Rusia, Irán y Turquía deciden el futuro del bastión sirio de Al-Qaida

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL JERUSALÉN.

Idlib mira a Teherán, donde el presidente de la república islámica, Hasán Rohani, recibe a Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan para negociar el futuro de la última provincia que queda fuera del control del Gobierno de Damasco y está en manos del brazo sirio de Al-Qaida. Rusos e iraníes, principales aliados militares y diplomáticos del presidente Bashar el-Asad ultiman los detalles para una ofensiva con la que buscan acabar con «el furúnculo terrorista» que allí se ha formado, según palabras del ministro de Exteriores del Kremlin, Serguéi Lavrov.

Erdogan, sin embargo, confía en lograr «un resultado positivo» en la cumbre de Teherán para «prevenir acciones desproporcionadas del régimen (sirio) contra los habitantes de esa región». La reunión se celebra tras las advertencias de Naciones Unidas, que teme que una ofensiva del Ejército de El-Asad y sus fuerzas aliadas desplace a hasta 800.000 personas.

Rusia, Irán y Turquía lideran el bautizado como 'Proceso de Astana' que arrancó en diciembre de 2016 de forma paralela al proceso de paz apadrinado por la ONU en Ginebra y que ha resultado mucho más efectivo. Moscú y Teherán representan los intereses de El-Asad, mientras que Ankara defiende a los grupos armados con los que ha cooperado desde 2011 para intentar impulsar un cambio de régimen.

A la espera de lo que puedan dar de sí las negociaciones en la capital iraní sobre Idlib, cientos de civiles ya han huido en los últimos días de las aldeas de la zona sureste de esta provincia norteña, fronteriza con Turquía y que está bajo el control del brazo sirio de Al-Qaida. Los civiles intentan buscar refugio en el cantón kurdo de Afrín, ocupado por las fuerzas del país otomano desde comienzos de año, y en las zonas con presencia opositora de la provincia de Alepo.

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