Indonesia calcula 5.000 desaparecidos por el terremoto

Una joven recupera un peluche entre los restos de su casa. :: reuters/
Una joven recupera un peluche entre los restos de su casa. :: reuters

Se cree que la mayoría de las personas cuyo paradero se desconoce estarían enterradas bajo las avalanchas de lodo en Petobo y Balaroa

PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL PALU (INDONESIA).

Sin perder la esperanza de hallarlo con vida, Rafli lleva más de una semana pegando carteles de su hijo Al Ghazali, de dos años, en las ruinas de Palu, la zona cero del tsunami de Indonesia. Cuando sus olas de hasta seis metros golpearon el 28 de septiembre esta ciudad de la isla de Célebes, el bebé estaba con su madre, su hermana y otros familiares en el enclave costero de Nomoni. «Mi esposa murió y su cuerpo fue recuperado, pero todavía no sabemos nada del pequeño», contaba ayer a este diario el padre mientras ponía ante las puertas de un cajero automático una foto del niño, que aparece con un traje tradicional y sosteniendo un móvil entre las manos.

«Estoy seguro de que mi hijo está vivo. Creo que alguien lo salvó y se lo llevó», trata de convencerse a sí mismo Rafli, quien a sus 33 años trabaja para una empresa de alimentación y estaba en viaje de negocios en otra ciudad cuando ocurrió la catástrofe. Tras regresar a toda prisa al día siguiente, se encontró muerta a su esposa, Nur Arini, y herida a su hija Khalifah, de cinco años. Nadando entre los escombros que arrastraba el tsunami, la niña consiguió salvarse junto a otros tres familiares, pero su hermanito y tres parientes más siguen desaparecidos.

Diez días después de la tragedia, se han contabilizado ya 1.763 fallecidos y más de 2.500 heridos, pero aún quedan muchas personas por localizar y se teme que hayan perecido. Podrían ser hasta 5.000, según anunció ayer el portavoz de la Agencia Nacional para la Lucha contra las Catástrofes, Sutopo Purwo Nugroho. Tal y como informa France Presse, la mayoría estarían enterrados bajo el barro en los pueblos de Petobo y Balaroa, engullidos por unos corrimientos de tierra que se formaron cuando el seísmo derritió el suelo en un aterrador fenómeno físico llamado licuefacción.

De confirmarse la cifra, muy superior al millar de desaparecidos que hasta ahora barajaban las autoridades, la mortalidad de este desastre se dispararía hasta cerca de 7.000 fallecidos. A la espera de conocerse el número, las tareas de búsqueda y rescate continuarán hasta el jueves, pero pocos creen ya en el milagro de hallar a alguien con vida.

 

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