Guaidó pone a cien la esperanza de los venezolanos y llama al «fin de la usurpación»

Leopoldo López, que horas antes había abandonado su arresto domiciliario, saluda a los manifestantes junto a Juan Guaidó, subidos a un coche en Caracas. :: Cristian HERNANDEZ / AFP
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Leopoldo López, que horas antes había abandonado su arresto domiciliario, saluda a los manifestantes junto a Juan Guaidó, subidos a un coche en Caracas. :: Cristian HERNANDEZ / AFP

La liberación de Leopoldo López, el opositor en arresto domiciliario, abre una nueva movilización contra Maduro

DAGOBERTO ESCORCIA BOGOTÁ.

El Día de los Trabajadores, el 1 de Mayo, comenzó a celebrarse el 30 de abril en Venezuela con una explosión verbal que llevaba colores de ilusión y presagiaba libertad. La liberación de Leopoldo López, político opositor al régimen chavista que cumplía una pena de arresto domiciliario, sin que lo impidieran sus vigilantes, había servido de detonante para que la sangre fría de Juan Guaidó, presidente encargado y líder opositor a Nicolás Maduro, hirviera y adelantara todos sus planes.

No había salido el sol todavía cuando los venezolanos ya estaban siendo convocados a salir a las calles para acompañar a un grupo de militares de la base aérea de La Carlota, la más importante de las Fuerzas Bolivarianas -situada en el este de Caracas-, que se habían levantado para apoyar a Juan Guaidó en su campaña para acabar con lo que el 'presidente encargado' ha definido como «el fin de la usurpación» de Nicolás Maduro al frente del Gobierno de este país. La llamada de Guaidó a las Fuerzas Armadas fue calificada por algunos como golpe de Estado, mientras que partidarios del 'presidente interino' lo llamaron «un acto cívico militar».

Los venezolanos que pueden, acostumbran a tomar un desayuno bastante potente con arepa y huevos revueltos con tomate y cebolla; algunos comen algo más fuerte, con carne deshilachada, frijoles negros y queso rallado. Pero ayer martes acompañaron su desayuno con una declaración de Juan Guaidó que les supo a esperanza con aroma de libertad.

Los militares se resisten a secundar al 'presidente encargado' tras su discurso en la base aérea La Carlota

El líder opositor y presidente de la Asamblea Nacional, a la que Maduro desposeyó de sus poderes, había convocado para el 1 de Mayo manifestaciones en todas las calles de Venezuela. Había anunciado que ese día comenzaría la fase definitiva para el cese de la usurpación y la recuperación del país. Guaidó, sin embargo, adelantó su llamada a la movilización de toda Venezuela, y especialmente a los militares, para que se levantaran en contra de Maduro. Creía, o soñaba, que durante el día el líder chavista iba a ser abandonado.

«En este momento hacemos un gran llamado a los empleados públicos, un componente fundamental no solo para la transición sino para reconstruir Venezuela y recuperar la soberanía nacional, nuestras Fuerzas Armadas». Erigiéndose en legítimo comandante en jefe de las fuerzas militares, Guaidó calificaba de «valientes soldados, valientes patriotas, valientes hombres apegados a la Constitución» a los militares que habían permitido la liberación de López y que parecían levantados contra Maduro.

El 'presidente encargado', con la fuerza del apoyo recibido por más de cincuenta países, aprovechaba esa situación esperanzadora para invitar a toda Venezuela «a activarse, a cubrir las calles». «El 1 de Mayo comenzó hoy, el cese definitivo de la usurpación comenzó hoy. (...) Han sido años de sacrificio, de persecución, incluso de miedo, hoy se vence ese miedo. Hoy (...) convoco a todos los soldados y a toda la familia militar a acompañarnos en esta gesta, en el marco de la Constitución, en el marco de la lucha no violenta que hemos hecho en todo momento». Todo era muy bonito.

Más tarde, desplazado desde La Carlota a la caraqueña plaza de Altamira, y acompañado de Leopoldo López y centenares de seguidores, Guaidó se dirigía a los manifestantes con un mensaje tan claro como contundente: «El cese de la usurpación es irreversible». Pidió más gente en las calles, insistió en llamar al alzamiento de las Fuerzas Armadas, y, sobre todo, sugirió no abandonar las movilizaciones hasta tomar el Palacio de Miraflores.

El amanecer del 30 de abril trajo buenas noticias y llenó de ilusión a los seguidores de Guaidó, pero nadie sabía cómo sería el anochecer. O los próximos días. O cómo será el futuro de Guaidó si no acababa de convencer a los militares para que pasen a su lado y al del pueblo.

Enfrentamientos y heridos

Pero, igual que todo el proceso que ha llevado a Venezuela al caos, a la falta de alimentos y medicamentos, a un éxodo de casi tres millones de personas, el 30 de abril avanzó a paso de tortuga. Los seguidores de Guaidó estaban repletos de ganas de inundar los caminos que llevan al Palacio de Miraflores. No faltaron los enfrentamientos, tampoco la represión ni las ráfagas de disparos, ni los gases lacrimógenos. Pero lo que deseaba el pueblo, que era ver a sus militares abandonando el 'lado oscuro' no se producía ni se iba a concretar. Todo lo contrario.

Imágenes emitidas por manifestantes mostraban cómo una tanqueta del Ejército se lanzaba sobre ciudadanos que ocupaban la autopista principal de Caracas, próxima a la base aérea de La Carlota. Una persona resultó herida en esta acción. Más tarde, las cargas que la Guardia Nacional Bolivariana efectuó contra la marcha liderada por Guaidó y López provocó decenas de heridos. Por parte del Gobierno de Maduro se informaba de un coronel herido de bala. Foro Penal, una ONG venezolana que hace seguimiento de la población penitenciaria, informó de hasta once detenidos en todo el país.

La batalla también se producía en Twitter. Casi cinco horas después de la movilización lanzada por Guaidó Maduro escribió: «¡Nervios de Acero! He conversado con los Comandantes de todas las REDI y ZODI del País, quienes me han manifestado su total lealtad al Pueblo, a la Constitución y a la Patria. Llamo a la máxima movilización popular para asegurar la victoria de la Paz. ¡Venceremos!».

Sus hombres fuertes, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (el Parlamento chavista que desautorizó la legitimidad de la Asamblea Nacional dirigida por Guaidó) anunciaban que el 80% de las Fuerzas Armadas seguían al lado del Gobierno.

La incertidumbre hace dudar a la esperanza. Guaidó sigue hablando del apoyo internacional, ese que muchos venezolanos reclaman ya, pero que solo les llega de forma verbal. No les quedará otro remedio que insistir y resistir.

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