Un malagueño entre los afectados: «Se zarandeó el edificio y comenzaron a caer cascotes»

I. UGALDE

A José María Sánchez, un malagueño de 39 años, le resultará difícil olvidar sus vacaciones en Indonesia, sobre todo después del gran susto que se llevó el domingo cuando le sorprendió, al atardecer, el terremoto que sacudió la isla de Lombok. «Estábamos en Senggigi -en la costa oeste-, a unos 300 metros de la playa. Acabábamos de llegar al hotel cuando vino el primer temblor, el más fuerte de todos. Se zarandeó el edificio entero y comenzaron a caer cascotes», contaba ayer, en conversación por Twitter, mientras esperaba a ser evacuado junto a otros 200 españoles en el aeropuerto de Mataram.

Cuando la tierra comenzó a temblar, el primer instinto de Sánchez fue buscar un sitio seguro donde evitar el impacto de algún objeto. «Como la piscina era el único lugar sin techo, nos lanzamos unos pocos», recuerda. La aventura, sin embargo, no había hecho más que empezar y requirió de mucha improvisación por parte de los turistas ya que, como contó el malagueño, el personal del hotel «desapareció» tras el seísmo. No les quedó más remedio que organizarse entre todos, con la ayuda de vecinos.

«Llegamos a un descampado donde pasar la noche. Allí la red se iba y venía. Conseguimos hablar con las familias y tranquilizarlos», explicaba Sánchez, sin olvidar que apenas pudieron pegar ojo porque hubo «decenas de réplicas, alguna bastante fuerte también». En cuanto amaneció, consiguieron poner rumbo al aeropuerto de Mataram mientras en playas de la isla de Lombok cientos de extranjeros y habitantes locales se agolpaban para ser llevados en barco a zonas seguras.

Sánchez y los turistas que le acompañaban arribaron al aeródromo a las 8.00 de la mañana. «Conseguimos subir al autobús lanzadera con la ayuda de algún local», precisó. Una vez allí, las autoridades indonesias se encargaban de organizar por nacionalidades a los viajeros, explicó el malagueño, quien se mostraba relativamente tranquilo, a pesar del susto y alguna herida leve. «Creo que tengo roto un dedo del pie, y se ven muchas torceduras y magulladuras», afirmó.

El seísmo también se sintió en la isla Gili Air, donde trabaja como cocinera en uno de los establecimientos turísticos la española Laura Rodrigo. «Hemos decidido quedarnos pero todos se han ido a Lombok a ver a las familias. No hay ni militares ni nadie que nos pueda ayudar, solo está la gente de los centros de buceo que tenían barco. Nos vamos a resguardar por si hay otro terremoto y mañana -por hoy- a ver si podemos tener alguna solución», advertía en Facebook.

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