El británico 'Daily Mail', furibundo partidario del 'brexit', cambia de piloto

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

Paul Dacre se ha retirado de la dirección del 'Daily Mail' y los primeros números que no son el producto de su batuta -o de su látigo y de sus insultos a sus empleados- quizás tienen un tono más cordial hacia el 'brexit'. Rara vez la marcha del director de un periódico provoca comentario más allá de su gremio, pero el 'Mail' ocupa un lugar especial en el Reino Unido de hoy.

La portada en la que se describía a los jueces de más rango como 'Enemigos del Pueblo', por sentenciar que el Gobierno tenía que obtener el visto bueno del Parlamento para iniciar la marcha de la UE, es la más memorable entre las recientes. A los 'remainers', partidarios de la permanencia, el 'Mail' los llama 'remoaners', 're-quejosos' o resentidos, y con ese adjetivo se han quedado.

La pluma es tan afilada y brutal en este tiempo revuelto de la política británica que algunos 'remoaners' han confundido quizás la realidad con el deseo, creyendo que el nombramiento por Jonathan Hamsworth, cuarto lord de Rothermere, de Geordie Greig como nuevo director indica la voluntad del propietario de cambiar de rumbo, porque Greig defendió el voto por la permanencia dirigiendo el 'The Mail on Sunday'.

Dacre ya advirtió en junio, en un artículo escrito para el semanario 'The Spectator': «El apoyo al 'brexit' está en el ADN del 'Daily Mail' y, más pertinentemente, de sus lectores. Cualquier movimiento para revertir esto sería un suicidio editorial y comercial». En su carta de despedida a la redacción ha puntualizado además que no se va, que asciende días antes de cumplir 70 años a la presidencia y jefatura editorial del grupo.

En 'Mail Men', Adrian Addison sondea a empleados bajo Dacre, que lo describen anónimamente como un tipo tiránico y acosador, promotor de un ambiente de intimidación. En su vida diaria no tiene relación con la Inglaterra profunda con la que identifica a su periódico y su política sería inculta y 'visceral', la voz de un hombre perpetuamente airado, también por descaros sexuales que él cuenta y publica.

Con un salario anual que suele rondar los tres millones de euros anuales, Dacre tendrá más tiempo para estar con su mujer, profesora universitaria, y sus dos hijos, para su casa de campo inglesa y su hacienda en Escocia, subvencionada por la UE. Le sustituye un alumno del colegio elitista de Eton, a quien se ve como invitado en las gradas de Wimbledon. Es, según dicen, «el británico mejor conectado».

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