«¡Espero que te violen cuatro negros!»

La capitana Carola Rackete fue arrestada por la policía italiana nada más atracar en el puerto Lampedusa :: Guglielmo Mangliapane / Reuters/
La capitana Carola Rackete fue arrestada por la policía italiana nada más atracar en el puerto Lampedusa :: Guglielmo Mangliapane / Reuters

La capitana del Sea Watch, que se enfrenta a penas de hasta diez años de cárcel, es insultada por decenas de ultras al ser detenida en Lampedusa

DARÍO MENORROMA.

Poco antes de las dos de la madrugada del sábado, la nave humanitaria Sea Watch atracó en el puerto de la isla italiana de Lampedusa, situada en el centro del Mediterráneo. A bordo llevaba a 40 inmigrantes salvados hace 17 días en el canal de Sicilia. Ante la desesperación de estas personas por el largo tiempo pasado en el mar y la falta de respuesta ante sus peticiones para que los dejaran desembarcar, la capitana del barco, la alemana Carola Rackete, optó por entrar en el puerto sin autorización pese a que una patrullera de la Guardia de Finanzas trató de impedírselo. No tardó en ser detenida. El ministro del Interior, Matteo Salvini, llevaba días asegurando que los inmigrantes no iban a llegar en su país y acusando a los socorristas de ser unos «piratas» y unos «delincuentes» por haber entrado el pasado miércoles en aguas italianas sin permiso.

Durante las maniobras se vivieron momentos de tensión debido a que la embarcación de la Guardia de Finanzas estuvo a punto de quedar aplastada entre la Sea Watch y el muelle en sus intentos por conseguir que la nave de la ONG no se acercara al puerto. Finalmente Rackete consiguió su objetivo. Nada más atracar, miembros de las fuerzas de seguridad subieron a bordo para detenerla por «resistencia o violencia contra una nave de guerra», un delito que conlleva una pena de entre tres y diez años de prisión. El viernes se supo además que la Fiscalía de Agrigento la está investigando por un posible crimen por favorecer la inmigración ilegal. Salvini celebró la detención de Rackete y exigió que acabara en la cárcel por «correr el riesgo de matar a militares italianos». Pidió además la incautación de la «nave pirata», una «maxi multa» a la ONG y que los inmigrantes que lleva a bordo sean trasladados a otros países. «¡Se ha hecho justicia, ni un paso atrás!», comentó exultante en las redes sociales el líder de la Liga.

La capitana, convertida ya en un símbolo internacional de la acogida a los inmigrantes, fue recibida en tierra firme con una mezcla de aplausos e insultos por el centenar de personas que esperaban en el puerto el desenlace de este pulso entre la Sea Watch y el Gobierno italiano. «¡Espero que te violen cuatro negros!», «¡Primero los italianos! ¡Primero los italianos!» o «¡Vete a Holanda, gitana!» fueron algunas de las soflamas que le gritaron a Rackete, según se pudo ver en un vídeo difundido en la página de Facebook de la sección del partido ultraderechista Liga en Lampedusa, posteriormente eliminado.

Arresto domiciliario

Rackete pasó la noche en el cuartel de la Guardia Financiera de Lampedusa para entrar en situación de arresto domiciliario y a la espera de un posible traslado a Sicilia. Unas horas después de la detención de la capitana llegó la autorización para que los 40 indocumentados que quedaban a bordo de la nave de la ONG pudieran finalmente bajar a tierra. Hay cinco países europeos que están dispuestos a acogerlos: Finlandia, Francia, Alemania, Luxemburgo y Portugal, según anunció el viernes el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Enzo Moavero Milanesi.

«La comandante no tenía otra alternativa. Hacía 36 horas que había declarado el estado de necesidad, pero las autoridades italianas lo habían ignorado», comentó a los medios locales Giorgia Linardi, portavoz en Italia de Sea Watch. Leonardo Marino y Alessandro Gamberini, abogados de esta organización humanitaria alemana, comentaron por su parte que la decisión de Rackete había sido «desesperada», pero no quedaba otra alternativa al encontrarse en una situación que era igualmente «desesperada». A bordo de la nave humanitaria había cinco parlamentarios italianos que, con su presencia, querían apoyar su labor y mostrar su rechazo a la postura del Gobierno.