El Estado Islámico se atribuye la matanza

Iglesia de San Sebastián. Un terrorista suicida, con una enorme mochila, avanza por un pasillo antes de adentrarse entre los bancos y hacerse estallar. /  AFP / CCTV SRI LANKA
Iglesia de San Sebastián. Un terrorista suicida, con una enorme mochila, avanza por un pasillo antes de adentrarse entre los bancos y hacerse estallar. / AFP / CCTV SRI LANKA

El Gobierno de Sri Lanka sigue buscando a terroristas con explosivos, pero no aclara por qué ignoró la alerta de atentados

PABLO M. DÍEZ COLOMBO (SRI LANKA).

Tras los atentados del Domingo de Resurrección contra iglesias y hoteles que se han cobrado ya 321 vidas, Sri Lanka sigue en estado de máxima alerta ante la posibilidad de que haya más ataques o venganzas de los familiares de las víctimas. «Seguimos buscando a los terroristas que han huido con explosivos», reconoció ayer el primer ministro, Ranil Wickremesinghe, en una comparecencia ante los medios retransmitida por la agencia Reuters.

Además, anunció que se está investigando la reivindicación de los atentados que, horas antes, había hecho el autoproclamado Estado Islámico (EI). «Los ejecutores del ataque que tuvo como objetivo a los ciudadanos de los países de la coalición y cristianos anteayer son combatientes del Estado Islámico», aseguró el grupo terrorista en un comunicado difundido por su agencia de propaganda, Amaq.

LA CLAVE

«Creemos que puede haber conexiones con el ISIS», apuntó el primer ministro, quien también señaló que se está investigando a algunos presuntos yihadistas ceilaneses que habrían vuelto a Sri Lanka después de haber luchado para el Califato en Siria o Irak. Aunque los terroristas suicidas y todos los detenidos hasta el momento son nacionales, pertenecientes a la Organización Nacional del Monoteísmo (National Thowheeth Jama'ath), las autoridades no descartan la complicidad de grupos extranjeros.

Varias fuentes aseguran que la Policía supo horas antes que el riesgo de un ataque era inminente

Según explicó ayer al Parlamento el viceministro de Defensa, Ruwan Wijewardene, las primeras pesquisas apuntan a otro movimiento islamista radical poco conocido de India que fue creado el año pasado y responde a las siglas JMI, informó France Presse. Dicho grupo tendría otra red en Bangladés, lo que hace temer la propagación del integrismo islámico por el sur de Asia tras la caída del último bastión del EI en Siria.

Hasta ahora, el principal miedo de los servicios de Inteligencia asiáticos era que los yihadistas retornados del Califato se estaban refugiando y reagrupando en las zonas musulmanas al sur de Filipinas. Con asedios de varios meses sobre ciudades como Marawi, en la isla de Mindanao, así ha quedado de manifiesto en las ofensivas que han lanzado en los últimos tiempos las guerrillas islamistas. Pero ahora aparece otro foco de tensión tras este ataque coordinado contra iglesias y hoteles de lujo de Sri Lanka, que ha exigido una concienzuda preparación y una infraestructura engrasada para convertirse en uno de los golpes más mortíferos del yihadismo global.

Ante los diputados, el viceministro de Defensa también reveló que las primeras indagaciones hacen sospechar que el atentado en cadena fue una represalia por el tiroteo el mes pasado contra mezquitas en Nueva Zelanda, en el que un supremacista blanco australiano mató a 50 musulmanes e hirió a otro medio centenar. Como si fuera uno de los videojuegos que tanto le gustaban, Brenton Tarrant irrumpió en las mezquitas disparando con un fusil semiautomático a todo lo que se movía y, además, lo retransmitió en directo por Facebook.

El impacto que esta carnicería tuvo en todo el mundo no solo obligó al Gobierno neozelandés a prohibir la venta de ese tipo de armas, sino que abrió un serio debate sobre el control de las redes sociales. Para impedir que estas propaguen rumores, noticias falsas y mensajes del odio, las autoridades de Sri Lanka han bloqueado las dos plataformas más populares de la isla: Facebook y WhatsApp.

Preguntas sin respuesta

Pero las habladurías continúan y en las calles de Colombo se respira un ambiente enrarecido que puede prender la llama de una guerra religiosa. Tras la derrota en 2009 de los Tigres Tamiles, la guerrilla que luchó durante tres décadas por la independencia de esta etnia hinduista, Sri Lanka teme un nuevo estallido de violencia. Durante aquella guerra civil, perecieron entre 70.000 y 80.000 personas y los Tigres Tamiles inventaron los atentados suicidas, de los que perpetraron más de 160 perfeccionando los cinturones explosivos de sus kamikazes.

Durante estos diez últimos años de paz, la economía ha mejorado y Sri Lanka se ha erigido en un atractivo destino turístico por sus paisajes idílicos y gentes encantadoras. Pero todos estos logros pueden venirse abajo por los brutales atentados del Domingo de Resurrección. Además del número de muertos, lo peor que puede pasarle a Sri Lanka es que se confirme la negligente dejación de las autoridades por la inexcusable enemistad entre el presidente del país, Maithripala Sirisena, y su primer ministro, a quien destituyó en octubre pero tuvo que admitir de nuevo por orden del Tribunal Supremo.

Y es que ni el primer ministro ni el titular de Defensa aclararon ayer la cuestión más importante de todas: ¿por qué el Gobierno no respondió a las alertas terroristas que, desde principios de mes, venía recibiendo de los servicios de Inteligencia de la India? Según la agencia Reuters, que cita tres fuentes con conocimiento directo, la Policía de Sri Lanka fue avisada varias horas antes del ataque de que el riesgo era inminente, pero no se hizo nada por impedirlo.

muertos es el último balance provisional de los atentados del pasado domingo. De los 521 heridos, 375 continúan ingresados.