Casi cien muertos por una venganza entre etnias en Malí

Escenario del ataque de marzo que se cobró 150 vidas. :: afp/
Escenario del ataque de marzo que se cobró 150 vidas. :: afp

Los asaltantes rodearon un pueblo, atacaron a los residentes con armas de fuego y quemaron las chozas en las que dormían 300 personas

GERARDO ELORRIAGA

Al menos 95 residentes de la aldea de Sobane-Kou, en la región central de Malí, fueron asesinados en un ataque aún no reivindicado. Los asaltantes rodearon la localidad, de unos trescientos habitantes, sobre las tres de la madrugada de ayer y atacaron a los residentes con armas de fuego mientras incendiaban las chozas en las que pernoctaban. Además del casi centenar de fallecidos, se desconoce el paradero de otras 19 personas. Los pobladores son campesinos de la etnia dogon y existe la sospecha de que la razia es la venganza por una masacre cometida hace tres meses contra los poblados de Ogossagou y Welingara, adscritos a la etnia fulani, y en la que perecieron 130 vecinos. Entonces, los milicianos llevaban la vestimenta tradicional de los cazadores dogon.

La situación en la región central de Malí se ha deteriorado desde que, hace siete años, el país sufrió una insurrección islamista que llegó a controlar su mitad septentrional. El apoyo de las tropas francesas aplastó la rebelión pero la violencia permanece en la zona y se ha extendido a las vecinas repúblicas de Níger y Burkina Faso. Los ataques yihadistas contra las fuerzas armadas locales y del comando regional G5 se alternan con otros de carácter interétnico, aunque existe la sospecha de connivencia entre los islamistas y determinados grupos tribales.

Las disputas por el agua y los pastos han constituido la fuente de conflictos ancestrales en el país. Como sucede en el resto del Sahel, las poblaciones campesinas achacan este ambiente de inseguridad a los fulani, también conocidos como fula o peul, una comunidad formada por 38 millones de miembros, muchos dedicados a la ganadería y que practican la trashumancia de largo recorrido.

LAS CLAVESExiste la sospecha de connivencia entre islamistas y algunos grupos tribales

Autodefensas civiles

Los conflictos locales entre los agricultores y los pastores son ancestrales pero se han incrementado en número y devastación. La mayor disponibilidad de armas, que siguió a la caída del régimen de Gadafi en Libia, y la aparición de autodefensas civiles han propiciado un clima de enfrentamientos. Sólo en los tres últimos años, los choques han provocado 3.000 muertos y miles de desplazados. El Gatia, formado por tuaregs, se enfrenta a las milicias Ganda Izo y Ganda Koy, ligadas a los shongai y los fula, también rivales de los Dan Na Ambassogou, los combatientes vinculados al pueblo dogon.

La masacres de marzo impulsaron manifestaciones de protesta en la capital, Bamako, y el Gobierno respondió con la sustitución de dos generales y el anuncio de un programa para la desmovilización de los grupos armados, pero los resultados han sido escasos y la situación está lejos de apaciguarse. Antes de la degradación del orden público, la región de Mopti fue uno de los grandes reclamos del turismo cultural en África gracias a atractivos como la gran mezquita de Djenné o los acantilados de Bandiagara, hogar del pueblo dogon y su rico patrimonio de ritos y costumbres.

Ahora bien, la inestabilidad de Malí no se circunscribe a una zona determinada. La pasada semana, el Consejo de Ministros prorrogó un año más el mandato de los parlamentarios aludiendo a la imposibilidad de llevar a cabo las elecciones planeadas este año. El clima de inestabilidad, que ya ha generado dos prórrogas, impide la consulta popular mientras crece la atmósfera de desconfianza hacia el poder central.