Los socialdemócratas daneses, favoritos en las elecciones

Mette Frederiksen. :: AFP/
Mette Frederiksen. :: AFP

Las encuestas auguran una amplia victoria para Mette Frederiksen, tras virar a la derecha en su discurso sobre los migrantes y refugiados

OLATZ HERNÁNDEZMADRID.

Dinamarca se prepara para un posible cambio de gobierno. Sus casi seis millones de habitantes eligen hoy al que será el próximo primer ministro del país y, a falta de sorpresas, los sondeos auguran una amplia victoria para el Partido Socialdemócrata, con cerca del 27% de los votos. Un triunfo auspiciado por el giro a la derecha que ha dado el partido liderado por Mette Frederiksen en materia de inmigración.

En las elecciones generales de 2015, los socialdemócratas también ganaron los comicios, con el 26,3% de los votos. Sin embargo, la suma de escaños del bloque de derechas permitió la formación de un gobierno liberal- conservador, con Lars Løkke Rasmussen a la cabeza. El apoyo de los ultraderechistas del Partido Popular Danés (PPD) fue clave, ya que consiguieron un 21,1% de los votos y fueron las segunda fuerza más votada.

En estos comicios, el panorama ha cambiado de forma drástica. Las encuestas prevén una caída de hasta diez puntos del PPD. El partido de ultraderecha se ha visto muy perjudicado después de que se viera envuelto en un escándalo sobre uso irregular de fondos europeos en 2016. Además, la aparición de otros dos partidos más radicales -Línea Dura y La Nueva Derecha- atraerán a parte de sus votantes.

Los socialdemócratas también han captado a parte de su electorado con su giro a la derecha en las políticas de inmigración. El partido de Frederiksen ha apoyado desde la oposición todas las leyes dirigidas a restringir los derechos de inmigrantes y refugiados. Entre las nuevas medias, hay algunas tan polémicas como la ley que prohibe el uso del burka y del nicab en todo el país, la petición de establecer un cupo de «inmigrantes no occidentales» o una política de asilo basada en la repatriación.

Purga dentro del partido

Frederiksen ha tenido mano dura con aquellos que han expresado opiniones contrarias dentro de su partido, relegándolos a puestos inferiores. La exministra, Mete Gjerskov, fue una de las víctimas de esta purga. Se opuso públicamente a la prohibición del burka y su partido apoyó a otra candidata para ocupar su escaño.

Este giro se ha visto como una estrategia de los socialdemócratas para lograr el poder, pero preocupa especialmente a sus posibles aliados de centro-izquierda. Formaciones pequeñas como el Partido Socialista y la Alianza Roja y Verde mejorarán sus resultados por su posicionamiento sobre el cambio climático. De hecho, el medio ambiente es ya la cuestión que más preocupa a los daneses, por delante de la inmigración y del estado del bienestar.

A falta de los resultados de los comicios, los socialdemócratas confían en lograr los votos suficientes para gobernar en solitario. Frederiksen aspira a convertirse en la primera ministra más joven del país con una victoria amplia, que le permitiría buscar apoyos de ambos bandos, según sus intereses: pactos con la derecha en cuestiones de política migratoria y con la izquierda en los aspectos económicos.