May atiza la amenaza de un 'brexit' duro para lograr el apoyo del Parlamento

La primera ministra necesita hasta el último voto para sacar adelante el acuerdo de salida de la UE en la sesión del martes

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

Channel 4, un canal británico, emitió esta semana 'Uncivil War' (guerra incivil), una película sobre la campaña del grupo 'Vote Leave', que junto al más estridente 'LeaveEU', de Nigel Farage, ganó el referéndum europeo en 2016. En 'VoteLeave' había ministros, como Boris Johnson o Michael Gove, con papeles secundarios como tontos del pueblo en esta película porque el protagonista es Dominic Cummings. Exasesor conflictivo de Gove cuando fue ministro de Educación, Cummings pontifica sobre la genética que determinaría que seamos ricos o pobres aunque es licenciado en Historia y se desespera por las carencias empíricas y el atraso tecnológico en las decisiones de los gobernantes. Vivía en el destierro político cuando fue fichado para codirigir la campaña del 'brexit'.

La película confirma que a él se le ocurrió el exitoso lema 'Recuperar el control', afirma algo dudoso -que el vuelco de los pronósticos por abstencionistas desencantados en áreas laboristas que acudieron a las urnas para votar por el 'out' fue resultado de su astucia con la publicidad en redes y los datos obtenidos de Facebook- y trata de convencer al espectador de que el 'brexit' es, en fin, la gesta de un demiurgo.

EN SU CONTEXTO

Benedict Cumberbatch interpreta a Cummings en una película que ha dividido a espectadores y crítica. La calidad del gran actor inglés es su mayor atributo, pero quizás haya que lamentar que una ficción sobre la realidad del 'brexit' haya distraído a los británicos precisamente cuando viven inmersos, e incluso angustiados, en una encrucijada real dibujada con trazos de ficción.

El guión del 'brexit' comienza en este momento con tres renglones. La primera ministra, Theresa May, someterá el martes al voto de la Cámara de los Comunes un acuerdo de salida de la UE que no se aprobará. El principal líder de la oposición, Jeremy Corbyn, quiere forzar unas elecciones generales que no logrará. Y la consecuencia es que crece el temor a una marcha sin acuerdo que no se producirá.

Nada menos que 3.500 soldados ha puesto en situación de alerta el ministro de Defensa, Gavin Williamson, para responder a las contingencias del 'brexit' abrupto si algún ministro se lo pide. Casi 90 camiones entraron, aparcaron y salieron esta semana en un aeropuerto abandonado en Kent, en un simulacro de retenciones en el puerto de Dover, que cruzan cada día 10.000.

La Policía ha aconsejado a los supermercados que aumenten su personal de seguridad para protegerse de posibles pánicos de multitudes acaparando reservas de alimentos. El ministro de Sanidad, Matt Hancock, desveló en diciembre que es el mayor comprador de frigoríficos en Europa, porque quiere asegurar la continuidad en el suministro de medicamentos.

Incoherente

'Brexiters' de pura sangre consideran que nada de esto es grave, impertérritos ante los efectos que tendría en sectores de la economía británica que la UE, como ya ha afirmado, pase de la noche a la mañana a tratar a Reino Unido como un tercero con reglas de la Organización Mundial de Comercio (salvo en aspectos como el tráfico aéreo). Según YouGov, el 34% de votantes del 'out' cree que merece la pena este 'brexit' aunque caiga el PIB un 8%.

Pero a juicio de Jonathan Powell, exjefe de Gabinete de Tony Blair, la marcha sin acuerdo no ocurrirá. «Esa amenaza me parece totalmente increíble», ha escrito esta semana en 'The Guardian'. «El instinto de supervivencia hará que el Gobierno pise al final el freno de emergencia y pida a Bruselas más tiempo. Lo hará porque conoce el impacto que tendría en la vida diaria y sabe que la gente culparía al Número 10».

En el 10 de Downing Street reside Theresa May, que abogó con frialdad lógica y sentido en favor de la permanencia, aprovechó la caída de David Cameron para encaramarse a la dirección del país abogando que «'brexit' significa 'brexit'» y que, cuando se liberó de aquella parálisis conceptual, sentenció que «marcharse sin acuerdo sería mejor que un mal acuerdo».

Muchos millones de libras están siendo gastadas por el Gobierno y por empresas privadas para preparar ese desenlace, que May enunció como amenaza en su estrategia de negociación con la UE. Tras lograr un acuerdo que empeora la relación con la Unión y deja en un limbo los beneficios de la marcha, lo aviva ahora para alarmar a ciudadanos y diputados de tal modo que se resignen a apoyarlo.

Pero la incoherencia es evidente. El grupo de estudios Institute of Government ha identificado áreas importantes incompletas para la administración de un 'brexit' abrupto. Las 'notas técnicas' publicadas el pasado verano por el Gobierno señalan que Reino Unido reconocerá como hasta ahora gran parte de mercancías, servicios, licencias... de la UE por un tiempo quizás de dos años, si tal desenlace ocurriera.

Si May responde al rechazo de su plan, el martes, guiando a su país a la aguda congestión de sus exportaciones y a una relación con la UE tan asimétrica y dañina para los británicos al men os en el corto plazo, quizás haría viable una de las tres ficciones del momento -la convocatoria de elecciones anticipadas y la posibilidad de una victoria laborista-, pero eso solo ocurre en las malas películas.

es el índice de votantes del Partido Conservador, el de Theresa May, que desea que los parlamentarios respalden el martes el acuerdo de salida de la UE. Un 31% prefiere que lo rechacen, según una encuesta de la firma Survation difundida ayer.

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