Moscú ha generado 17.000 focos radiactivos al hundir naves atómicas en el Ártico

Sólo el submarino Komsomólets, que naufragó hace treinta años, emite niveles 100.000 veces por encima de los admisibles

R. M. MAÑUECOMOSCÚ.

Especialistas noruegos han vuelto a hacer mediciones donde yace hundido el submarino nuclear soviético K-278 Komsomólets y han detectado que el navío emite niveles de radiactividad 100.000 veces superiores a los admisibles. La nave, que se encuentra actualmente a una profundidad de 1.665 metros, se fue a pique el 7 de abril de 1989 a 500 kilómetros al norte de las costas noruegas, muy cerca de las islas Svalbard, como consecuencia del incendio causado en la sala de máquinas por un cortocircuito. En el siniestro perecieron 42 de los 69 miembros de la tripulación.

El plutonio de la cabezas de dos de sus misiles y el uranio de los reactores atómicos son la fuente de la emisiones pese a que en su día se llevaron a cabo trabajos en la profundidades para aislar los compartimentos afectados. El entorno es una importante zona de pesca.

La expedición para verificar los niveles de radiación en el mar de Bárents arrancó a comienzos de mes a bordo del buque G.O. Sars. Se pudo filmar el pecio del sumergible, comprobar su estado y medir la radiación gracias un batiscafo no tripulado. Fue entonces cuando se comprobó que alcanza las cotas más altas detectadas hasta ahora. «Los niveles que encontramos marcan 100 becquerels (Bq) por litro», declaró Hilde Elise Heldal, responsable de la expedición. Según sus palabras, ya en 2007, durante otras comprobaciones, se detectaron emisiones radiactivas, pero no tan intensas.

El Komsomólets fue construido en los astilleros militares de Severodvinsk (región de Arjánguelsk). La embarcación fue dotada del sistema de propulsión atómica más potente de entonces, de un costoso casco de titanio y de un motor que le permitía desarrollar altas velocidades. Llegó a batir el récord de inmersión en 1985 (1.027 metros).

Este submarino no es el único peligro radiactivo que yace en el fondo de los mares. Hasta 1992, fecha en la que la Convención de Londres prohibió los vertidos de sustancias radiactivas, la antigua URSS sepultó en los mares de Bárents y Kara todo tipo de artefactos nucleares como submarinos enteros y numerosos reactores, uno de ellos perteneciente al rompehielos Lenin, el primero construido por Moscú.

Según la organización ecologista Bellona, la Armada producía en los 90 más de 20.000 metros cúbicos de residuos radiactivos líquidos y 6.000 toneladas de sólidos al año, inicialmente almacenados en los depósitos de la isla de Nóvaya Zemliá y cerca de Vladivostok, en el extremo oriental ruso. Ambos sumideros alcanzaron su límite de capacidad y los desechos fueron trasladados a distintos cementerios desperdigados por toda la geografía de Rusia o arrojados directamente al mar.