inflexión en el abordaje de estos problemas.

-Xi visitó España hace unos días. ¿En qué momento se encuentra la relación bilateral?

- Siempre ha habido un buen entendimiento institucional y la relación comercial ha mejorado, aunque con un gran déficit para España. La crisis en España nos ha acercado más; no obstante, creo que falta ambición e iniciativas audaces, nos puede la agenda interna y las inercias.

-¿Qué efecto puede tener el 'Brexit' en la relación de la UE con China?

-China no quería el 'Brexit' pero ha adaptado su estrategia rápidamente. Le interesa una buena relación con la UE, especialmente a la vista de las diferencias con Washington. Pero tampoco el entendimiento con Bruselas le será fácil. Hay mucho en juego.

-¿Y los choques con Estados Unidos?

-La desconfianza estratégica vive momentos álgidos. El 'sueño' de Xi es la pesadilla de Trump. Hemos pasado de la cooperación a la contención y la confrontación en un abrir y cerrar de ojos. Más allá de lo comercial, son muchos los frentes abiertos.

-Uno de los retos de Pekín hoy es reforzar su ejército. ¿A qué enemigos teme China?

-Tiene dos asuntos sensibles en perspectiva: Taiwán y el mar de China meridional. Y, a mayores, la hipótesis de un enfrentamiento con Estados Unidos. La ya famosa 'trampa de Tucidides' le sugiere mejorar sus capacidades, que están aún a gran distancia de Estados Unidos.

-Los independentistas de Taiwán acaban de perder las elecciones municipales. ¿Es hoy más posible un acercamiento de la isla al continente?

-Pekín no lo tiene fácil con Taipéi. Habrá que ver qué pasa en 2020 en las presidenciales y legislativas. Pero gobierne quien gobierne en la isla, más del 80% de la población prefiere el statu quo: ni unificación ni independencia. ¿Cómo seducirla...?

 

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