El empleo, la diferencia entre los seis candidatos a sustituir a Juncker

El socialista Timmermans abre una grieta con los populares en la busca de una alianza de centro izquierda en un debate de guante blanco

SALVADOR ARROYO BRUSELAS.

Un debate sobrio, propio de la UE, sin subidas de tono, con mensaje positivo frente a las tensiones del relato euroescéptico, estructurado en tres grandes bloques temáticos, se convirtió anoche en la herramienta de mayor proyección para los seis candidatos a sustituir a Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión Europea. Sus nombres apenas resuenan en los distintos Estados, son figuras elegidas directamente por las familias políticas de la Eurocámara, que optarán al cargo en función de los resultados nacionales y previa aceptación de los líderes europeos y de la propia Eurocámara.

Dos mujeres y cuatro hombres; dos alemanes, un holandés, un checo, una danesa y un belga de origen español. Fue este, Nico Cué (Partido de la Izquierda Europea), sindicalista, el encargado por sorteo de abrir el evento. Y lo hizo recordando la huida de su familia desde Asturias por oponerse al régimen franquista. Tras Cué, se presentaron Ska Keller (Partido Verde Europeo), Jan Zahradil (Alianza de Conservadores y Reformistas, el grupo que espera la entrada de Vox), Margrethe Vesthager (Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa), que ha sido el azote de Google o Apple en el actual Ejecutivo comunitario; Manfred Webber (Partido Popular Europeo), favorito a asumir el cargo, y Frans Timmermans (Socialistas y Demócratas Europeos).

Todos ellos compartían el espectacular plato en el que se transformó la sede del legislativo de Bruselas en un debate difundido por Eurovision en 23 idiomas, en el que los candidatos cruzaron mensajes sobre migración, empleo, ultraderecha (ausente), cambio climático o seguridad.

Acuerdo en inmigración

En migración hubo afinidad. Se abogó por la «solidaridad, la cooperación y el apoyo a África». Las discrepancias llegaron en las soluciones para el empleo juvenil. Y ahí comenzó a abrirse una grieta entre populares y socialistas que han compartido poder históricamente en la UE. Un posible síntoma de la búsqueda de una alianza de centro izquierda. El trasfondo, la gestión de la crisis económica y sus efectos. Webber abogó por «una buena política económica» para generar más empleo, Cué cuestionó la eficacia de esa fórmula «como se ha demostrado hasta ahora con las políticas de austeridad». Y Timmermans reprochó al candidato de los populares su «castigo» a Portugal desde el Parlamento Europeo (al priorizar la supervisión del margen de maniobra de las economías nacionales) abogando no solo por «un salario mínimo que suponga el 60% del salario medio».

La apuesta por las energías limpias, la «oportunidad que supone para generar empleo» y el gravamen a combustibles históricamente exentos como el queroseno de los aviones centraron el bloque dedicado al cambio climático.

No hubo en este apartado fisuras, como tampoco -a excepción del rechazo expresó de Jan Zahradil-, en lo referente a la imposición de tasas paneuropeas a colosos tecnológicos. Frans Timmermans se mostró convencido de que Irlanda y su país, Holanda, «acabarán aceptando» unos gravámenes a las tecnológicas que hasta ahora han bloqueado sistemáticamente.