Bautizo infeliz del Libro Blanco de May sobre el 'brexit'

Dominic Raab, explica el Libro Blanco en el Parlamento. :: afp/
Dominic Raab, explica el Libro Blanco en el Parlamento. :: afp

La City, los medios de comunicación y los euroescépticos, unidos en la decepción al conocer ños planes de la primera ministra

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

El Gobierno británico quiere aceptar las reglas comunitarias sobre bienes industriales, alimentos y agricultura sin tener voto y persigue también una nueva relación comercial sobre el sector servicios, aunque está resignado a que será menor que la actual. A cambio tendrá derecho a dar a los europeos permisos de estancia solo temporal. No es una caricatura del 'brexit' propuesto por el equipo de Theresa May en su esperado Libro Blanco, publicado finalmente ayer en un contexto desangelado. El pasado viernes la primera ministra anunció que el Gabinete había al fin acordado un diseño de su relación futura con la UE y una semana después dimitieron dos de sus ministros, otros cargos gubernamentales y el Partido Conservador se rompió.

Las únicas novedades del Libro Blanco son las limitaciones en el detalle, porque cabría esperar más. Era conocido que el Gobierno quiere una zona de libre comercio con la UE en bienes y agroalimentario, porque así no interrumpe las cadenas de producción integradas de grandes industrias, como la del automóvil. En agricultura y alimentación es imprescindible para no forzar a la instalación de nuevos controles en la frontera de Irlanda. Londres quiere asimismo que sus industrias permanezcan bajo la supervisión de agencias europeas a las que persigue seguir perteneciendo y contribuyendo. Quiere negociar con Bruselas una nueva relación comercial sobre servicios, pero no la define, tampoco en lo que afecta a la City financiera, que se declaró ayer resignada a tener una relación 'menos estrecha' con la UE.

Enredo

Está interesado en mantener las relaciones de seguridad, que le permitirían preservar el acceso a las bases de datos europeos para el control fronterizo y la orden europea de extradición, entre otras facetas. Y establecer una estructura institucional mixta para resolver disputas bajo el paraguas del tratado europeo-británico que sellaría el 'brexit'.

Sobre la parte más significativa de la propuesta -el comercio sin tarifas y con las mismas regulaciones-, el plan británico contempla la creación de un sofisticado sistema de colecta del IVA y otras tasas aduaneras en nombre de la UE cuando se trata de importaciones o exportaciones de terceros países, pero habrá que introducirlo en fases, quizá más allá de 1921.

El 'brexit' británico entorpece la vida ya ajetreada de la UE y quiere arrojar más complejidad e incertidumbres sobre una trama de instituciones y normas que ya resulta ininteligible para el europeo medio. Y en la propuesta de May asombra la parquedad de los beneficios que obtiene Reino Unido a cambio de esta maraña que por el momento se resume en noventa páginas.

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