Bruselas da un ultimátum a May

Tusk le urge a «trabajar» para desbloquear la negociación del 'Brexit' y subraya que hay un acuerdo comercial mejor que el que tiene Canadá

SALVADOR ARROYO CORRESPONSAL RUSELAS.

b El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, vuelve a tirar de franqueza para agitar la negociación del 'brexit'. Ayer, tras reunirse en Bruselas con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, y aún dolido con los mensajes que han llegado en los últimos días desde el cónclave de los conservadores británicos de Birmingham, lanzó varias cargas contra la primera ministra Theresa May. En trazo grueso se puede decir que le emplazó a dejarse de frivolidades y discursos sentimentales para «ponernos a trabajar». Y eso significa conseguir contrarreloj -el encuentro clave de líderes europeos se producirá los días 17 y 18- la fórmula que posibilite el acuerdo de salida de Reino Unido.

Porque ya lo advirtió hace menos de un mes en Salzburgo: sin «un progreso máximo», sin un resultado concreto en esas reuniones que se preven maratonianas en la capital belga, no tendrá sentido convocar una cumbre extraordinaria en noviembre para cerrar un pacto. Porque no habrá nada que lo sustente. Por ello Tusk no levanta el pie del acelerador y exige a Londres que aparque los «argumentos emocionales sobre la dignidad» para «centrarnos en buscar fórmulas prácticas y realistas que minimicen el daño».

El más grave, Irlanda. Prima la necesidad de preservar el Acuerdo de Viernes Santo y la integridad del mercado único y la Unión Aduanera con el norte de la isla. No hay avances. La UE apuesta por no trazar frontera terrestre y desplazarla al mar, lo que dibujaría un límite virtual con Inglaterra y Escocia. Londres sigue diciendo 'no' por entender que su soberanía quedaría fragmentada e incide en que se otorgue a Reino Unido la libre circulación comercial después del 29 de marzo, cuando se hará efectivo el desgaje. Semáforo verde para los bienes, pero no para las personas, servicios y capitales. Ese es el 'plan Chequers'. En definitiva, un trato privilegiado que los 27 no están dispuestos a brindar.

La cuestión es que Irlanda no quiere frontera dura en la isla. Y, se insiste, Europa no lo va a permitir. «Hay que decir la verdad, aunque sea difícil y desagradable». Y los líderes comunitarios, recordó el presidente del Consejo Europeo, lo hicieron el 20 de septiembre en Salzburgo cuando despacharon a la 'premier' con un tajante 'no' a su plan). Y como se trata de «decir la verdad», sobre la mesa hay una oferta europea lo suficientemente flexible.

«Desde el principio» del proceso negociador la UE aceptaría dar a Reino Unido un acuerdo comercial mejor que el que tiene con Canadá -el CETA, que elimina el 95,5% de los aranceles entre el país norteamericano y el territorio común-. Tusk habló ayer de «un acuerdo Canadá+++ en aspectos como el comercio o la cooperación en política exterior». Oferta que es «la verdadera muestra de respeto» del continente hacia las islas.

Los posos de Birmingham

Lo único que cabe esperar es que desde el otro lado del Canal de la Mancha las «nuevas propuestas detalladas» que ha comprometido Londres, lleguen de forma inminente. Ayer el 'Financial Times' publicó que May barajaría plantear la unión aduanera con la UE tras abandonar el club y evitar así esa frontera dura interior con controles en el Ulster. Dublín, según refleja el diario económico, estaría de acuerdo con la idea.

Pero a falta de más concreción, lo cierto es que aquí, en Bruselas, aún se acusan los posos que ha dejado el congreso conservador: la May 'robótica' a lo 'dancing queen'; su discurso de mayor voltaje en el que planteó que «no hay miedo a una salida sin acuerdo»; y el hecho de que haya conseguido parar el golpe de la reprobación de los suyos.

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