China exige «tolerancia cero» en Hong Kong

China exige «tolerancia cero» en Hong Kong

Pekín pide mano dura con los manifestantes, que amenazan con continuar las movilizaciones hasta que dimita la jefa del Ejecutivo de la isla

ZIGOR ALDAMAShanghái (China)

No todos los días se ve a una jefa del Ejecutivo dando una rueda de prensa a las cuatro de la madrugada. Pero es lo que tuvo que hacer ayer Carrie Lam ante la gravedad de los disturbios que sacudieron Hong Kong durante el 22 aniversario de su devolución a China y que culminaron con el asalto al Parlamento de cientos de manifestantes que destrozaron su sede. «Estoy muy indignada y angustiada. Condeno categóricamente lo sucedido», afirmó Lam. «El Gobierno perseguirá a quienes violan la ley hasta el final», advirtió.

Sin embargo, en tono más conciliador, Lam quiso subrayar que los incidentes fueron protagonizados por una minoría y que la mayoría de quienes se manifestaron por las calles de la excolonia británica lo hicieron de forma pacífica. «Esa marcha es la que representa los valores de inclusión, paz y orden de Hong Kong». Una de las muchas pintadas que los manifestantes hicieron dentro del hemiciclo, no obstante, parecía responder a esas palabras: «Fuiste tú quien me dijo que las manifestaciones pacíficas no sirven para nada», se leía, en referencia a las multitudinarias protestas contra el proyecto de Ley de Extradición que, a pesar de haber congregado a más de un millón de personas, no han logrado que Lam dé marcha atrás.

Esa desesperación con el Ejecutivo fue también la que adujeron importantes figuras del movimiento prodemocracia de Hong Kong para explicar -sin apoyar explícitamente- la violencia. «Uno de cada cuatro ciudadanos salieron a protestar. No conozco ningún otro nivel de descontento con un Gobierno. Sin embargo, ninguna de nuestras demandas se ha cumplido. Hemos tratado de hacernos oír por todos los medios. En una democracia el proyecto de ley se habría retirado, pero Lam es una marioneta de Pekín. Los manifestantes que asaltaron el Parlamento no fueron una turba violenta. No buscaban hacer daño a nadie, sino obligar al régimen a escucharlos», escribió en un hilo de Twitter Joshua Wong, uno de los líderes del Movimiento de los Paraguas de 2014.

 «Extrema hipocresía»

Lógicamente, desde el Gobierno de Pekín la situación se ve de forma muy diferente. Pero la respuesta ha sido comedida. «China apoya al Ejecutivo de Hong Kong y a su Policía en la forma que ha actuado durante el asalto al Parlamento y en la investigación iniciada para aclarar la responsabilidad criminal de los delincuentes violentos de acuerdo con lo que manda la ley», publicó la Oficina del Consejo de Estado para Hong Kong y Macao. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Geng Shuang, aprovechó para criticar la «extrema hipocresía» de Occidente por no condenar la violencia.

La prensa china fue más contundente. El diario oficialista 'Global Times' exigió «tolerancia cero» y tachó a los manifestantes de gente «enrabietada y arrogante que no tiene ningún respeto hacia la ley y el orden». Siempre referente del ala más dura, el periódico indicó en su editorial que «si no se aplica una política de tolerancia cero será como abrir la caja de Pandora». Más comedido, el 'China Daily' se limitó a recordar que «Hong Kong es parte inalienable de China», y que «la única forma de que mantenga su crecimiento económico y estabilidad es continuar integrándose en el desarrollo del país».

Por otro lado, Lam también aprovechó su intempestiva conferencia de prensa para romper una lanza en favor de la Policía, criticada primero por las brutales cargas que llevó a cabo contra las manifestaciones pacíficas de hace unos días y ayer por su inacción. «Ha actuado de forma comedida para evitar males mayores, pero en ningún caso ha pretendido facilitar los actos de vandalismo de los manifestantes», dijo. El comisario de Policía, Lo Wai-chung, corroboró sus palabras: «No han tenido otra opción ante el uso de tácticas tan violentas».

Ambos intentaron así despejar las dudas de quienes no comprenden por qué cientos de agentes que protegieron la sede del Legislativo durante ocho horas decidieron darse media vuelta cuando la muchedumbre estaba a punto de acceder al edificio.