La creciente tensión entre Estados Unidos e Irán se contagia a Irak

El presidente iraquí, Barham Salih (d), se reúne con el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo. /Efe
El presidente iraquí, Barham Salih (d), se reúne con el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo. / Efe

Washington retira a diplomáticos de Bagdad y Erbil mientras Alemania y Holanda suspenden las misiones para entrenar a las fuerzas locales

MIKEL AYESTARANGaza

En una repetición de la retirada diplomática que llevó a cabo hace un año en Basora, Estados Unidos ordenó la salida «inmediata» de todo su personal diplomático no imprescindible de la Embajada en Bagdad y del Consulado en Erbil. «Numerosos grupos terroristas e insurgentes están activos en Irak y atacan regularmente tanto a las fuerzas de seguridad iraquíes como a los civiles», apuntó el Departamento de Estado.

Esta amenaza de «milicias sectarias antiestadounidenses» se podría extender a «ciudadanos estadounidenses y compañías occidentales» en todo el país, por lo que Washington opta por retirar a su personal en las dos legaciones que quedaban operativas y suspender, entre otros, el servicio de visados. El portavoz del Ministerio iraquí de Exteriores, Ahmed al-Sahaf, respondió con un comunicado en el que insistió en que «la situación de seguridad en Irak es muy estable».

La decisión de EE UU se produce en un contexto de creciente tensión con Irán y sus milicias aliadas en países como Irak o Yemen, que podrían estar detrás de la «amenaza de ataque inminente» de la que alertó a Washington un reciente informe de la Inteligencia israelí. Holanda y Alemania, que tienen soldados desplegados en el país para entrenar a las fuerzas de seguridad, decidieron suspender las operaciones hasta que la situación vuelva a calmarse.

Los rebeldes yemeníes atacaron el martes siete instalaciones petroleras de Arabia Saudí con aviones no tripulados. En Irak operan las Unidades de Movilización Popular, formadas para llenar el vacío dejado por el descalabro del Ejército iraquí en el verano de 2014 tras la irrupción del grupo yihadista Estado Islámico (EI). Durante la lucha contra el califato sus milicianos fueron la punta de lanza de la coalición liderada por Estados Unidos, pero acabada esa batalla parecen haberse convertido en su gran pesadilla por sus vínculos con la Guardia Revolucionaria de Irán.

El secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, viajó la semana pasada por sorpresa a Bagdad para intentar fortalecer sus lazos con unas autoridades locales que desde 2003 viven en equilibrio entre Washington y Teherán. Pompeo declaró que la amenaza de ataques era «muy específica» y pidió al presidente Barham Saleh «que Irak garantice que es capaz de proteger de manera adecuada a los estadounidenses en su país». Tales garantías no habrían llegado y por eso retira a su personal de Bagdad y Erbil.

Mientras el foco se extiende a Yemen e Irak, los iraníes anunciaron el comienzo de la suspensión de algunos de sus compromisos con el acuerdo nuclear de 2015, informó la agencia ISNA. Una fuente de la Agencia de Energía Atómica de Irán (AEAI), que no facilitó su nombre, aseguró que las primeras medidas afectan a «los planes para cumplir con el límite de producción de uranio enriquecido y de agua pesada en las instalaciones de Arak». La república islámica espera que esta medida fuerce a Europa a adoptar iniciativas que le ayuden a superar las consecuencias de las sanciones impuestos de forma unilateral por Donald Trump desde hace un año.