Un México ilusionado por el cambio se vuelca en las urnas

El favorito para convertirse en presidente, Andrés Manuel López Obrador, sale del colegio electoral en Ciudad de México. :: ulises ruiz/ afp/
El favorito para convertirse en presidente, Andrés Manuel López Obrador, sale del colegio electoral en Ciudad de México. :: ulises ruiz/ afp

Largas colas y retrasos en las aperturas de los colegios electorales marcaron la jornada electoral

MERCEDES GALLEGO CIUDAD DE MÉXICO.

El país de los aztecas le ganó ayer al sol. Antes de que saliera se habían formado ya las colas en los colegios electorales, ilusionados por la esperanza de cambio y la promesa de elecciones limpias en las que no todo el mundo cree.

Se diría que con 23 puntos de ventaja sobre su rival más inmediato, Andrés Manuel López Obrador podía ir a votar con calma, pero el candidato de la coalición 'Juntos Haremos Historia', que ya se creyó presidente en 2006 y volvió a intentarlo en 2012, tenía motivos para desconfiar. Media hora antes de que abriera su colegio electoral, a las 8:00 horas, ya estaba en la puerta, dispuesto a reemplazar con su equipo a los funcionarios electorales que no aparecieran. Pretendía ser el primero, pero ya le había ganado Agustín Blanco, un abogado que llegó a las 4 de la madrugada «porque no quería quedarme sin boletas», dijo a la masa de periodistas que seguía al tabasqueño de abuelo cántabro.

Y no le faltaba razón. Una hora después de que abrieran los colegios, Alejandro Sarabia regresaba a casa con su novia sin haber votado. Como aún está empadronado en Veracruz le correspondía un colegio para desplazados a los que sólo se les ha asignado 750 papeletas. Al abrir contó 1.200 personas zigzagueando a lo largo de cuatro manzanas, muchas de las cuales habían empezado a formarse colas a las 6:00 horas. «No tenía sentido quedarme, mejor me voy a ver el partido». El fútbol fue su premio de consolación. En otro de los colegios para desplazados junto al Periférico, igual de corto en papeletas, los votantes canalizaron a gritos su frustración para dejar constancia de que son las malas prácticas electorales y no su desidia lo que enfrió el entusiasmo democrático.

LAS CLAVESLa noche antes de votar se impuso la ley seca y no era posible comprar ni siquiera una cerveza En Tabasco acribillaron a tiros desde una motocicleta a una mujer que hacía cola para votar

En un país con fuerte herencia española, el España-Rusia con prórroga y penalties dio un respiro a los estresados funcionarios electorales que, en un 98% de los casos abrieron con retraso. «Los representantes de los partidos que tenían que firmar las actas no llegaron a tiempo», explicó Pilar Muñoz, una profesora que ejercía de presidenta en un colegio de la calle Xola. «Hay mucha gente formada desde temprano, esto no para», acertó a decir.

Los votantes llegaban frescos a las urnas, porque en cumplimiento de la ley electoral la noche antes se había impuesto la ley seca y no era posible comprar ni una cerveza. Con la policía patrullando en busca de mordidas, los bares optaron por cerrar, las calles quedaron desiertas y el único bullicio emanaba de los balcones, donde los jóvenes suplieron la marcha del sábado por fiestas caseras.

«¿Quién va a votar a mañana?», preguntaba uno a sus amigos. El fútbol y las elecciones monopolizaban las conversaciones con igual pasión. La elecciones del 2000 en las que creyeron dar un paso certero hacia la democracia, al interrumpir por primera vez en 71 años la «dictadura perfecta» del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se había transformado en lo que algunos llaman «una triste alternancia» de ese partido con el conservador de Acción Nacional (PAN). El miedo a quedar atrapados en otro círculo corrupto e inmovilista les lanzó ayer masivamente a las urnas, convencidos de que la única manera de sanear la democracia es introducir una tercera fuerza política. La izquierda de Andrés Manuel López Obrador nunca ha gobernado el país. «Cualquiera que tenga un poco de sentido común votará por él», sentenció el chef veracruzano de 32 años que se había quedado sin votar.

Le llevaba la contraria Sofía Apolinar, de 72 años, a la que su hija de 33 años no había logrado hacer cambiar de opinión. Acababa de votar por el PRI, porque López Obrador «no es para eso», zanjó sin más explicaciones.

Un siglo de poder

En un café cercano, Iván Barón se rascaba la cabeza. «El PRI lleva casi cien años en el poder y siempre lo ha hecho así, no sé cómo puede seguir existiendo». A AMLO le agradece la beca con la que pudo terminar sus estudios mientras era alcalde de la Ciudad de México, tiempo en que la madre de Susana Soriano, una indígena de Oaxaca que pasó su vida limpiando casas en la capital, recibió una pensión 1.500 pesos que supera el salario mínimo de sus nietos. Quienes conocieron esa gestión están entregados a la ilusión de una vida digna. Si algunos no le votan, como Carlos Ordoñez, es porque su coalición incluye a un partido evangélico de derecha que niega su modelo familiar, contó el analista de ciencias políticas, casado con otro hombre y padre de una niña nacida en vientre de alquiler.

Aun así, ninguno de ellos se engaña. Los problemas de México son endémicos y de difícil solución, «nadie tiene la varita mágica», admitía Barón. Sobre todo en un país azotado por el narco, que ayer mismo, en el Estado de Tabasco en el que nació AMLO, acribilló a tiros desde una motocicleta a una mujer que hacía cola para votar. Más de 800 candidatos a cargos locales y funcionarios electorales han sido asesinados en esta campaña en la que por primera vez se decidían 18.000 cargos repartidos por todo el país. El fundador del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) está convencido de que bastará su honestidad para acabar con la corrupción y la pobreza, sin las cuales el narcotráfico morirá por inanición. «¡No os defraudaré!», prometió en su cierre de campaña.

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