Nueva Zelanda cambiará su ley de armas

El dolor de los más duros. Dos miembros de una banda callejera de Christchurch, con integrantes maoríes, en uno de los homenajes a las víctimas. /  MICHAEL BRADLEY / AFP
El dolor de los más duros. Dos miembros de una banda callejera de Christchurch, con integrantes maoríes, en uno de los homenajes a las víctimas. / MICHAEL BRADLEY / AFP

El acusado, Brenton Tarrant, ingresa en prisión por asesinato mientras la policía investiga a otros dos detenidos

PABLO M. DÍEZ CHRISTCHURCH (NUEVA ZELANDA).

Con 50 muertos y medio centenar de heridos, la masacre en las dos mezquitas de Christchurch no solo ha conmocionado a la sociedad neozelandesa, sino que le ha abierto los ojos ante un problema que hasta ahora permanecía oculto: la posesión de armas. Aunque Nueva Zelanda es uno de los países más seguros del mundo, es también uno de los más armados por su peculiar legislación, tan permisiva que facilitó a un extranjero como Brenton Tarrant -australiano- adquirir los fusiles de asalto con los que cometió la carnicería del viernes.

Debido al fuerte impacto que ha causado el atentado, la primera ministra, Jacinda Ardern, se apresuró a anunciar que cambiarán la ley de armas. «El simple hecho de que este individuo haya obtenido un permiso y luego adquirido armas de ese tipo... La gente buscará un cambio y yo me comprometo a ello», señaló sin dar detalles. Tal y como recordó, «ha habido intentos de cambiar nuestras leyes en 2005, 2012 y, tras una investigación, en 2017. Ahora es el momento». Según la BBC, el fiscal general del Estado, David Parker, avanzó que el Gobierno buscará prohibir las armas semiautomáticas, pero todavía no se ha tomado ninguna decisión.

Los intentos anteriores por endurecer la ley de armas fracasaron por la tradición que tiene la caza en este país. Con solo 4,2 millones de habitantes, la Policía calculó en 2016 que había 1,2 millones de armas de fuego legales, lo que sale a cuatro por persona. El motivo es bien sencillo: una persona que tenga un permiso en regla pueda comprar las que quiera sin necesidad de registrarlas, lo que convierte a Nueva Zelanda en uno de los pocos países con un control demasiado laxo sobre un asunto tan espinoso. Además, la edad mínima para poseer un arma es de 16 años y, en el caso de armas semiautomáticas de estilo militar, los 18. Para obtener el permiso hay que pasar una serie de exámenes médicos y psicológicos y se comprueban también los antecedentes penales y las posibles adicciones. Si el dictamen es positivo, se pueden comprar todas las armas que uno quiera. Por ese motivo, la policía no sabe con exactitud cuántas hay en el país, ya que la mayoría no están registradas. A tenor de las cifras oficiales, en junio del año pasado había 246.952 armas registradas, incluyendo las de los vendedores. El año anterior, de las 43.509 personas que solicitaron un permiso de armas, lo consiguieron 43.321.

Uno de ellos fue Brenton Tarrant, quien lo obtuvo en noviembre de 2017 y jamás despertó ninguna sospecha entre los servicios de seguridad de Nueva Zelanda ni de su país natal, Australia. Tras viajar por Europa para alimentar su discurso antimusulmán y contra los inmigrantes, ha protagonizado a sus 28 años el mayor atentado terrorista que ha sacudido a este país. Hasta el viernes, cuando atacó las dos mezquitas, la mayor masacre ocurrida en Nueva Zelanda se remontaba a 1990, cuando 13 personas fueron asesinadas en un tiroteo en el pueblo costero de Aramoana, también en la isla sur. Aquella matanza forzó una enmienda en el Acta de Armas restringiendo las semiautomáticas de estilo militar, pero el Parlamento no las prohibió totalmente y Brenton Tarrant pudo comprarlas gracias a su licencia en vigor.

Gesto supremacista

Sonriendo ante las cámaras, visiblemente orgulloso de su carnicería, el joven compareció ayer en el tribunal del distrito de Christchurch. Custodiado por dos agentes, esposado y ataviado con un uniforme blanco, en el vídeo emitido por las televisiones se ve a Tarrant juntando el pulgar y el índice para hacer el gesto típico de los supremacistas blancos, como él mismo se define.

Con su atentado, Torrant pretendía vengar la «invasión musulmana» de Occidente, pese a que en Nueva Zelanda solo suponen el 1,1% del censo. Una cifra todavía baja pero que ha aumentado mucho durante los últimos años por la acogida de refugiados de países en guerra como Siria, Afganistán y Somalia.

«Hay un cargo de asesinato hasta el momento, pero es razonable asumir que habrá más», observó el juez Paul Kellar tras leerle la imputación durante la vista, que duró un minuto. En prisión preventiva sin fianza, Torrant tendrá que presentarse de nuevo ante el tribunal el 5 de abril. Para proteger su intimidad, el juez ordenó que se pixelara su rostro en las imágenes difundidas de su comparecencia.

Junto a Torrant, hay otras dos personas detenidas por la policía, que está investigando su implicación en la masacre. A la espera de que se conozcan más detalles, los primeros datos de la investigación apuntan a que fue el propio Torrant quien atacó las dos mezquitas, primero la de Al Noor y, siete minutos después, el Centro Islámico de Linwood, que está a unos cinco kilómetros de distancia. Treinta y seis minutos después del atentado, la policía consiguió detenerlo sacándolo por la fuerza de su coche, ya que se resistió a los agentes. Aunque el jefe de la Policía, Mike Bush, tranquilizó a la población asegurando que «no hay informes de inteligencia sobre amenazas inminentes», sí dejó claro que «eso no significa que no existan porque tenemos una serie de pistas que seguimos investigando».

La policía registró la casa y los vehículos de los detenidos, donde halló artefactos explosivos que los artificieros desactivaron para que no estallaran y causaran todavía más daños. Brenton Tarrant no vivía en Christchurch, sino en la cercana ciudad de Dunedin, la segunda mayor de la isla sur de Nueva Zelanda. Allí residía al menos desde 2017 y, a tenor de sus vecinos, era una persona tranquila a la que le gustaba hablar de sus viajes.

Además, practicaba desde el año pasado el tiro en un club cercano con un fusil AR-15 y un rifle de caza. «Parecía tan normal como cualquiera y nunca había dicho nada en contra de los musulmanes», explicó el vicepresidente del club.