Pompa británica para halagar a Trump

Isabel II dio la bienvenida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la entrada del Palacio de Buckingham. :: victoria jones / afp/
Isabel II dio la bienvenida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la entrada del Palacio de Buckingham. :: victoria jones / afp

Una jornada de ceremonias reales colma la vanidad del presidente de EE UU, que hoy se reunirá con May y empresarios

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

Un banquete ofrecido por la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham es un despliegue de artesanías preciosas. Cristalería y porcelana, candelabros, centros florales, música de cámara mientras los 170 invitados van tomando asiento en la mesa oficial en forma de herradura. Gaiteros acompañan la retirada posterior de los comensales hacia el salón palaciego donde se les ofrece café y petit-fours.

El menú de salmón, venado, pastel de manzana y frutas sigue los patrones establecidos por August Escofier para la cocina de los grandes hoteles en el principio del siglo XX. Al cabo de hora y media, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quizás sintió la satisfacción de haber llevado a todos sus hijos adultos hasta esta cumbre de la pompa aristocrática y ya en su residencia, la del embajador de Estados Unidos en Reino Unido, pudo desabotonarse el frac y pedir al fin una hamburguesa.

No todos los presidentes de Estados Unidos han sido invitados a una visita de Estado y quienes fueron agasajados con la sucesión de ceremonias en las que la corona es protagonista recibieron ese reconocimiento al final de sus mandatos. Trump, que provoca opiniones tan contrapuestas, fue invitado por Theresa May en los primeros compases de su relación con un presidente cuyo apoyo necesitaba, para compensar debilidades diplomáticas en la transición hacia el 'Brexit'.

La casualidad ha querido que en esta visita de Estado el presidente no resida en el Palacio de Buckingham, porque la residencia oficial de la reina está en obras para reformar, entre otras cosas, el sistema de calderas. Tampoco se incluye en las visitas de los mandatarios de Estados Unidos el espectacular recorrido en coche de caballos descubierto, porque los servicios de seguridad de Washington lo consideran un riesgo excesivo.

El país donde nació su madre

Con esas limitaciones ya establecidas, Donald Trump y la primera dama, Melania, aterrizaron en el aeropuerto de Stansted, al nordeste de Londres. Desde allí se desplazaron en helicóptero a la residencia de los embajadores americanos en Londres, la bella mansión Winfield House, vecina de la Mezquita Central en el parque del Regente. Y de allí al palacio real, donde almorzaron con la reina y el duque de Edimburgo.

Una visita a la Abadía de Westminster, donde los dignatarios visitantes, acompañados por el príncipe Andrés, depositaron una corona de flores en la tumba del soldado desconocido, y el té de las cinco con el príncipe de Gales, Carlos, y Camilla, duquesa de Cornwall, ocuparon a los Trump, que descansaron un par de horas antes del banquete real que culminó la oferta de pompa a un presidente que ha expresado su afecto personal por el país en el que nació su madre.

El presidente compartirá esta mañana con Theresa May un desayuno con empresarios de ambos países -más de un centenar de compañías estadounidenses participan en la gran feria europea de ciberseguridad que se celebra estos días en Londres- y ambos se reunirán después y ofrecerán una rueda de prensa conjunta en el 10 de Downing Street. Una cena que tendrá como escenario esta vez Winfield House marcará el cierre de la agenda publicada.

La visita de Estado coincide con las conmemoraciones, el miércoles y el jueves, a ambos lados del Canal de la Mancha, del desembarco en las playas de Normandía por tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.