Del estrépito al silencio en la despedida

R. C.LONDRES.

El silencio y la discreción rodearon la despedida oficial de Theresa May, la dirigente conservadora que ayer soltó el timón de un Reino Unido abducido por el 'brexit'. Desde que llegó a la jefatura del Gobierno de Londres, en las caóticas semanas de julio de 2016 que siguieron al referéndum en el que una estrecha mayoría impuso abandonar la Unión Europea, Theresa Brasier (su apellido de soltera) ligó su destino al cumplimiento de una misión: desvincular a Gran Bretaña del club comunitario. Una tarea presidida por una idea obsesiva -«'brexit' es 'brexit'»- que se empeñó en llevar a cabo enfrentada con Bruselas, de espaldas a la oposición y en medio de una progresiva pérdida de apoyo en su propio partido.

En los tres años en la cima del poder político de Reino Unido de esta licenciada en Oxford de 62 años, que antes había pasado por cargos locales mientras ascendía entre los 'tories' y se precia de ser la mujer que más tiempo dirigió el Ministerio de Interior, prácticamente todas sus decisiones se cuentan por errores. Con el frente del 'brexit' abierto en canal, se empeñó en convocar unas elecciones anticipadas en 2017 que se saldaron con la catastrófica pérdida de la mayoría absoluta para su partido.

Con su capacidad de maniobra en manos de los recalcitrantes unionistas de Irlanda del Norte y una personalidad fría que le valió el apodo de 'Maybot' (May la robot), la 'premier' acabó encerrándose en un modo de proceder del que sólo ella parecía conocer el secreto. Se sucedieron los abandonos de ministros y cercanos colaboradores, los estériles intentos de ver aprobado en el Parlamento el Acuerdo de Salida negociado con la UE en el que ni siquiera ella creía, las prórrogas de una fecha de retirada que ahora está en el próximo 31 de octubre. Un final de trayecto que ella ya no pilotará y que tiñe de «profundo pesar» el adiós de su carrera política.