Johnson celebra su ventaja para liderar a los 'tories' con un bronca con su novia

Johnson conduce su coche en compañía de su novia (arriba) tras la jornada electoral del 26 de mayo. :: Simon Dawson / reuters/
Johnson conduce su coche en compañía de su novia (arriba) tras la jornada electoral del 26 de mayo. :: Simon Dawson / reuters

El favorito en la carrera para sustituir a May no aclara el incidente en casa de su pareja, que alertó a los vecinos y obligó a actuar a la Policía

ÍÑIGO GURRUCHAGALONDRES.

Típico de Boris Johnson. Seis horas después de que el viernes pasado se anunciase en la sala del comité 14 de la Cámara de los Comunes que había obtenido el apoyo de más de la mayoría absoluta de diputados conservadores y que será, con gran probabilidad, el próximo primer ministro, el presumible también nuevo líder tory arrojó vino en el sofá de su pareja y tuvo en casa de ella una monumental bronca que llegó hasta la Policía y a los periódicos. Johnson irradia magnetismo hacia las portadas. Esta vez se la facilitó a 'The Guardian' algún vecino con inquietudes.

La mujer que confiesa haber grabado los gritos y los ruidos que provenían del piso contiguo de la primera planta del edificio utilizó también su móvil para registrar un incidente en la calle. Su intención, dijo, era ayudar a la Policía, a la que requirió después de oír un 'bang' seguido de silencio y tras llamar tres veces a la puerta de la pareja sin que nadie le abriera.

En su relato la mujer no menciona que también se puso en contacto con 'The Guardian'. Describió en singular y con un 'nosotros' lo que se oyó y lo que hicieron Johnson y su novia, Carrie Symonds. La vecina de ambos no se identificó y se declaró ajena a los partidos políticos. Ocultó su llamada o protegió a alguien que también habita en su piso. O a algún otro vecino -los de los pisos de la segunda planta, los de otras casas, también oyeron la bronca, y también grabaron y llamaron-.

¿Sería el gran ruido, como de cristales rotos, el del impacto del ordenador portátil de Johnson contra una pared después de que se le oyera exigir a su pareja que no lo tocase? Es una de las preguntas sin respuesta de este caso. Pero hay otras: ¿A quién no le han descacharrado el ordenador tras verter vino en un sofá? Alguna tiene respuesta: ¿Puede un primer ministro vivir así?

Un barrio a la contra

Los conservadores han extraído una conclusión principal de este último episodio de su líder carismático: vete de Camberwell, Boris. El barrio del sudeste de Londres es una combinación típica del sur de Támesis -menos fino que el norte, según quienes no conocen algunas zonas del norte-, que combina áreas de vivienda social con urbanismo brutal y restos de la ciudad antigua, menos poblada.

El piso de Symonds, de 31 años, es el resultado de dividir una casa construida en el siglo XIX. Es caro, pero Camberwell elige diputados laboristas y votó con una gran mayoría en favor de la permanencia en la UE. Algunos activistas que habían detectado la presencia de Johnson, de 55 años, habían colocado carteles contra su presencia en el barrio. Johnson compareció ayer en Birmingham, en la primera de las asambleas del Partido Conservador para escuchar a los dos candidatos a sustituir a Theresa May antes de votar. Cuando le preguntaron a ella qué acto rebelde había perpetrado en su vida contestó que «atravesar un campo de heno». La especulación sobre la vida del otro candidato, Jeremy Hunt, es salvaje desde que en una visita a China dijo que su mujer es china, cuando es japonesa.

Un Johnson renovado subió al escenario del Centro Internacional de Convenciones de Birmingham. Se achaca a la influencia de Symonds el abandono por parte del político de una dieta abundante en queso y chorizo, sustituida por desayunos con cereales y fruta. Ha adelgazado y se peina. Pero, poco después de iniciar su discurso, revolvió su pelo como acostumbraba, acuñando la estampa de rico destartalado que tanto gusta al público.

A medianoche

Sea porque la relación con Symonds no sobrevivirá la bronca de la medianoche del viernes o porque esta fase de la elección le da más libertad que la campaña para ganar votos de sus colegas de escaño -entre los que no había sido nunca popular, porque saben que el desaliño, el tartamudeo y las citas en latín son puro teatro-, Johnson se soltó el pelo y la lengua en Birmingham.

Ian Dale, periodista y editor conservador que entrevistó a los candidatos, desistió tras la tercera pregunta sobre el incidente y los abucheos de la sala. Johnson respondió a las tres presentándose como político que hace lo que promete, hablando de educación o de infraestructuras. Cuando, ya rendido, Dale confirmó que es obviamente posible marcharse de la UE el 31 de octubre, Johnson estalló: «¡Ése es el espíritu!» Y le prometió un ministerio. La sala rió, y eso son votos.

La sala 14 del pasillo de comités del Parlamento, donde han votado los diputados conservadores en el proceso electoral de dos semanas, les recordaba que los partidos desaparecen. Entraban por una puerta precedida por los retratos de Herbert Asquith y Lloyd George, salían por otra junto a un busto de William Gladstone. Fueron los últimos primeros ministros liberales.

'La extraña muerte de la Inglaterra liberal' es el título de un libro de George Dangerfield y una expresión que se recicla constantemente cambiando la última palabra. «Son días oscuros para nuestro partido», dijo Johnson en el inicio de su discurso a la asamblea conservadora. Antes habría dicho a diputados en la Cámara de los Comunes que corre peligro de extinción.

Las razones son obvias. Si los liberales murieron a principios del siglo XX, entre otras razones por la emergencia del laborismo, a los conservadores les ha crecido un Partido del 'brexit' más nacionalista y sus potenciales líderes proponen negociaciones con la UE que parecen imposibles y deben concluir en un plazo brevísimo. De su líder más popular no se sabe ahora si tiene casa, novia, ordenador; solo que celebra sus triunfos con vino que derrama en el sofá.