Un exmarine siembra el horror en California

Un exmarine siembra el horror en California

Un veterano de Afganistán asesina a tiros a doce personas en una sala de música countryEntre las víctimas está el sheriff del condado, que entró en el local sin esperar refuerzos y salvó la vida de varios de los clientes

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

'Morir al límite' es un buen nombre para un epitafio, pero ninguno de los cientos de jóvenes que el miércoles por la noche bailaban en el bar country de Thousand Oaks, cerca de Malibú (California), «donde tus botas de cowboy se encuentran con el mar», imaginó que esa pudiera ser la última noche de sus vidas. El exmarine de 28 años que abrió fuego contra ellos alrededor de las 23:20 horas no dijo una palabra.

La noche estaba dedicada a estudiantes universitarios, por lo que la lista de víctimas será desgarradora, pero la historia que más conmovía ayer a los estadounidenses era la de un hombre de uniforme que estaba a punto de jubilarse. El sheriff del condado de Ventura, Ron Hules, fue el primero en entrar, sin esperar refuerzos. Su intervención salvó vidas, y no sólo porque él encajó un puñado de las balas que llevaba Ian David Long para repartir en su masacre, sino porque el cargador de alta capacidad que el asesino incorporó a su arma tenía cabida para 27 balas.

LOS DATOS

En el club 'Pulse' de Orlando perdieron la vida 50 personas. En 'Borsellino', 13. La diferencia es que Long sólo llevaba un pistola Glock del calibre 45, mientras que Omar Matteen, además, empuñaba un rifle semiautomático con el que disparó más de cien balas. No hay duda de que al exmarine le hubiera gustado aumentar la capacidad mortal de su odio, pero en California esos rifles automáticos no están permitidos, como tampoco el cargador de máxima capacidad que portaba.

El portero, primer muerto

Entró por la puerta del sombrero de cowboy y le metió el primer disparo al portero. Después, a la recepcionista y a todos los que la rodeaban, antes de avanzar a tiros hacia la pista de las alforjas luminosas, donde ayer seguía la señal del iWatch de Alaina Housley, una estudiante de 18 años que esa noche salió a bailar con sus amigas. «Mis tripas me dicen que está muerta», confió su tío Adam Housley. La familia todavía no había recibido la noticia, pero costaba pensar que doce horas después la joven no hubiera aparecido, ni el reloj de su muñeca se hubiera movido del local.

A esas horas Jason Coffman ya sabía que Cody, su hijo de 22 años, no conocerá a la hermana que tiene que nacer este mes. Se había pasado la noche mirando por internet la señal de GPS del teléfono de su hijo, que también aparecía inerte en el local de 232 metros cuadrados. «No se mueve», ese es el problema, dijo desgarrado a una televisión a las cinco de la madrugada. Le había sacado de la cama una de las amigas de Cody alrededor de la una para saber si había llegado a casa. Lo último que le dijo esa noche cuando se despidió de él fue «si bebes no conduzcas». Según el Archivo de Gun Violence, el de ayer, fue el 307 tiroteo en EE UU en lo que va de año.

Para algunas de las víctimas la tragedia no era nueva. Habían vuelto a salvar la vida bailando country, tras sobrevivir a la matanza que dejó el año pasado en un concierto de Las Vegas Stephen Paddock, que como Long, se llevó la explicación a la muerte. Todo lo que acertaron a contar sus vecinos es que tenía problemas mentales desde que volvió de Afganistán en 2013, como comprobó la Policía en abril cuando respondió a una llamada telefónica de su madre, que le denunció por ser agresivo y actuar irracionalmente. «Vivía aterrorizada», contó Richard Berge a CNN.

días, del 17 al 20 de octubre, es el periodo más largo sin tiroteos este año, según el censo 'Mass Shooting Tracker'.

personas murieron por armas de fuego en lo que va de año, entre ellos casi 3.000 menores.

es el promedio de tiroteos masivos por día.

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