Lula afronta su futuro en prisión

Una marea humana traslada al expresidente Lula da Silva en volandas de vuelta al Sindicato de Metalúrgicos, tras un acto público celebrado ayer. :: Miguel SCHINCARIOL/ afp/
Una marea humana traslada al expresidente Lula da Silva en volandas de vuelta al Sindicato de Metalúrgicos, tras un acto público celebrado ayer. :: Miguel SCHINCARIOL/ afp

El expresidente de Brasil acepta en público ante sus seguidores cumplir la orden de detención contra él y se pone a disposición judicial

MARCELA VALENTE

buenos aires. Un día después de vencer el plazo que le impuso el juez Sergio Moro, el expresidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, favorito para las presidenciales de este año, anunció ayer que se entregará a la Policía Federal de Sao Paulo para cumplir con la orden de prisión emitida en su contra. La resistencia de los manifestantes que bloqueaban los alrededores del edificio donde pasó las últimas horas de su libertad demoró sin embargo su traslado al aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, para ir a Curitiba, Paraná.

«Ellos decretaron mi prisión y voy a atender ese mandato», había dicho Lula al final de un acto celebrado fuera de la sede del Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo do Campo -en el cordón industrial de Sao Paulo- donde el exmandatario pasó prácticamente las últimas 36 horas. «No quiero que digan que estoy prófugo o escondido. No tengo miedo. Voy a probar mi inocencia», aseguró Lula, de 72 años.

Alcanzado por una orden de prisión emitida de manera intempestiva por Moro el pasado jueves, Lula explicó a sus seguidores que iría «con la cabeza erguida». «La historia probará que quien cometió el delito fue el juez que me juzgó», acusó.

LA CLAVECientos de personas intentaron bloquear la salida del exmandatario rumbo al aeropuerto

Lula se presentó en el palco junto a la expresidenta Dilma Rousseff, dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT), sindicalistas y líderes de agrupaciones aliadas, y advirtió en su discurso: «La muerte de un combatiente no para una revolución». «Yo ya no soy una persona, soy una idea que está mezclada con las de ustedes», declaró ante su público.

Condenado en dos instancias por corrupción y lavado de dinero, Lula no había agotado los recursos para evitar la prisión. Pero el jueves, después de que el Supremo Tribunal Federal rechazara una petición de 'habeas corpus', Moro -que lo había condenado en primera instancia- se apresuró a ordenar su arresto.

Consciente de que se trata de un líder de gran popularidad, el juez le ofreció viajar a Curitiba -a 400 kilómetros de Sao Paulo-, donde debía ingresar en prisión, y le dio 24 horas de plazo. Pero Lula, que estaba en el sindicato, permaneció allí, acompañado por su gente y con el edificio rodeado de manifestantes.

Contrarreloj, los abogados apuraron nuevos recursos para evitar la detención. Todos fueron rechazados. La defensa argumenta que Lula aún podía presentar recursos para pasar el proceso que se sigue contra él en libertad hasta la última instancia. Pero sus expectativas se frustraron por la prisa de Moro en ejecutar la pena de prisión.

Algunos analistas advierten de que Moro obró con ingenuidad al otorgar a Lula un día de plazo y la posibilidad de entregarse por su propia voluntad. El exsindicalista despertó una ola de solidaridad entre sus seguidores en al menos 50 ciudades de Brasil donde se manifestaron. También en el sindicato Lula recibió la visita de dirigentes de todo el país y algunos extranjeros.

«Necesitan mi foto preso»

La prisa del juez alimentó también la teoría que sugiere que Lula sufre una persecución para frustrar su candidatura. «Ellos necesitan la foto de Lula preso», clamó el expresidente. «El crimen que yo cometí fue sacar a millones de la pobreza», se quejó.

Lula había sido acusado de recibir como soborno un tríplex de parte de la constructora OAS a cambio de contratos con Petrobras. Pero el juez no pudo demostrar que el tríplex es de Lula. Tampoco que OAS obtuvo un contrato a partir de ese presunto soborno. Aun así lo condenó y el tribunal de segunda instancia confirmó la condena y aumentó la pena de prisión de nueve a 12 años y un mes. «Soy la única persona condenada por un apartamento que no es mío», ironizó ayer Lula y acusó al juez y a los procuradores de mentir.

Desde el momento que se conoció la orden de prisión, seguidores de Lula acudieron a la sede del Sindicato de Metalúrgicos y pasaron dos noches allí, algunos dentro y otros en la calle, todos durmiendo en el suelo. Ayer asistieron a una ceremonia ecuménica en la puerta del edificio, en homenaje a la esposa de Lula, que falleció en 2017. Sacerdotes y pastores expresaron su apoyo al líder del PT, que luego habló a la multitud por primera vez desde que se ordenó su arresto. Los simpatizantes gritaban «no se entrega», «resistencia» y «Lula libre».

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