El 'vice' que hace sombra a Bolsonaro

El presidente Jair Bolsonaro y Hamilton Mourao no se dirigen la palabra desde la toma de posesión./EFE
El presidente Jair Bolsonaro y Hamilton Mourao no se dirigen la palabra desde la toma de posesión. / EFE

El general Mourao sorprende a los brasileños por su talante conciliador, muy alejado del estilo del presidente

MARCELA VALENTECorresponsal. Buenos Aires

En un país como Brasil, donde al menos tres vicepresidentes terminaron gestionando el Ejecutivo en medio de crisis traumáticas, el rápido encumbramiento del general retirado Hamilton Mourao, segundo del flamante presidente Jair Bolsonaro, genera inquietud en el entorno del nuevo mandatario, hospitalizado desde hace una semana. Miembro de un partido aliado al de Bolsonaro, Mourao fue elegido para formar parte del equipo del mandatario por sus posiciones ultraderechistas, algunas tan polémicas como las del entonces aspirante a la presidencia. Por ejemplo, el general manifestaba que creía en la intervención militar para imponer el orden e incluso llegó a defender públicamente el autogolpe en un eventual escenario de caos.

Sin embargo, desde que arrancó el mandato de Bolsonaro, el vicepresidente va dejando de lado la controversia y emerge como un dirigente moderado, racional y contemporizador hasta el punto de desmentir o dejar en ridículo a su superior, con el que apenas tiene relación. «Las únicas veces que el presidente habló conmigo fueron en la campaña», admitió el militar hace unos días.

Algunos estudiosos de la disciplina militar ya lo habían advertido. Iba a ser difícil que un general se subordine a un capitán, que es la jerarquía que alcanzó Jair Bolsonaro antes de retirarse del Ejército y volcarse de lleno en la política. Lo cierto es que la tensión, que ya se palpaba antes de la pomposa toma de posesión celebrada en Año Nuevo, se agudizó en el primer mes de gobierno.

El turbio pasado de la ministra estrella

En apenas un mes de gobierno, una ministra de Bolsonaro ya está en la cuerda floja. Se trata de la pastora evangélica Damares Alves, titular de Mujer, Familia y Derechos Humanos. La funcionaria se presentaba como «abogada» y «máster en educación, derecho constitucional y de familia», pero todo su currículum era mentira. «Son títulos bíblicos», admitió poco después de que el diario 'Folha de Sao Paulo' constatara que la ministra no tiene ningún certificado como letrada ni estudios de posgrado. «A diferencia de la educación tradicional, que requiere ir a la universidad para obtener una maestría, en las iglesias cristianas se le dice 'maestro' a todo aquel que enseñe la Biblia», alegó la funcionaria en su defensa.

Alves ya había sido centro de la polémica cuando dijo que el azul era el color de los niños y el rosa el de las niñas. También había acusado a los medios de querer «asesinar su reputación» al referirse a su propia historia. La ministra relató en un libro que sufrió abusos sexuales de niña y que cuando quiso suicidarse se le apareció Dios y su vida cambió. Alves está en contra del aborto y considera que «es hora de que Brasil sea gobernado por la iglesia». Pero todos sus declaraciones son puestas en duda después de que saliese a la luz que no es abogada ni experta en derecho o educación. Es más, el semanario 'Época' reveló que esta mujer, que dice tener una hija adoptiva, podría haber secuestrado a la menor en la etnia indígena Kamayurá del Mato Grosso.

Al parecer, Alves y una colaboradora -que frecuentaban el lugar como misioneras- convencieron a una mujer para que su nieta fuese trasladada para un tratamiento odontológico. La niña tenía entonces 6 años y nunca regresó. La revista entrevistó a su abuela y a otros miembros de la tribu que denuncian que la niña fue robada por Alves y que la presenta como su hija adoptiva. Consultada por el semanario, la ministra respondió que la familia biológica de la muchacha -que hoy tiene 20 años- mantiene contacto con ella, pero evitó responder a las preguntas sobre el supuesto trámite legal de adopción que debió haber hecho con el consentimiento de la familia de sangre.

Mourao había dejado claro que no quería ser un «'vice' decorativo» sino «un asesor privilegiado» y lo está cumpliendo. El general exprime al máximo sus minutos de fama. Quedó a cargo de la presidencia cuando Bolsonaro fue al Foro de Davos y también la semana pasada para que el presidente se sometiese a una intervención que lo mantiene internado en el Hospital Israelita Albert Einstein de Sao Paulo desde el 27 de enero.

Bolsonaro tuvo que operarse para reconstruir los intestinos dañados por el atentado que sufrió el pasado mes de septiembre. El lunes 28 estuvo siete horas en el quirófano y después en una terapia intensiva de dos días. En esas 48 horas Mourao despachó en su lugar, pero apenas Bolsonaro salió de la terapia intensiva, aún convaleciente, quiso recuperar el mando.

