Pablo Martín, el ángel malagueño del terremoto de Indonesia

Regenta un hotel en Lombok junto a otro paisano y ha organizado un convoy de ayuda a los afectados por el seísmo

Pablo Martín, el ángel malagueño del terremoto de Indonesia
ÁNGEL DE LOS RÍOSMálaga

La noche que tembló todo era más oscura que ninguna otra. «Cuando el terremoto nos sacudió, durante más de 30 segundos, salimos fuera porque sabíamos que nos enfrentábamos a uno de los más fuertes que hubiéramos sentido». Habla Pablo Martín, malagueño de 31 años en Kuta, al sur de Lombok. Martín no era un español de vacaciones, no hizo la maleta para correr al aeropuerto, porque Lombok es su casa desde 2012. Es propietario del hotel Kuta Baru y del restaurante Sushi-k, junto a otro malagueño, Cristian Santana, y al castellonense Alberto Rico.

Dos fuertes terremotos en una semana y más de 130 réplicas de diferente magnitud. El temblor del día 29 de julio -de magnitud 6,4- provocó 14 muertos, pero el número de fallecidos como consecuencia del de este domingo -de fuerza 6,9- asciende ya a más de un centenar. Por eso, cuando pasó la tempestad, Martín y otros empresarios locales tomaron una decisión: «Teníamos que devolver a la gente de aquí lo que nos dieron cuando nosotros llegamos». Sonaba por los altavoces una alerta de tsunami que, por suerte, nunca llegaría. Con casi toda Kuta encaramada a una montaña durante una larga media hora, Pablo Martín y otros españoles comenzaban a barruntar que al norte, en Nusa Tenggara, en el epicentro, todo podía ser peor.

Desde Lombok

En Kuta se había amanecía un calma tensa el día después. «Los edificios no son muy altos y de buena calidad y, además, las réplicas eran de muy baja intensidad y cada vez más espaciadas». Martín y sus compañeros miraban al norte de la isla. No llegaban buenas noticias: las labores de socorro no resultaban sencillas, con puentes derrumbados y gran parte de la zona sin electricidad ni cobertura telefónica. «Recaudamos dinero entre los hoteles colindantes y reunimos 2.000 euros en alimentos, sobre todo leche para los niños, agua, arroz, noodles y mucha ropa». Sobre todo lo que se precisa es agua potable y medicinas, afirma el malagueño. Cargaron dos vehículos 4x4 y se hicieron a la carretera a primera hora de la mañana. En circunstancias normales el trayecto desde Kuta se realiza en 3 horas: el destino de la altruista expedición era la cima del volcán Rinjani, donde todo se desencadenó. Acabarían llegando cuando cayó la noche.

Martín reparte la ayuda en uno de los poblados.
Martín reparte la ayuda en uno de los poblados. / P.M.

«No son los terremotos, es la pobreza la que provoca este desastre», explica Pablo Martín. Casas sin cimientos, de ladrillo y madera, que se vinieron encima de la gente a la primera sacudida. Dibuja el norte de Lombok como un «escenario de guerra», pero no por el terremoto, que ya ha pasado, sino por lo que ha dejado atrás. «La gente tiene que dejar de mirar con miedo a Lombok y empezar a hacerlo con solidaridad». La misma que fue la gasolina de sus todoterrenos cruzando paisajes desoladores. El objetivo era alcanzar los campamentos de Senggigi y Bangsal. «En cada pueblo, parábamos a preguntar por el jefe para que hiciera un reparto de los recursos de la mejor forma posible», recuerda Martín.

Las compensaciones que el Gobierno ofrecerá a las víctimas son irrisorias: 15 millones de rupias (895 euros) para los familiares de los muertos y hasta 2,5 millones (150 euros) en el caso de los heridos. La Agencia de Mitigación de Desastres trabaja a destajo: militares, ambulancias. Pero la ayuda internacional llega con cuentagotas y falta coordinación. El malagueño no niega que se intentan poner muchos recursos, pero hay muchísimo poblados de muy difícil acceso. «Lombok no se va a levantar de la noche a la mañana», explica. Esta última jornada la han pasado organizando el envío de la siguiente tanda en camiones, en contacto con la ONG Balanced World Indonesia, que intentará llevar depuradoras a las zonas más recónditas, y facilitando la llegada de 12.000 botellas de agua y otras tantas latas de conservas que aportará la empresa de Herbal Pharm de Singapur. «El dinero de fuera es importante, unos pocos euros son aquí muchas rupias y se pueden comprar muchas cosas», remarca Pablo Martín. Por su parte han habilitado una cuenta en Paypal donde hacer donaciones para que lleguen de la forma más directa posible: kutabaruhotel@hotmail.com. La «alarma» y «tensión» que transmiten algunos medios, tampoco les ayuda. «Si vienes aquí, sobre todo al sur, te darás cuenta de que la vida sigue». Y queda mucho por levantar...

Uno de los coches de la expedición, con la ruta de más de cuatro horas
Uno de los coches de la expedición, con la ruta de más de cuatro horas / P.M.
«Pasé más miedo con el gran terremoto de Málaga»

Cristian Santa, el otro socio malagueño de Pablo Martín, tuvo la suerte de vivir el terremoto desde Málaga. A él le vibró el móvil a primera hora del lunes: «¿Cómo estáis? ¿Todos bien?». Era el mensaje de un amigo que lo hacía en Lombok, pero él está pasando sus vacaciones en su Torre del Mar natal. «Si te soy sincero, pasé más miedo con el gran terremoto de Málaga que con todos los que haya vivido en aquella isla», cuenta tranquilo. Insiste, una vez más, en que el demonio no es la naturaleza sino la falta de recursos de la población. El lunes 1.200 turistas trataban de salir de Lombok por mar y aire, una carrera a la desesperada. «Si has estado en la isla, sabes que las casas de los nativos se caen sólo con mirarlas. Entiendo la alarma de la gente, pero los hoteles son seguros». El sueño de Santa y Martín se fraguó surfeando en aguas de La Herradura en 2012 y se muestra seguro de que esto no lo puede tumbar: «Kuta es seguro y ahora la naturaleza vuelve a dormir».

 

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