El magnate del café podría medirse con Trump en las próximas elecciones

El magnate del café podría medirse con Trump en las próximas elecciones

Howard Schultz, el hombre que encumbró Starbucks, ha confesado que no descarta hacerlo, aunque antes recorrerá el país para promocionar su nuevo libro

IRMA CUESTA

Howard Schultz, el hombre que encumbró Starbucks, anda hoy dándole vueltas a la idea de presentar batalla a Donald Trump en las próximas elecciones. Suele contar que aún siente la mano de su madre agarrándole mientras escuchaban a John F. Kennedy hablar del sueño americano. Puede que fuera aquel discurso, o que le valiera con ver a su madre emocionada ante el entonces presidente de los Estados Unidos, pero el hecho es que pocos representan mejor que él hasta dónde se puede llegar guiado por la fe en uno mismo.

Schultz, a quien se le atribuye una fortuna personal de 6.700 millones de euros, nació en 1953 en el seno de una familia judía y creció en Bayview Projects, un barrio de Nueva York en el que se establecieron miles de inmigrantes italianos en el periodo de entreguerras. Él mismo ha contado que el destino llevó allí a los Schultz, a un edificio reservado para quienes no tenían opción de pagar un alquiler, cuando su padre, un antiguo soldado reconvertido en repartidor de pañales, se rompió un tobillo y se quedó sin trabajo.

Cuando le preguntan, el magnate del café define a su padre como un hombre honesto que trabajó duro, que nunca ganó más de 20.000 dólares al año y que, con tres niños que alimentar, nunca pudo comprarse una casa. «Cuando en 1961 se rompió el tobillo, yo tenía ocho años. Aquello significó que no podía ir a trabajar. Mi madre, embarazada de siete meses en ese momento, tampoco podía, así que, cuando los cobradores llamaban, mis hermanos y yo teníamos la orden de levantar el teléfono y simular que nuestros padres no estaban en casa».

Buen jugador de fútbol americano, fue a la universidad gracias a una beca deportiva

Es probable que fuera entonces cuando Howard, que por aquella época pasaba el tiempo haciendo deporte con los colegas del barrio, decidió encontrar la manera de salir de aquel agujero. El caso es que el joven Schultz destacó lo suficiente jugando a fútbol americano en el campo del colegio como para que una beca le permitiera graduarse en la Northern Michigan University y convertirse en el primer miembro de la familia en obtener un título académico.

Un viaje revelador

Dicen que Schultz no habría dedicado buena parte de su vida a levantar el imperio de la sirenita de doble cola si no hubiera realizado un viaje a Italia que le marcaría para siempre. Antes de desembarcar en Starbucks, el joven llamado a amasar una de las más grandes fortunas de América trabajó en el departamento de ventas de Xerox y en Hammarplast, una empresa sueca de artículos para el hogar. Intrigado con la cantidad de cafeteras que compraba una compañía de Seattle llamada Starbucks Coffee Tea and Spice Company, decidió conocerla. «Cuando entré en la tienda por primera vez sentí que estaba en casa. No puedo explicarlo, pero el producto me habló. Conocí a los fundadores de la compañía y pensé: Dios, esto es lo que he estado buscando durante toda mi vida profesional». No podía imaginar hasta qué punto aquella empresa, cuyo nombre rendía tributo al 'Moby Dick' de Herman Melville y al primer oficial del famoso ballenero 'Pequod', quedaría ligada a él para siempre.

Perfil

Amor al deporte:
Gran deportista, fue propietario de los Seattle SuperSonics de baloncesto.

El resto ya es historia. Schultz dejó Nueva York y se instaló en Seattle para unirse a Starbucks en 1982 como director de operaciones cuando la empresa sólo tenía cuatro tiendas. Un año después, en un viaje a Milán, descubrió lo increíblemente bien que uno puede sentirse sentado en una cafetería ante una buena taza de café. Cuando volvió a Estados Unidos, fundó su propia cadena con el nombre de Il Giornale hasta que, en 1987, regresó a Seattle para comprar Starbucks con la ayuda de varios inversores.

Treinta años después, cada mañana abren sus puertas 28.000 establecimientos Starbucks en 77 países que dan trabajo a cerca de 350.000 personas. «Quería que sucediera. Tomé las riendas de mi vida, aprendí de quien podía, aproveché las oportunidades que pude y moldeé mi éxito paso a paso», explicó Schultz el año pasado cuando anunció su salida de la compañía, confesando que todavía se siente como un niño de Brooklyn que creció en una vivienda pública y que apostó por vivir el sueño americano.

Aquel día, el empresario se despidió con un rotundo: «Todavía tengo sueños». Sus palabras alimentaron los rumores que le señalaban como posible candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Él mismo ha confesado que no descarta hacerlo, aunque antes recorrerá el país para promocionar su nuevo libro: 'Desde cero: un viaje para volver a imaginar la promesa de América'.