EE UU y China abren otro frente de guerra con la detención de la directora financiera de Huawei

Meng toma notas durante un foro tecnológico celebrado en Moscú en 2014. :: Alexander Bibik / reuters/
Meng toma notas durante un foro tecnológico celebrado en Moscú en 2014. :: Alexander Bibik / reuters

Acusada de violar las sanciones contra Irán, Meng Wanzhou, hija del fundador, fue arrestada en Canadá y podría ser extraditada a EE UU

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Parecía que las aguas volvían a su cauce en la guerra económica y política que enfrenta a Estados Unidos y China. Pero las dos principales potencias del mundo han abierto un nuevo frente, y lo han hecho en un tercer país. Canadá confirmó ayer la detención el pasado día 1 de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, por haber violado las sanciones dictadas contra Irán al venderle productos con componentes estadounidenses. Y hoy la directiva de la empresa fabricante de teléfonos se enfrentará a una vista judicial para determinar si es extraditada a Nueva York para su procesamiento.

Su caso puede terminar siendo la pieza clave de las investigaciones que el Departamento de Justicia de la superpotencia americana abrió el pasado abril para esclarecer la naturaleza de los negocios de Huawei con Teherán, y amenaza con provocar una nueva tormenta diplomática entre Washington y Pekín. Sobre todo, porque Meng no es una empleada cualquiera, sino hija de Ren Zhengfei, el fundador del gigante tecnológico chino.

Como era de esperar, la reacción de Pekín ayer fue contundente. La Embajada de China en Canadá publicó un comunicado oficial mediante el que criticó que se haya arrestado a una ciudadana «que no ha violado ninguna ley ni en Canadá ni en territorio de Estados Unidos». Convencida de ello, la legación del gigante asiático mostró su «firme condena a estas acciones que violan los derechos humanos de la víctima». Y urgió «a la inmediata liberación de Meng».

No obstante, y aunque tanto Huawei como China reiteran que no hay ninguna prueba que incrimine a Meng en delito alguno, el diario de Hong Kong 'South China Morning Post' publicó extractos de la transcripción de una reunión que tanto Meng como su padre mantuvieron con empleados de la empresa, y en la que afirmaron que en algunas ocasiones se podrían incumplir las sanciones decretadas si el beneficio supera a los posibles riesgos.

De hecho, según el rotativo chino, en esa conversación Meng delineó unas líneas rojas que en ningún caso se podrían rebasar y otras líneas amarillas en las que la empresa podría considerar un incumplimiento temporal de las reglas. En caso de que se confirme la autenticidad de esa conversación, tanto Meng como la empresa podrían sufrir consecuencias graves.

Precedentes

Su competidora ZTE sabe bien a qué se enfrenta Huawei, porque también fue acusada -y castigada- por haber hecho negocios tanto en Irán como en Corea del Norte. Estados Unidos prohibió incluso la venta de componentes americanos a la empresa de telecomunicaciones china, y eso provocó que tuviese que echar el cierre durante meses. El asunto escaló al máximo nivel y, finalmente, Donald Trump logró levantar el veto. Pero, no obstante, ese fue un duro toque de atención para China porque evidenció la dependencia tecnológica del gigante asiático.

Ahora habrá que ver si Huawei, que también utiliza componentes norteamericanos, corre la misma suerte. Si lo hace, el golpe podría ser tremendo, porque refrendaría los temores que han llevado a Australia y a Nueva Zelanda a rechazar los equipos de la firma para desarrollar las redes 5G, una tecnología en la que China quiere llevar la voz cantante. Y, aunque 2018 tiene ya los días contados, también podría evitar que Huawei alcance los ingresos de 100.000 millones de dólares (88.176 millones de euros) que se había puesto como objetivo para el conjunto del año.

Por si fuera poco, este nuevo caso también amenaza con echar más leña al fuego de la guerra arancelaria que protagonizan ambas potencias desde que Donald Trump decidió gravar innumerables productos chinos.

Según el mandatario estadounidense, el gran déficit que escora hacia Oriente la balanza comercial entre ambos países no es fruto de una competencia limpia, razón por la que ha aprobado numerosos impuestos para detener las exportaciones chinas y crear puestos de trabajo en casa. No obstante, ambas partes continúan negociando y hace unos días acordaron una tregua de noventa días cuyas condiciones China comenzó a implementar ayer.

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