En sus breves incursiones como presidente interino e incluso después, Mourao se mostró en todo momento afable con la prensa en contraste con los arrebatos del presidente y sus hijos, que intentan defenderse de las primeras denuncias de corrupción acusando a los periodistas de inventar noticias. El más comprometido en este aspecto es el primogénito, el senador Flavio Bolsonaro, que está siendo investigado por movimientos financieros atípicos en sus cuentas.

Israel y el aborto

Pero hay más. En su último paso por la presidencia Mourao recibió al embajador de Palestina y después de la visita puso en duda el hipotético traslado de la Embajada de Israel a Jerusalén prometido por Bolsonaro ante el premier israelí Benyamín Netanyahu. «El Estado brasileño, de momento, no piensa en ningún cambio de embajada», aseguró. Al día siguiente declaró en el diario 'O'Globo' que «el aborto es una decisión de la mujer», una postura que encendió todas las alarmas en el Gobierno de Bolsonaro, contrario a la interrupción voluntaria del embarazo.

LA CLAVE

Enemigos públicos.
Ejerce como un dirigente moderado, hasta el punto de dejar en ridículo al actual mandatario.

Tampoco cree conveniente Mourao alentar expectativas de apoyo brasileño a una eventual intervención militar en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro. «No es de nuestra política exterior intervenir en asuntos internos de otros países», remarcó para disgusto del mandatario ultra, alineado con Estados Unidos en la crisis del país caribeño. Para el vicepresidente el problema está en el ministro de Exteriores elegido por Bolsonaro. «¿Tendrá Ernesto -Araújo- condiciones para decir cuál es la política exterior brasileña?», se preguntó. Y siguió: «¿Ahora vamos a ser todos hinchas de Israel? ¿Fans de EE UU?». Por otra parte, el general retirado consideró que el calentamiento global «existe» y «no es una trama marxista» como cree Araújo.

También cuestionó al jefe de la Casa Civil, Onyx Lorenzoni, a quien recomendó actuar «con más cariño» con el opositor Partido de los Trabajadores después de que el funcionario echara a 320 agentes estatales con el argumento de que habían sido contratados en la gestión anterior. Lorenzoni le devolvió el favor esta semana al desmentirlo. Hamilton Mourao había dicho que se evaluaba intervenir el directorio de la minera Vale, responsable de la tragedia ocurrida en Brumadinho, pero el jefe de la Casa Civil negó que el Gobierno esté evaluando una medida de ese tipo.

Al mandatario se le complica el postoperatorio

Con un escueto comunicado, el Hospital Israelita Albert Einstein de Sao Paulo, en el que se encuentra internado el presidente de Brasil Jair Bolsonaro, informó ayer de que el paciente sigue estable, en ayunas, sin dolor y sin señales de infección tras un episodio de náuseas y vómitos atribuidos a una acumulación de líquido en el estómago.

El malestar se presentó cinco días después de una operación de siete horas a la que fue sometido el lunes 28 de enero para reconstruirle el tránsito intestinal y retirarle la bolsa de colostomía que llevaba tras el atentado que sufrió en setiembre durante la campaña electoral cuando un desconocido lo apuñaló en el abdomen.

La familia había comunicado que fue una «recaída» y los asesores de presidencia explicaron que se trató de una reacción normal tras la operación. No obstante, el episodio fue más serio de lo que reflejó la versión oficial y obligó a colocarle una sonda nasogástrica (de la nariz al estómago) para evacuar el líquido acumulado que le generaba náuseas.

Distintas versiones

El cirujano Antonio Macedo explicó al periódico 'Folha de Sao Paulo' que fue una respuesta del organismo a una operación «larga y con mucha manipulación». Sin embargo, el parte de ayer informó que se realizó una tomografía abdominal al mandatario y se descartaron complicaciones quirúrgicas.

Según habían anticipado, a esta altura el paciente debería estar recibiendo alimentos por vía oral y evacuando, pero por ahora sigue en ayuno. Los expertos afirman que Bolsonaro padece una parálisis del íleo que se produce cuando el intestino delgado deja de hacer el movimiento natural de contracción y acumula líquido. La dificultad causa náuseas y vómitos y obliga a realizar el tratamiento con sonda. «·Es una evolución desfavorable pero de baja mortalidad», explicó la doctora Elaine Moreira, de la Federación Brasileña de Gastroenterología al diario 'O'Globo'.

Si bien el parte médico y la familia insisten en que el presidente será dado de alta en el plazo previsto de 10 días posteriores a la operación, el episodio podría alterar esa perspectiva. Especialistas señalan que podría obligar a Bolsonaro a permanecer más tiempo internado hasta que tolere la alimentación por vía oral o podría tener que ser intervenido nuevamente si la causa de la parálisis del íleo fuera una fístula.

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