México ya celebra al nuevo presidente

José Antonio Meade./
José Antonio Meade.

Con más de 20 puntos de ventaja sobre su siguiente rival, Andrés Manuel López Obrador se dio un baño de masas en el Estadio Azteca

MERCEDES GALLEGO

Ciudad de México. En el país del surrealismo por excelencia, México celebró el miércoles dos victorias, la de su selección en el Mundial y la del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Sólo que ninguna de las dos se produjo.

«¡Goool! ¡Goool! ¡La selección mexicana se clasifica para octavos de final!», repicaban cantarines los locutores de todo el país. «¡Viva México!». Los vendedores ambulantes que habían abandonado los carritos en las aceras para agolparse junto al televisor de las tienditas salían eufóricos a celebrar la victoria. Los ajenos a la ciencia del fútbol preguntábamos sorprendidos. «¿Marcaron en el último minuto? Pero si iban perdiendo 3-0...» Y así había quedado el partido con Suecia. Los que marcaron fueron los coreanos frente a Alemania. Con esa carambola aritmética la Virgen de Guadalupe respondía a los rezos con que la abrumaron desde el minuto uno. «¡Coreano, hermano, ya eres mexicano!», titulaban ayer los periódicos.

Andrés Manuel López Obrador también es presidente, «¡Viva México!», aunque las elecciones serán el domingo. Con el mismo fervor con que celebraron la clasificación del Mundial, no en el Ángel de la Independencia, como es costumbre, sino frente a la Embajada coreana, cien mil mexicanos abarrotaron el Estadio Azteca para arropar al líder del Movimiento de Renovación Nacional (Morena). Lo que se celebraba no era un cierre de campaña tradicional, sino una victoria tan asumida que «si se la roban que tengan cuidado, porque somos millones y estamos más organizados que nunca», advertía Nayeli Aguilar, una pastelera de 33 años. «Como no nos la respeten, ¡aguas!».

LAS CLAVESEl veterano candidato habla del amor al prójimo al tiempo que promete ser el azote de los corruptos «Si le roban la victoria que tengan cuidado, porque somos millones y estamos más organizados»

Precisamente a esas horas el agua caía en tromba sobre la Ciudad de México, pero como López Obrador tiene mucho de místico y los mexicanos no paran de rezar, la Virgen de Guadalupe volvió a intervenir. Apenas chispeó sobre el Estadio Azteca. En justa correspondencia, Amlo, como le llaman sus compatriotas, les recordó que no sólo hay que buscar los bienes materiales, «también el bienestar del alma», porque «sólo siendo buenos podemos ser felices».

«No habrá represalias»

El hombre al que temen las élites porque ha prometido arrebatarles el poder habla del amor al prójimo y promete que «no habrá represalias ni pensamiento único» en la revolución política que supondrá su victoria. Las encuestas le sitúan a 22 puntos de Ricardo Anaya, un anodino militante del conservador Partido de Acción Nacional (PAN), y a 28 de José Antonio Meade, el exsecretario de finanzas del actual Gobierno que, con una coalición mal asesorada, se presentan como «los de siempre», sonríen los candidatos. «Ya nos conoces».

Y bien que los conocen. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó el país azteca ininterrumpidamente durante 71 años con técnicas de compra del voto tan corruptas como sus prácticas en el poder. «La clase dominante en México nunca ha asumido los principios de la democracia ni ha hecho nada serio para paliar las desigualdades sociales», analiza el español Miquel Adriá, de 61 años, fundador de la revista 'Arquine' y director del Colegio de Arquitectos Centro, que lleva 23 años en el país. No es, ni mucho menos, fan del líder tachado de populista sobre el que se han volcado las clases humildes y la izquierda más intelectual, pero tampoco acepta la comparación con Hugo Chávez. «Chávez era mucho más brillante. Podía hablar durante horas y todo el mundo se quedaba embobado. Este no sabe hablar». En los 54 minutos de su último discurso de campaña no se despegó del papel.

Todo lo que desprecian las élites contribuye a la estela de López Obrador, al que consideran «un hombre del pueblo». A diferencia de los que han estudiado en Harvard, nació en una aldea de Tabasco y estudió en la universidad pública. «Es el único que conoce el país, lleva 18 años recorriéndolo, no en congresos sino por aldeas, escuelas y canchas de baloncesto», recuerda la cineasta de 66 años María Novaro, que le conoció en el colegio donde ambos llevaban a sus hijos.

López Obrador vende honestidad y puede preciarse de haber puesto en la agenda la lucha contra la corrupción que ahora venden también sus rivales. A veinte puntos de distancia y con una cuarta parte de seguidores en su cierre de campaña, Anaya ha tenido que subir la apuesta. Su promesa es enjuiciar a los funcionarios corruptos que le han precedido. Meade, el tercero en discordia «fue a la guerra como Mambrú, sin fusil y sin bandera», decía ayer el columnista Pablo Hiriart. «Es del PRI sin ser del PRI». ¿Quién da más? Queda 'El Bronco', el candidato independiente más colorido que promete «mutilar a los corruptos». Su cierre de campaña tuvo «25.000 conexiones únicas en Facebook».

El resentimiento social por tantos abusos cometidos en previos gobiernos es una marea imparable. Adriá suspira con resignación. «Amlo va a ganar, porque no tiene contra quien perder. Este país gana porque otros pierden, ¿Cómo se puede perder 3-0 y clasificarse para octavos de final?».

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